Escuela secundaria: el talón de Aquiles del sistema educativo
Últimamente, sin dudas a partir de la notoriedad que alcanzaron acampes y piquetes, se reactivó el debate que contrasta los planes sociales con el mundo del trabajo. ¿Hay puntos de contacto entre esas dos dimensiones? ¿Podemos realmente plantear la inserción de una enorme cantidad de personas que parecen estar lejos de la posibilidad de obtener un empleo? ¿El sistema educativo formal contiene esta necesidad?
Muchas preguntas por delante. Para empezar a desatarlas hablamos con Pedro Schiuma, quien se desempeñó como director de Educación de Adultos en la provincia de Buenos Aires entre 2016 y 2019 y actualmente es asesor en el Ministerio de Educación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en el área de Adultos y también director de estudios en un instituto superior técnico.
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-¿El sistema educativo contiene esta necesidad de llegar a un trabajo?
-Hubo un gran cambio que debe considerarse. Durante la gestión anterior, como contraprestación obligatoria a los planes sociales se exigía la terminalidad de primaria y secundaria. Eso se desactivó en este Gobierno. A esas personas hoy a veces se les ofrece algún curso, pero estoy seguro de que la empleabilidad se mejora mucho con la primaria y la secundaria completa. Hay cuestiones básicas: lengua, matemática, comprensión lectora, cálculo... Eso es esencial para cualquier emprendimiento o trabajo. Por más que enseñes un oficio, si la persona no sabe qué hace y por qué ante un primer inconveniente, un primer cambio, se paraliza. Eso la expulsa de cualquier mercado. Por eso, lo importante para alcanzar la empleabilidad es que el sistema educativo asegure en jóvenes y adultos una buena formación general. Hay que esperar a ver los resultados de este nuevo censo, pero ya se habla de una proyección: alrededor de 10 millones de personas no terminaron la secundaria. A nivel nacional eso representa alrededor de un 25% de la población. En la provincia de Buenos Aires es todavía peor: el 31% de la gente no completó el nivel medio, casi 1 de cada 3 personas de entre 18 y 65 años.
-El panorama, así planteado, parece desalentador. ¿Qué se puede hacer para empezar a desandar el camino?
-En la gestión verificamos algo: el 90% de las personas que regresan a la escuela para terminar sus estudios secundarios incompletos sabe para qué los necesita, los tiene incorporados en su proyecto de vida. Lo hace porque con ellos puede acceder a un trabajo o una tecnicatura. De la matrícula de Adultos, más del 70% está entre los 18 y los 30 años.
Por más que enseñes un oficio, si la persona no sabe qué hace y por qué ante un primer inconveniente, un primer cambio, se paraliza
-Teniendo en cuenta las urgencias ¿no resulta demasiado extensa esa construcción?
-A veces algunas de las supuestas “salidas” para la problemática, como la oferta de cursos vinculados a un oficio, lejos de ser progresistas son peligrosas. Detrás hay una idea: “A los pobres enseñémosles un oficio y nada más”. En realidad, la gente necesita una base sólida que permita, después, elegir un oficio y desempeñarse bien. Sin el secundario, ninguna profesión será aquello que podría ser.
-¿Existe la posibilidad de llevar en paralelo las dos búsquedas, la de la salida laboral y la formación general?
-Por eso impulsamos la modalidad que permitía, a la vez, terminar la secundaria e ir recibiendo la formación en oficios. En tres años, se articula la formación general con la profesional. A medida que el estudiante va certificando la capacitación profesional, va desarrollando las habilidades, las capacidades y los valores que da la escuela tradicional. No nos olvidemos que además de brindar conocimientos la escuela forma ciudadanía y eso en la Argentina es central. Como también lo es que una persona pueda expresarse bien, sepa leer bien, sepa escribir bien, sepa los cálculos básicos. A eso te lo da la escuela, no el oficio. Siempre uso un ejemplo: no es lo mismo enseñarle a un aspirante a electricista cómo tiene que poner los cables rojo, blanco y azul que explicarle qué está pasando en ese dispositivo. Si no, cuando cambien de color los cables la cosa se va a complicar. A veces hay atajos que son pan para hoy y hambre para mañana.
-¿Y qué hay para ese mañana?
-Otro ejemplo, esta vez favorable: ahora estamos (en CABA) integrando en el diseño curricular de la Secundaria de Adultos la Formación Profesional. Un estudiante que abandonó la secundaria puede entrar en segundo año de Adultos. Si completa ese año y hace otro ya tiene la formación general. Además, puede hacer un trayecto en oficios en paralelo, por ejemplo como programador. Eso ya le da una salida laboral inmediata, porque hay mucha demanda, y ya tiene la secundaria. Si quiere seguir estudiando a nivel superior, la tecnicatura se le reduce a solo dos años de cursada porque ya cuenta con la certificación de formación profesional aprobada. Entonces, una persona en solo 4 años puede pasar de ser alguien con el secundario incompleto a un técnico superior.
-El panorama, el proyecto de vida de esa persona cambió completamente pero ¿hay un público para eso?
-Sí, pero tenemos que encarar cosas diferentes a las que venimos haciendo. Tenemos un problema serio, serio, con los pibes de entre 15 y 24 años: sólo el 23% termina la secundaria en tiempo y forma. Si le sumáramos los que llegan con repitencia y sobreedad llegaríamos al 41%. En la universidad solo se gradúa el 12% de los que la empiezan.
-¿Todo esto qué expresa?
-Que el “sistema” está poniendo un montón de recursos en algo que no está dando resultados cuantitativos. Es evidente que debe hacerse algo diferente. En ese rango de edades que señalamos, donde se juega el destino de cualquier proyecto de vida, tenemos un problema serio.
-Y entonces…
-A estas alternativas de las que hablábamos -pusimos como ejemplo Programación pero hay otras áreas- debemos presentarlas de tal manera que logre que los chicos le encuentren sentido al secundario. Les estás dando la posibilidad de conseguir laburo y se le acorta un año una carrera superior. De esta forma estás ofreciendo un paquete que cualquier pibe compra.
-Proponés un cambio grande.
-Sí. Y para hacerlo hay que tener crédito político y este Gobierno no lo tiene. Pero se puede hacer. A veces las gestiones tratan de no chocar. Pero la situación en la que estamos tal vez amerite la generación de la zozobra y dispare el trabajo para articular las soluciones, vale la pena. Hay sectores, muy amplios, que hoy no tienen nada. ¿Por qué no empezar con ellos? Al secundario con oficios que hicimos en la provincia de Buenos Aires lo implementamos con 20.000 estudiantes y al tercer año teníamos 500 recibidos, que hicieron a la par la formación general con los CENS (Centros Educativos de Nivel Secundario, la terminalidad para adultos “tradicional”) o FINES (el plan semipresencial para rendir materias adeudadas o terminar el trayecto primario o medio) y la formación profesional en un oficio. Hubo experiencias excelentes de articulación. Eso se puede multiplicar, con más recursos, con un programa más integrado. Veamos otro ejemplo con la Escuela Técnica. Empiezan normalmente 10 cursos y terminan, con suerte, 4. ¿Y toda esa matrícula que se pierde? Por qué no ofrecer a esos chicos que, después de completar el ciclo básico, en lugar de ser técnicos que tal vez ya no los entusiasma, sigan un bachillerato con orientación en programación, en electricidad. Que terminen el secundario y que adquieran un oficio. La terminalidad secundaria tiene que estar.
-Hablabas del Plan FINES ¿cómo está?
-Distingo tres momentos. Cuando llegamos a la gestión era un desastre, pero lo encaminamos.
-¿Cómo lo hicieron?
-Hicimos varias cosas: los docentes empezaron a acceder a los cargos por actos públicos; aumentamos la cantidad de horas -tenía 13 y semanales y pasamos a 18 más 8 horas de tutorías -con los docentes del CENS asociado al frente-; trabajamos para que tuvieran 16 semanas de clase por cuatrimestre. Trabajamos para que los cursos se dictaran en instituciones educativas y no en cualquier lado. Apuntamos las horas adicionales fundamentalmente a lengua, matemática y literatura, materias básicas que debíamos reforzar.
-¿Y ahora?
-Todo eso se perdió. Casi no se hacen actos públicos, hay gente dando clases que no es idónea. No cumplen con las 16 semanas, empiezan ahora en abril y terminan en julio, convirtiéndolo en un trimestre o menos. Se ha vuelto a perder mucho de lo que habíamos logrado. En FINES también hay que aprender y hay que hacerlo con seriedad. La gente se empieza a dar cuenta y vuelve a elegir los CENS porque la formación es superior.
-Desde el principio de la entrevista estamos hablando de educación y trabajo. ¿Cuál es el rol de las escuelas técnicas en esas dimensiones?
-No solo tenemos que pensar en la empleabilidad desde la educación técnica. En PBA hay 260 escuelas técnicas, y más de 2000 secundarias comunes. El problema de empleabilidad mayoritario, entonces, no está en la técnica, lo tenemos en las demás. Ahí es donde tenemos que sumar las alternativas de las que hablábamos, programación, electricidad, cuestiones vinculadas a las artes y a los servicios.
-El eje del problema, por lo que contás, siempre vuelve a ser el de la secundaria.
-El problema está en la secundaria común, donde los pibes no le encuentran sentido al ciclo superior. A veces hay alguna orientación, pero se elige más la escuela por proximidad que por otra cosa. Tenemos que plantearnos que el chico que complete la secundaria tenga la capacidad que otorga una formación general más otras específicas que le posibiliten saltar al mundo del trabajo. Después habrá que discutir qué parte forma la escuela y cuál le corresponde al empresariado que toma estos recursos humanos. Tenemos que dar un sentido y una vinculación fuerte a esta escuela.
-¿Qué le reclaman los empresarios a la educación?
-En general, las dificultades que plantean los empresarios no tienen que ver con la formación específica, sino con la general. Les cuesta encontrar gente que sepa expresarse, que pueda escribir una nota, que pueda hacer un cálculo básico, que pueda hacer un ordenamiento alfabético, que tenga nociones de informática, de inglés. Así es el tipo de personal idóneo que necesita una pyme.
-¿Están dispuestos a participar en el proceso? ¿Hay contactos entre la escuela y el mundo de la empresa?
-Sí, a través del COPRET (Consejo Provincial de Educación y Trabajo). Pero el empresario se cansa del diagnóstico y deja de participar si no hay propuestas concretas. Lo que tiene que hacer la escuela es mejorar la formación de sus estudiantes. Antes, las empresas sabían que los egresados de algunos establecimientos tenían un halo de prestigio, era una garantía de cierta solidez. Hoy eso se ha perdido. Puede haber necesidades de algún conocimiento puntual, pero para eso siempre hay caminos de solución y se puede ver cómo resolverlo, el tema fundamental es la formación general.