Cuando el tamaño importa: el censo y la manipulación de datos en La Matanza

Cuando el tamaño importa: el censo y la manipulación de datos en La Matanza

Desde la oposición se cuestionan los datos del último censo en La Matanza. Y se teme que este año vuelvan a falsearse las cifras. ¿Cómo podría pasar y qué sentido tendría?

Alejandro Perandones

Muchos recordamos, de las excursiones escolares o de alguna agrupación, el momento en el cual el responsable del grupo indicaba numerarse. A partir de la orden comenzaba un conteo a los gritos para asegurar que ninguno quedara rezagado en el camino. En La Matanza se tomaron esto tan a pecho que, por las dudas, en el Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2010 decidieron sumar algunos más. Unos cuantos. Y como les gustó tanto la idea están pensando en repetir en la edición 2022. Veamos cómo. 

El equipo del diputado nacional Martín Tetaz estimó que el exceso deliberadamente provocado en el número de personas que habitan el ¿gigante? del conurbano pudo alcanzar el 27% del total que reflejaron las planillas, unas 479 mil personas. Eso generó la recepción injustificada de montos coparticipables por 2700 millones de pesos anuales. Casi 30 mil millones desde la maniobra hasta hoy. Una masa de dinero que, por otra parte, evidentemente no se trasladó a la mejora de las condiciones de vida de los vecinos. La Matanza en todas sus localidades exhibe fuertes carencias en todos los rubros exigibles a una gestión municipal. Fernando Espinoza, intendente desde el año 2005 -incluimos los 4 años donde sólo delegó en Verónica Magario la fachada del poder-, frecuentemente usa el presupuesto per cápita para intentar justificarlas. 

El pretexto se derrumba ante la subejecución recurrente. Si fuera realmente tan escaso, las partidas aprobadas estarían exhaustas en lugar de mostrar la holgura repetida impúdicamente año tras año. También es inexplicable cómo hacen para crecer y crecer los fondos estacionados en plazos fijos y bonos que superaron los 154 millones de dólares al cierre contable de 2021.  La novedad que aporta la denuncia permite saber que ese promedio esgrimido para exculpar está mal calculado, al dividir los recursos que recibe el distrito por un número ficticio. Lo mismo sucede en seguridad: el Ministerio bonaerense señala a La Matanza como el municipio con mayor número de delitos. Al leerlo, Espinoza salió al cruce de las cifras otra vez con su calculadora confusa. Con ella en mano, adujo que este partido que el peronismo gobierna desde la recuperación de la democracia no era el peor de los 135 que componen la provincia, sino el cuarto mirando de abajo para arriba. Pero ni eso. 

Cómo pudo plasmarse semejante estafa en un operativo tan público y supervisado a escala federal

Para entenderlo, deberíamos saber inicialmente que el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos no lo lleva a cabo el censo con personal propio ni cuenta con “policía estadística”. Las tareas de campo son delegadas primordialmente entre docentes, empleados públicos y estudiantes a los que se les paga puntualmente esa jornada más la correspondiente capacitación. Todo ese grupo queda a cargo de la estructura jerárquica de la Inspección Educativa, los brazos del Ministerio de Educación de la provincia de Buenos Aires en territorio. Hay una Jefatura Regional y una Distrital que prevalecen, en ese orden, sobre el cuerpo de inspectores de los distintos niveles y modalidades del sistema. En cuanto al censo, de allí salen los Jefes de Fracción, de quienes dependerán otros inspectores, directores, vicedirectores, jefes de preceptores y secretarios que conformarán el conjunto de Jefes de Radio. Así queda definido el complejo organigrama. A él reportarán los censistas y asistentes, generalmente docentes, estudiantes y personal público -casi siempre empleados municipales-. Ahí, en ese entramado, anida la ventaja del jefe comunal. 

A priori, sujetos alejados de las lógicas que imperan en el conurbano bonaerense podrían imaginar que todo ese enorme equipo es garante de rigor metodológico e independencia: craso error. Como en todo colectivo, hay excepciones, pero es indisimulable el peso que sobre la Jefatura tienen -aunque en este momento estén enfrentados por la definición del liderazgo del sindicato- una agrupación llamada “La Néstor Carlos” y la facción de SUTEBA en la que talla Roberto Baradel. Estas fidelidades sellan a fuego, en todo su accionar, el sesgo ideológico y el sometimiento de cualquier factor a la capitalización partidaria. 

Los fundamentos de la argumentación de Tetaz son tan simples como irrefutables. El promedio de habitantes por vivienda en La Matanza es muy superior al provincial. Es mayor, incluso, que el que se encuentra en los barrios vulnerables más populosos de distritos con composición socioeconómica semejante. Esto podría hacer pensar que los matanceros son muy prolíficos. No es así, la tasa de natalidad bruta es de las más bajas de la provincia. 

El tránsito por la pandemia provocada por el coronavirus también brindó datos inexplicables: los registros sobre la cobertura de vacunación fueron llamativamente los más bajos de la provincia. Solo el 60% de los matanceros habrían sido vacunados cuando en el resto de los municipios se superó cómodamente el 80%. ¿Hay muchos antivacunas en La Matanza? Bueno, si así fuera tuvieron más suerte que en el resto del mundo. A pesar de haber sido el que menos vacunó, La Matanza presenta la menor cantidad de fallecidos cada 100.000 habitantes de todo el GBA. En realidad, sus habitantes no tienen una resistencia especial frente a la enfermedad, sino que el número de vacunas efectivamente aplicadas se dividió por una cantidad que no refleja la verdadera población del distrito.

El mundillo político siempre se preguntó por qué el padrón electoral es relativamente bajo -algo menos de 1,1 millones- frente a la hipotética enorme población. El especialista Federico Triberti lo resumió claramente en una nota con Juan Pablo Varsky en CNN Radio: “Sería el municipio más joven, porque es el que menos votantes por población tiene. Pero a la vez el más viejo, porque es el que menos matrícula escolar tiene. La conclusión es que probablemente la población haya estado exagerada en el Censo 2010 y en consecuencia en todas las proyecciones posteriores”. 

Hay testimonios que permiten superar conjeturas y despejan toda duda. Voces que nos cuentan desde el interior del complejo plantel censal cómo se materializó el fraude. Una de ellas participó en 2010 como Jefe de Fracción: “En todo censo se establece un ‘recupero’. Es el tiempo para completar los datos de las zonas que en recorrido inicial no se pudieron tomar por algún motivo. Ese período en el caso de La Matanza se cumplió dentro del Palacio Municipal. Hasta allí llevaron  los bolsones con las planillas que los censistas habían completado en lápiz. A partir de ese momento perdimos el control de ellas. Corría un secreto a voces: ‘hay que llegar a los dos millones’. Y para eso dejaron el material a disposición de los militantes políticos. Vimos los papeles adulterados luego de esa semana de ‘trabajo extra’. Pero no había dónde denunciar, se trata de una misma estructura”, explicó. 

Hasta ahora, todo lo relatado está relacionado con la manipulación del recuento demográfico en 2010, pero eso no es todo. En La Matanza siempre hay más y el plus es cómo se preparan para falsear el Censo 2022

Es normal que los municipios colaboren con los censistas en las barriadas populares. Los que conocemos estas zonas sabemos que en determinadas áreas para entrar, y sobre todo para salir, hay que contar con la asistencia de los punteros”, reconoce otro integrante del nuevo equipo que cumplirá el rol de Jefe de Radio, quien agrega: “El problema es que en La Matanza el municipio no ayudará a los censistas, se hará cargo de censar esas barriadas directamente. En ellas, además, han puesto gente propia para que cobren los 6000 pesos establecidos, una cifra muy importante en los barrios en este momento de tanta falta de trabajo. Incluso, se escucha que en algunos sectores el municipio pagará bastante más. No son pocos los lugares que quedan bajo la batuta absoluta de Espinoza. Su gente se hará cargo de las planillas oficiales -sin ningún contralor ajeno- en Ciudad Evita, Puerta de Hierro, Villa Palito, Villa Celina, Villa Scasso, Laferrere y buena parte de Casanova. También barrerán barrios enteros que no figuran en la cartografía del INDEC, como los que están a la vera del río Matanza. En esos lugares van a poder poner el número que quieran. Como se dice por ahí, están ‘empaquetados’ por gente de la agrupación y la militancia”. 

Hay más anomalías: “El Municipio realizó un precenso. A partir de él se les indicó a los Jefes de Fracción que en los barrios señalados ‘populares’ los Jefes de Radio y los censistas serían gente propia. Algunos inspectores amagaron una queja, anticipándose a los inconvenientes que provoca en el trabajo concreto la entrada de personas de esas características, ya que nadie llega por una verdadera evaluación de sus competencias sino por vinculación político-partidaria. Pero pese a eso se hará de esa manera. La Jefatura Regional y las distritales -niveles que prevalecen sobre los Jefes de Fracción- están arrodilladas frente a lo que el Municipio dicta”. 

A tal punto llega esa supremacía que llegaron a frenar una etapa del aplicativo especialmente diseñado para que cada Jefe de Fracción cargue a sus censistas y la dejaron en manos de los Jefes de Radio.  Por otro lado, verticalmente se dispuso que los barrios populares fueran trabajados exclusivamente de manera presencial, obviando la virtualidad que se difunde para el resto de las zonas. Esa excepción no existe en  los módulos de capacitación  y, por lo tanto, las barriadas no deberían tener un tratamiento diferencial. “Los censistas que van a traccionar cara a cara en los barrios no son otra cosa que operadores políticos. La virtualidad podría limitar su capacidad de presión, por eso no la quieren implementar en esos lugares. Además, según la capacitación oficial, los Jefes de Fracción podrían tener un asistente cada tres radios (algunos tienen que cubrir hasta 31). Pero pese a esa indicación solo pudieron cargar dos personas cada uno. Al resto de los asistentes los designará el Municipio, con lo cual se aseguran que sus tentáculos lleguen a todas partes”, cuenta nuestro Jefe de Radio díscolo. 

Podemos concluir, luego de todo esto, que Espinoza está listo para repetir su artificio. 

Como decíamos al inicio, numerarse en los campamentos y excursiones infantiles era una práctica para asegurar que ningún individuo se extraviara. El intendente no está preocupado por eso ya que La Matanza compendia el conjunto de las frustraciones. Lo que no quiere perder es el superávit que muestra cada ciclo contable para sostener su modelo de conducción, a todas luces oxidado. 

 

Alejandro Perandones es periodista y analista de comunicación. 

Temas

¿Querés recibir notificaciones de alertas?