Vaticinan que la cosecha 2023 podría ser la más dura de los últimos 50 años
A lo largo de todo 2022, los pequeños y medianos propietarios de fincas que se dedican a la producción de uva en el país -con Mendoza a la cabeza- habían lanzado la advertencia: los cultivos, castigados a lo largo de miles de hectáreas por las heladas tardías, el granizo, la sequía y la escasez de recursos adaptados para aprovechar el agua de riego, serían los factores que atentarían contra la posibilidad de cosechar los volúmenes de frutos esperables una vez que llegue la etapa de maduración de racimos en el corto plazo.
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Hoy, cuando las fincas mendocinas se aprestan a la tarea de iniciar la temporada de Vendimia, todo indica que esos escenarios avizorados desde hace meses, se podrían cumplir. De hecho, quienes se dedican a este delicado sector de la industria, ya adelantan un panorama poco esperanzador: vaticinan que las pérdidas como consecuencia de las inclemencias del tiempo son tanto o más graves a las ocurridas en 2016. O lo que es peor aún, se atreven a mencionar que esta será "la peor cosecha de los últimos cincuenta años".
Fabián Ruggeri es el actual titular de la Asociación de Cooperativas Vitivinícolas Argentinas (Acovi). Destacó que en el camino que une a los últimos días de enero y los últimos de febrero, cuando el campo llegue al 100% de su actividad para cosechar la uva madura todavía resta esperar cómo seguirá el tiempo en las zonas cultivadas. "Estamos expectantes, hay anuncios de tormentas y granizo. Todo puede cambiar de un día al otro pero lo que sí podemos saber es que el daño que se ha producido en Mendoza es el más significativo en todo el país", destacó Ruggeri.
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En febrero de 2022, hace casi un año, los productores pequeños y medianos de la provincia habían sentenciado que esa cosecha había sido la peor de los últimos cinco años. Lo cierto es que en los meses posteriores, la realidad no fue del todo alentadora. Hostigados por estrepitosas tormentas de granizo con piedras de tamaño casi nunca visto, sequía, heladas en septiembre -cuando los tallos estaban en su pleno crecimiento- y falta de posibilidades reales para aprovechar el agua de riego -que en la gran mayoría de los casos aún se realiza por manto- fueron tan solo una parte de las complejas problemáticas que le tocó vivir al campo mendocinos. Las familias que a lo largo de generaciones se dedicaron al mantenimiento de su terreno para producir uva se llevaron la peor parte: la posibilidad para cuidar de esas tierras y sostenerlas para que sean productivas, se comenzó a transformar en una tarea casi a "pulmón", mientras que la rentabilidad para aquellos productores más pequeños, se volvió prácticamente ínfima, según sus propios testimonios.
Acceder a créditos, con posibilidades reales de financiamiento para actualizar sus sistemas de aprovechamiento hídrico y aplicar métodos efectivos de prevención y mitigación frente a las heladas, se sumaron al "combo" que a lo largo de 2022 debió sortear el sector por el cual Mendoza es conocida -y reconocida- a nivel mundial. Un capítulo aparte se lleva la inseguridad: en muchos casos, los robos en las fincas se transformaron en una problemática recurrente y con escaso control. ¿"Sabe lo que se logra con todas estas situaciones? que los terrenos se vayan vendiendo porque dejan de ser productivos", aseguró el propietario de una finca el Este. El resultado de fondo de esa situación, deriva en el creciente retroceso de la matriz productiva; una realidad que parece no tener freno.
La peor cosecha en 50 años
Ruggeri, que es titular de la entidad que representa a unos 5 mil productores vitivinícolas de los 16 mil que hay en Mendoza, destaca que en 2016 en todo el país se cosecharon 16 millones 800 mil quintales de uva en todo el país. "Fue una cosecha muy pobre como consecuencia de las inclemencias climáticas. Es posible que nos acerquemos a esa situación o lo que es peor, tal vez sea la cosecha más crítica de los últimos cincuenta años. Sabemos que el rendimiento será muy bajo", destacó el titular de Acovi.
La última helada ocurrida entre el 31 de octubre y el 1 de noviembre terminó por confirmar los pronósticos. En las fincas del Sur mendocino se detectó un 65% de pérdidas con un daño directo y casi irremediable al menos para esta temporada, en tanto que en el Valle de Uco el porcentaje de daño fue de 50%, en el Este del 30% y en los departamentos del Norte del 20%. Así, si la cosecha de 2022 fue crítica en el marco de la emergencia y desastre agropecuario declarado por el Gobierno Nacional, la de 2023 parece ser más compleja aún. "Las pérdidas estimadas son de un 30% en promedio respecto de la cosecha del año pasado y con suerte llegaremos a los volúmenes de 2016", indicó Ruggeri.
De cara a una nueva Vendimia, el sector vitivinícola además promete seguir solicitando al Gobierno Nacional la posibilidad de acceder a créditos más accesibles para poder tener más financiamiento. "Necesitamos que las posibilidades sean para todos. Hoy, un pequeño o mediano productor no está situación para pagar una tasa del 45% de interés. Se necesita de posibilidades reales y acordes a la realidad que se está atravesando", sentenció el representante de la asociación de cooperativas vitivinícolas.
Escasa rentabilidad y abandono: la tragedia ya anunciada
Diego Stortini, es propietario de una pequeña bodega y algunos viñedos del Valle de Uco. Representa a los productores agremiados en la Cámara de Comercio, Industria, Agricultura y Turismo de Tunuyán. "El año agrícola, ha sido uno de los más complejos desde 1992. Aun tengo, como hijo y nieto de productores vitivinicolas, el reflejo de la helada de 1992 en mi memoria. La cosecha 2023, veinte años después, tendrá particularidades similares a las de ese año", dijo al evaluar las pérdidas de esta temporada y agregó que esta realidad se agravó debido a que luego de la helada tardía hubo tormentas de granizo, que provocaron un desempeño muy irregular en el crecimiento de las plantas.

"En mis fincas en particular, no vamos a llegar a cosechar el 40% de lo que se cosecha normalmente. En promedio, en el Valle de Uco tal vez lleguemos al 60% de los promedios históricos con mucha suerte" añadió Stortini y aclaró que se nota una "diferencia sustantiva entre los productores que no lograron tecnificar y sumar inversiones y aquellos que sí lograron hacerlo. "Hoy se ven muchas fincas abandonadas. La tormenta perfecta, sera la formación de precios de la materia prima, que no se establecen sobre los parámetros de la escasez, la oferta y la demanda", aseguró el productor.
Stortini apuntó a la realidad financiera del sector. "Lamentablemente, hay un oligopolio que tiene el poder de mercado para marcar los precios de referencia. A eso hay que sumar la inflación anual. Estimamos que con lo que se coseche este año el producto no va a lograr cubrir los costos de los primeros dos meses de operación. Por eso estimamos que además, este año se verán muchas fincas abandonadas seguramente, dependiendo el impacto que haya tenido el productor", dijo.

