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Viven en la Villa 21, encontraron refugio en la música y darán un concierto en la Usina del Arte

Tienen entre 5 y 21 años y pertenecen a la Escuela de Música Caacupé. Guiados por Santiago Pusso, aprenden canto y distintos instrumentos. Este espacio funciona como un "refugio" para quienes asisten y este sábado 18 a las 18 horas mostrarán en vivo lo aprendido musical y humanamente en la Escuela.

Santiago Pusso coordina la Escuela de Música Caacupé, en la Villa 21-24 del barrio porteño de Barracas. Es licenciado en Música y egresado de la Universidad de Bellas Artes de La Plata, especializado en la Dirección de Coros. Siempre le interesó el trabajo social, con comunidades, con migrantes, “un ámbito donde es necesario comprometerse para colaborar con la integración de sectores vulnerables”, como declara él mismo.

Este sábado 18 a las 18 horas, quienes integran la Escuela de Música Caacupé participarán de un concierto de fin de año en la Usina del Arte. Primero se presentará la orquesta y al finalizar, dos hermanitos que forman parte de ella tocarán Stand by me con arpas. Además, realizarán un ensamble con Fátima, orquesta del circuito.

La Escuela de Música Caacupé participando en una fiesta del barrio

En 2006, Santiago se acercó a la parroquia Caacupé, en la Villa 21-24, a través de un voluntariado en una capilla-comedor y comenzó dando apoyo escolar. “Ahí fui viendo el interés de los chicos por la música. Empezamos a armar un coro y a aprender algunas cosas”, cuenta. En ese tiempo, surgió la idea de hacer una escuela de música, donde poder enseñar con condiciones más adecuadas, pues en la capilla no contaban con salones. Empezaron con clases de guitarra y canto. Desde el principio, les preguntaban a los chicos sobre sus intereses musicales y los instrumentos que quisieran aprender a tocar: guitarra, percusión, piano y arpa, además de canto, fueron las respuestas. “Todos instrumentos mayormente vinculado s a la música popular”, dice Santiago.

La Escuela de Música Caacupé fue creciendo mucho con gran apoyo por parte de la parroquia: “Siempre les interesó a los sacerdotes el proyecto, que tiene que ver con respetar los valores culturales del barrio, una comunidad muy variada, con distintos orígenes geográficos: Paraguay, Perú, Bolivia”, cuenta Santiago, quien ya conoce el barrio desde hace 14 años. La impronta es revalorizar la tradición cultural latinoamericana tan importante y escuchar los intereses musicales de quienes se acercan a la escuela. Hoy en día esos intereses no pasan tanto por el folclore, sino por el rap, la bachata, la cumbia, los ritmos populares. Esto representa “un desafío para los profes porque tienen una formación académica. Lo popular hay que aprenderlo en otros lados”, según dice Santiago.

El objetivo de la escuela es la enseñanza para niños, niñas y jóvenes de entre 5 y 21 años. A los más grandes los acompañan, además, en su camino hacia los estudios superiores y el trabajo. No se limitan a la enseñanza musical, sino que también hacen viajes, convivencias, salidas a espectáculos de la Ciudad.

Muestra de fin de año de la Escuela de Música Caacupé

En 2021 cumplieron 14 años en la parroquia y actualmente, el equipo cuenta con 10 docentes. “Participamos mucho en actividades dentro del barrio, ya sea en las fiestas religiosas u otro tipo, como el Día de la Madre, cumpleaños o festivales dentro del barrio. Buscamos responder a la necesidad que el mismo barrio tiene de chicos y jóvenes que hagan música y animen una reunión o una fiesta”, comparte Santiago.

Para este joven, la Escuela de Música Caacupé “es algo muy importante en mi vida porque me permite desarrollar mi vocación de servicio en algo que siempre sentí la necesidad de integrar: recibir a la población migrante y a los sectores más vulnerables, hacer desde mi lugar lo posible para ayudar a que tengan acceso a cosas que les resultan muy difícil de acceder, en este caso, a la educación musical”. Y también es algo muy importante en la vida de quienes asisten a la escuela, como el caso de Catalina Martínez, quien va desde hace varios años. Estudió canto, guitarra, piano y percusión, y actualmente participa en la banda de ensamble. “Más allá de ir a aprender algo, se siente como un refugio para, muchas veces, escapar de los problemas. Me encanta estar en ese lugar”, dice Catalina.

En esta misma línea, Santiago habla en nombre de todos los profes cuando cuenta lo gratificante que es ver el progreso de los chicos en sus distintas actividades porque valoran mucho lo que viven en la escuela de música. “Convivir con esas actividades es algo que nos da a todos los profes muchas cosas que van mucho más allá de la música”, asegura.

Además de todo esto, trabajar en la parroquia le permite a Santiago abarcar muchas dimensiones, no solamente la específica de la música, según él mismo cuenta: “Cuando algún chico tiene un problema, la parroquia brinda distintos tipos de asistencia y acompañamiento. Es una visión muy integral de la persona. Por ejemplo, poder colaborar acompañando a un chico y su mamá a la inscripción en la escuela porque le dijeron que no hay más vacantes. El acompañamiento que hace la parroquia me llena mucho el alma”.

Este acompañamiento, así como la valoración de cada niño, niña y joven que participa de la Escuela de Música Caacupé es algo de lo que se podrá ver plasmado este sábado en la Usina del Arte.