Malvinas, un siglo de vida
Nació en 1923 en la Capital Federal, hija de padre riojano (farmacéutico) y madre porteña (maestra). Los primeros años vivió en Tres Arroyos donde recuerda a su mamá haciendo hoyitos en la arena (buscando almejas). A sus dos años nació su hermano, y la familia regresó a la casa de sus abuelos maternos en la calle Quintino Bocayuva.
Tan solo algunos años después se trasladaron nuevamente ahora a un recóndito pueblo de Entre Ríos donde su padre consiguió un nuevo trabajo. Los vaivenes de la vida llevarían a Delicia y su familia nuevamente a Buenos Aires, San Juan, Córdoba, y finalmente en el año 1938 a Mendoza. Un 25 de septiembre de 1942 subió a un tranvía en la esquina de San Martín y Buenos Aires y conoció a quien sería el amor de su vida y padre de sus hijos: Pedro.
Amor al cual su padre se negó rotundamente y la envió a Buenos Aires. Tres años después, al cumplir su mayoría de edad buscó a su padre y le dijo “Papá, me caso el 3 de mayo”. Y este, sin decir una palabra, se fue. Pasados sus 90 años Delicia recuerda
ese momento llena de lágrimas. Pedro era marplatense, el segundo de cinco hermanos y se crió escuchando historias de bravos hombres de mar de fines del siglo XIX.
-
Te puede interesar
Fuerte amenaza en una escuela de La Plata: "Entre las dos matamos a alguien"
Todas estas anécdotas impresionaban mucho a los hijos de ambos, en especial a Pedro, quien luego sería el primer caído en la Guerra de Malvinas el 2 de abril de 1982. Muchos años después me tocó hablar con ella, minutos antes de conmemorarse un nuevo 2 de abril. Por pudor o vergüenza quise evitar la llamada, tal vez por no incomodarla o por no quitarle parte de su valioso tiempo. Pero un oficial veterano, conocedor de las ganas de Delicia de publicar la historia de su vida, y quien tiempo después me confesó que había jurado ante la tumba de su hijo cuidar de ella, me puso al teléfono.
Faltaban minutos para conmemorar la recuperación de Malvinas. Se encendían antorchas conmemorando a los caídos … y solo recuerdo que me dijo: “Este llamado es un regalo de mi hijo Pedro desde el cielo, que recibiendo un nuevo 2 de abril podamos hablar para hacer realidad mi libro”.
En 2020, en plena pandemia, pudo ver nacer ese nuevo hijo suyo, su libro, “Memoriando y Viviendo”. Al momento de tenerlo en sus manos, hacía referencia chistosa a lo que era parir a los 90 años. Tener ese libro en sus manos la llenaba nuevamente de energía, y también de emoción. Tener ese libro en sus manos le serviría para contar la historia desde su cristal. Desde su corazón. Desde el lugar de esa madre que durante 40 años nunca olvidó a su hijo.
A partir de allí conocí una mujer de fuertes convicciones, segura, divertida, compañera, amiga y madre… Nicolás Kasanzew, luego de la guerra recibió un pedido de ella: “Preguntale a tu mamá si me permite considerarte mi hijo”. Así era su amor. Así es el amor de las muchas madres que ofrendaron lo más preciado de su vida, sus propios hijos, en lo que fue la Guerra del Atlántico Sur en 1982. Ellas en su resiliencia, iluminan con su entereza y amor los caminos de quiénes las conozcan.
Ella fue María Delicia Rearte de Giachino. Para nosotros, simplemente Delicia.
* Juan Francisco de Sousa es director de Ediciones Argentinidad