40 años de Malvinas: qué siente un soldado de 24 años que le toca ir a la guerra
Lucio Candia es ex combatiente de Malvinas. Fue a las islas como teniente, egresado del Colegio Militar. Estuvo en MDZ Radio conmemorando los 40 años del inicio de la guerra entre Argentina y el Reino Unido. Con una entereza sin igual emocionó a periodistas y oyentes con sus recuerdos.
En esta nota, compartimos las partes más sentidas de la entrevista en Uno Nunca Sabe.
40 años de Malvinas...
Sí. A nosotros nos impacta que desde hace un tiempo a esta parte ha cambiado la visión de "desmalvinización" que existía. Recién ahora estamos siendo contenidos por los municipios, la gobernación y especialmente por la ciudadanía. La gente se emociona, se pone contenta, se saca fotos con nosotros, nos piden autógrafos. En los primeros 30 años eso no sucedía, hoy sí.
El acto que se celebra hoy a las 10.30 es el primero en 30 años que celebra la provincia de Mendoza. El único acto que hizo la gobernación fue para entregar las medallas a los veteranos de Malvinas, que las daba el Congreso de la Nación.
¿Qué sentiste cuando te enteraste que ibas a la guerra?
Yo tenía 24 años. Era teniente en ese momento, había hecho el Colegio Militar, pero no tenía experiencia de guerra. Sentí alegría por recuperar un territorio que era nuestro. En aquel entonces los docentes siempre hablaban de Malvinas, cosas que hoy lamentablemente no suceden. Entonces cuando nos íbamos sentíamos alegría, aunque también nos íbamos preocupados por la familia que dejábamos.
¿Se piensa en la muerte a los 24 años?
No. Sí te cuidás, todos tratamos de sobrevivir y sobre todo te nace un gran compañerismo que nosotros le llamamos hermandad, porque el que está a tu lado, el que te cuida mientras dormís, pasa a ser tu hermano. Porque si lo haces mal te podés morir, porque el enemigo te pasa por encima. Por eso nos sentimos hermanos de la guerra.
¿Dónde te tocó combatir?
Yo estuve en Puerto Howard, que está la isla Gran Malvina. En esa isla hubo cañoneo naval desde el estrecho y bombardeos de las Fuerzas Aéreas Británicas con unas bombas que están prohibidas, porque desprenden clavos que se disparan para todos lados. Sin embargo las usaban igual, como hundieron con torpedos al crucero General Belgrano fuera de la zona de exclusión.
Tuvimos pocos encuentros de combate cercano con ingleses, no tuvimos combate de cuerpo a cuerpo o aproximación.
¿Con cuántos soldados convivías?
Yo tenía 50 personas a cargo y había mil personas en Puerto Howard.
La principal dificultad es que los ingleses aislaron a las Islas Malvinas y lograron la total superioridad aérea, entonces no llegaron más arsenales ni municiones. Por ejemplo, había llegado una parte del mortero pero no estaba la placa base y ni hablar de la comida.
Era difícil, supimos por radio cuando se tomó Darwin, pero en otros medios parecía que estábamos ganando, que la guerra venía bien y nosotros desde allá sabíamos que no era así.
¿Cómo fue la rendición?
Yo la justifico plenamente, porque hubiera sido una matanza. Ya no había municiones, en el hospital habían hecho mil amputaciones por frío, muchos sufrieron gangrena en los pies.
Los ingleses tenían relevos en helicópteros cada 48 horas. Comida caliente, ropa nueva, iban al barco y a las 48 hs volvían. Nosotros combatíamos por pasión, ellos porque les pagaban más y si era un sábado o domingo les pagaban doble.
Lo nuestro no era otra cosa que amor a la patria y al compañero que tenías al lado. En la guerra la solidaridad, el compañerismo y el ayudar al otro se da en forma espontánea natural.
El ejército argentino y la Fuerza Aérea le asestó golpes a los ingleses. ¿Ustedes tenían conocimiento de eso que iba pasando?
Sí, nos enterábamos. Dos días después, pero lo sabíamos. Por ejemplo, la Fuerza Aérea tenía poco tiempo para estar en el aire porque el combustible les daba para ir a tirar las bombas y volverse.
Los aviones argentinos volando casi al nivel del mar para que los radares ingleses no lo detecten es impresionante. Es algo inédito en la aviación mundial. Estaban desesperados los ingleses porque no sabían por dónde venían los aviones y les provocaron muchísimo daño. Pero no pudieron dar a las fuerzas terrestres la cobertura que corresponde, estábamos abandonados en el terreno. Pasábamos frío, hambre.
¿Eso fue descuido o falta de logística?
No. Estábamos en una isla, el enemigo nos rodeó y no dejaban entrar ningún barco con abastecimientos. Desde los aéreo llegaba algún hércules con abastecimiento mínimo a puerto argentino. La distribución de la comida era muy difícil, comíamos 1 sola vez por día durante 2 meses, bajamos 10 o 15 kilos. La forma de ganar una guerra es desmoralizar al enemigo. Pero no te quedaba otra, no te podías ir a ningún lado, aunque querías irte con tu mamá no era posible.
Tenías 24 años, te deben haber dado ganas de irte con tu mamá...
A todo el mundo. Y los que morían lo hacían llamando a Dios y a su mamá, eso es lo más común.
¿Cómo fue la rendición, cuando los tomaron prisioneros?
Fue el momento más triste de la guerra. Son situaciones encontradas: por un lado sentís la vergüenza de rendirte, de perder y por otro el alivio de que no estás mutilado ni muerto y que vas a volver, si Dios quiere, pese a que los ingleses nos amenazaban con que nos iban a mandar a Australia, a una isla.
¿Cómo fue el momento en que los viste venir, que sabías que te iban a tomar prisionero?
Ellos son muy ordenados, muy prolijos. Enterraron y rindieron honores a los muertos. Siempre tuvieron un trato cordial, terminó la guerra y terminó y si encontraban a un argentino que mató a alguien recién pero quedaba herido, le sacaban el fusil, le decían que la guerra terminó y le llamaban a un médico. Tenían una buena actitud, lo cual es diferente a la diplomacia inglesa que usurpa territorios tras territorios. Y usurpan aún las Malvinas porque quieren llegar a la Antártida y quedársela.

