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El sorprendente crecimiento de un empresario argentino que emigró a España

Las historias de argentinos que emigran muestran distintos perfiles. Este es el caso de un empresario que enfrentaba numerosas dificultades para hacer crecer su negocio en la Argentina y decidió trasladar su fábrica a España. En poco tiempo, obtuvo resultados muy positivos.

Hace poco más de un año, Martín Proetto emigró a España con su mujer y sus dos hijos. No se fue por falta de trabajo ni por la inseguridad, como sucede con muchos argentinos. El motivo que lo llevó a irse fue sentir que el país le ponía un techo al crecimiento de su empresa dedicada a la producción de alimentos y golosinas para perros.

El problema que había encontrado era que las posibilidades de seguir creciendo dentro del país y en la región eran limitadas y que el verdadero negocio era entrar al mercado europeo.

“No nos iba mal, vendíamos bien, tanto en el mercado interno como en Latinoamérica, pero no podíamos expandirnos más desde la Argentina. Así que decidimos venirnos a vivir a España y montar la empresa acá”, había explicado en junio del año pasado a MDZ, al poco tiempo de llegar a Valencia.

Martín Proetto emigró a España para hacer crecer su negocio. Gentileza.

Durante una exposición industrial realizada en Italia, poco antes de desatarse la pandemia, descubrió el potencial que había para sus productos del otro lado del Océano Atlántico.

Comenzó a contactarse con clientes de distintos países y encontró una barrera que no imaginaba: nadie quería hacer negocios con una empresa argentina por todos los problemas que tiene el país.

“Me lo decían directamente. Nos gustan sus productos, con ustedes no tenemos problemas, pero no queremos comprar desde la Argentina. Así de simple” ,explicó en su momento.

La inestabilidad económica, los cambios de reglas de juego, las dificultades cambiarias y los problemas de todo tipo bloqueaban cualquier tipo de acuerdo.

Ese fue el detonante para tomar la decisión de partir. Si no podía vender sus productos desde la Argentina, lo más conveniente era mudar su empresa a Europa.

Después de numerosos trámites y averiguaciones, durante el encierro de la cuarentena, comenzó a vislumbrarse su nuevo proyecto.

En diciembre del 2020, apenas reabiertas las fronteras, viajó a España y puso en marcha su emprendimiento. Alquiló un galpón, trasladó maquinarias y contrató personal.

Martín alquiló un galpón y puso en marcha su emprendimiento. Gentileza.

En los primeros meses del 2021, la fábrica estaba en marcha.

Hoy, poco más de un año después, confirmó que su decisión de emigrar fue la acertada ya que en este tiempo fue todo crecimiento.

De los cinco empleados con los que empezó, ya tiene veinte. De esa “nave” inicial, de unos 400 metros cuadrados, en la que instaló las primeras máquinas, ya alquiló otra igual y ahora va por una más grande, de 1000 metros cuadrados.

La fábrica que sigue teniendo en la Argentina, manejada por un socio, produce 25 toneladas de productos por mes, después de muchos años de esfuerzo. En Valencia, la producción hoy ya es superior, de 35 toneladas, y espera llegar a 1000 toneladas mensuales en los próximos 10 años.

La empresa de Martín, instalada en Valencia, sigue creciendo. Gentileza.

Comenzó con el mercado español y ya exporta a 25 países más. La mayoría de la Unión Europea, pero también a otros como Marruecos o Israel.

Si bien el 2022 había sido un año bueno, por ser el primero de la nueva empresa, el 2023 se proyecta como mucho mejor: “Esperamos facturar entre tres o cuatro veces más que el año pasado” dijo a MDZ.

Martín reconoce que, si bien hay diferencias, no todo es tan fácil.

El lado humano, en los primeros tiempos, no fue un tema sencillo: “La adaptación no es mágica. Al principio no tenés vida social, gente con la que juntarse, esas cosas. Llegaba el fin de semana y no teníamos nada para hacer. De a poco, nos fuimos acomodando. Los chicos se adaptaron más rápido”.

Sirvió la gran colonia de argentinos que hay en España y, especialmente, en ciudades como Valencia: “Está lleno de argentinos”, remarcó.

En cuanto a la parte empresaria, aseguró, tampoco es una realidad tan distinta: “Si se compara con la Argentina, hay cosas similares, cosas peores y cosas mejores”.

Entre lo parecido, señaló la alta presión impositiva: “Es como en la Argentina, la diferencia es que acá pagan todos o casi todos”. También puso en ese lado de la balanza la rigidez de las leyes laborales: “Igual o más que la Argentina”.

Otro punto en el que encontró coincidencias entre los dos países es el sistema comercial: “No hay muchas diferencias”.

Entre los peores factores, remarcó la incobrabilidad: “Me sorprendió el problema para cobrar, es peor que en Argentina. Hay mucha gente que cumple, pero otros no".

Pero, en la balanza, hay una serie de puntos que dejan atrás a la Argentina.

“El tener poca inflación es un cambio muy grande. Últimamente aumentó, pero ya está volviendo a bajar. Esto permite que uno pueda estar pensando en cómo crecer, cómo mejorar y no en estar corriendo de un lado al otro por los precios y la inestabilidad económica. Te podés dedicar a lo tuyo. Todos los clientes quieren comprar más. Hay un alto nivel de consumo".

También la calidad de vida es un punto a favor: “La gente vive mejor. Ni hablar del tema de seguridad. Pero en lo económico se nota la diferencia. Mis empleados vienen en auto, no en colectivo con una hora de viaje, la plata les alcanza. Es muy distinto".

Un tema que - según este empresario - marca una gran diferencia, es la cultura del trabajo.

“En España nadie duda de que hay que trabajar. Nadie se queja, Saben que la plata no se hace de un día para el otro. Hay que esforzarse. Y hay muy buenos trabajadores, bien capacitados”, explicó Martín.

Tras esta experiencia de más de un año en otro país, cuando se le pregunta cuál es el problema de la Argentina, no duda en responder: “Los argentinos y la falta de sentido común".