Miriam, la maestra de las mil historias que participó de tres censos
Alcanza mantener una charla con ella para comprender su trayectoria como educadora incansable. Después de haber cumplido más de tres décadas como maestra, directora y más tarde supervisora, Miram Muscianisi (58) mira con cariño al pasado. Mil historias de encuentros impregnados de amor y confianza se le vienen a la memoria; los desafíos, esos que supo resolver siempre de la mano de sus colegas y docentes a cargo, también forman parte de ese camino que tan solo pudo transitar con aprendizaje, voluntad, constancia y mucho esfuerzo. Miriam, es de esas personas que no busca construir realidades desde afuera. Eligió siempre, la presencia en el territorio; algo que ella misma considera una fortaleza al momento de derribar estigmas y estereotipos. Participó de tres censos -en el de 1990, el del 2001 y el de 2010- y asegura, jamás sintió temor de ingresar a un hogar.
Por el contrario, cuenta la docente y supervisora, que "es fundamental que las personas que van a hacer el censo vayan sin miedo; mostrando siempre a las familias sus respectivas credenciales y siendo muy amables con quienes abren la puerta de su hogar". Miriam comparte la frase desde el lugar que avala su experiencia. Detalla que lograr censar a las personas no solo es una posibilidad de conocer otras realidades, sino que guarda en sí misma la gran responsabilidad de registrar datos clave de la población que más tarde serán las herramientas fundamentales para por ejemplo, trazar políticas a corto, mediano y largo plazo.
La gran responsabilidad de los censistas
"Es muy importante tener en cuenta que según como cada persona haga su trabajo, serán los resultados posteriores. Porque todo lo que quede registrado será material que quedará inclusive, para la historia del país", dice Miriam, consciente de que la única forma de construir una nación es justamente, logrando que cada quien haga su parte de la manera más honesta y coherente posible para lograr el bien común.
En diciembre pasado, Miriam se jubiló. Había comenzado su carrera como maestra suplente a los 23 años. A los 26 logró la titularidad como docente de grado mientras estudiaba su carrera universitaria como diseñadora industrial. La escuela India Magdalena, ubicada en Las Heras, fue el primer escenario donde enseñó contenidos y también valores. Luego vinieron muchos más. Contuvo a los niños y niñas, resolvió emergencias, los ayudó y los formó. "Lo que nunca se olvida es el gran cariño; las historias son muchas, al igual que los momentos inolvidables vividos con ellos", dice la mujer que dos años más tarde tomó la tarea de participar del Censo Nacional.
"Por esos años, en 1990, todavía éramos solo los docentes los que nos encargábamos de censar a la población", diferencia la maestra para lanzar su opinión. Explica que en realidad, no es casual que los educadores hayan sido durante décadas quienes tuvieron a cargo el rol de censar a la población. "El maestro o la maestra o los profesores, conocen muy bien a su población; son respetados y saben muy bien cómo se deben abordar cada una de las situaciones que surgen al momento de censar a las personas", detalla Miriam al referirse a los cambios estipulados en relación a la organización general del último censo y el actual.
Un punto en común une cada tramo del trayecto que Miriam transitó desde la educación en Mendoza: el compromiso social que la llevó a ser de las personas "de respeto" entre las barriadas. Tampoco sintió temor cuando le tocó andar por extensos caminos por el secano lavallino para formar a docentes o visitar a alumnos de las zonas más lejanas. Ella sin dudas, ha sido testigo de cómo es posible educar en los contextos de pobreza; siempre aferrada al compromiso por dejar una impronta positiva. Por cultivar enseñanzas desde el amor y el ejemplo.
Recuerda Miriam que durante el censo 2010, cuando le tocó ser jefa de radio en la zona de El Borbollón, numerosas realidades quedaron visibilizadas en las estadísticas, ni más ni menos, que por el propio compromiso de los docentes que tuvo a cargo. Cuenta, por ejemplo, que en la jornada en que se realizó ese censo (el último en el país), una de las maestras tardaba en regresar de su recorrido. "Estaba muy preocupada porque demoraba más de la cuenta. Y cuando volvió nos contó que había ingresado a una vivienda donde en realidad había un fondo que tenía muchas otras casas donde vivían numerosas familias", ejemplifica la educadora para dar cuenta de que sólo gracias al compromiso de esa maestra censista esa realidad de hacinamiento y precariedad quedó registrada. De lo contrario, esa realidad, al igual que miles, hubiese quedado invisibilizada.