El ataque a Berni: el kirchnerismo, otra vez víctima de sus propias debilidades
Las imágenes del ministro Sergio Berni siendo rescatado por efectivos de la Policía de la Ciudad, con su cara ensangrentada y un casco de ciclista, exhiben, una vez más, la debilidad del kirchnerismo frente a temas centrales y excluyentes como lo son la inseguridad y la inflación. Y colisionan, a su vez, con otras intervenciones del funcionario bonaerense en las que, con mayor o menor éxito, apeló a su estilo confrontativo.
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En junio del año pasado, el país atravesaba una profunda crisis de desabastecimiento de gasoil y el malestar de los transportistas se multiplicaba con decenas de cortes y protestas en diferentes puntos de la geografía. En la zona de Dock Sud, camiones emprendieron una caravana por la autopista Buenos Aires-La Plata, en plena hora pico, que provocó un caos de magnitud en ese acceso a la Ciudad, a la altura del peaje de Dock Sud.
Hasta allí llegó entonces Berni, junto a 500 efectivos de la Infantería, para enfrentar a los camioneros: "Les doy cinco minutos para que corran los camiones", bramó el funcionario en reiteradas oportunidades, como se puede ver en estas imágenes del canal C5N, mientras del otro lado y casi en un ruego, los transportistas le pedían que interceda ante Nación para garantizar el abastecimiento de ese combustible.
Fiel a su estilo, el funcionario de Axel Kicillof ensayó una confusa diatriba en la que mezcló una defensa de la gestión del gobernador en términos de aporte de la producción bonaerense al PBI y amenazó con el uso de la fuerza para liberar la autopista.
Este lunes Berni volvió a ponerse ese traje de superhéroe para intentar contener a la turba de choferes indignados por el crimen del colega Daniel Barrientos, durante la madrugada en la localidad de Virrey del Pino, partido de La Matanza. Pero como en la ficción le sucede a Superman con la kriptonita, Berni se topó con una debilidad que parecía desconocer. Casi también como quien se mete a una pileta sin medir bien la temperatura del agua.
Quiso hacer lo que, en rigor, casi nadie se anima a hacer, que es entablar un diálogo con una comunidad harta y desgastada por los incesantes hechos de inseguridad que cada vez más castigan no solo a los colectiveros, como en este caso, sino a toda la sociedad. El conurbano, como Rosario, se han vuelto invivibles y la metodología de Berni no parece haber dado los resultados esperados, al menos para quienes sufren a diario el drama de la inseguridad.
Según informó oficialmente el Ministerio de Justicia y Seguridad de la Ciudad -ahora a cargo de Eugenio Burzaco-, "la Policía de la Ciudad rescató al ministro Sergio Berni, que era agredido por un grupo de manifestantes que protestaban por el asesinato de un colectivero en Virrey del Pino".
Ensangrentado y con un casco de bicicleta de los que portan los efectivos porteños que salieron en su ayuda, Sergio Berni debería volver a mirar esa imagen una y otra vez para entender que ya no hay tiempo para los guapos y que la sociedad reclama un Estado con soluciones concretas a un drama que amenaza con frustrar cualquier plan electoral. Incluso hasta el de los más valientes.
La televisación de este ataque puede ser fatal para los funcionarios del Gobierno. Y para los políticos en general, también.

