La música abre fronteras y conquista hasta los más hostiles corazones

La música abre fronteras y conquista hasta los más hostiles corazones

Nahuel Miranda Leguizamon, misionero en Malawi y director de la Schola Choralis, de Chisenga, habla sobre lo que más le gusta: la música y cómo esta se convierte en un idioma magnífico en el encuentro con el otro.

P. Federico Highton

Soy contratenor, cantante lírico y director musical. Además de la enfermería, primeramente me he formado académicamente en el mundo de las artes musicales. Ahora me encuentro como director coral, maestro de Capilla de la Schola Choralis de Chisenga. Un elenco con casi 200 coristas de distintas partes y coros de esta región, además de coordinar la Diplomatura en música litúrgica del Ateneo San Elías.

La popular expresión "La música amansa a las fieras" tiene su origen en la leyenda de Orfeo. Hijo del rey de Tracia y de la musa Calíope, poeta y músico, Orfeo poseía un canto y una forma de tocar la lira capaz de detener el infierno y aplacar la furia de las fieras más salvajes.

En el mundo antiguo la proximidad entre palabra y música era especialmente característica del canto mágico. Sabemos que griegos y romanos se valieron de ensalmos para defenderse de animales peligrosos, o para actuar mágicamente sobre la meteorología, e incluso creían que podían actuar sobre los fenómenos celestes. El mejor ejemplo para ilustrarlo es el pitagorismo, que quiso hacer de la música un medio para la salud del alma, basándose en que los movimientos del alma se rigen por los mismos principios matemáticos de la música, la música de las esferas, el material con el que –dicen- Orfeo construyó su lira.

Orfeo era capaz de actuar mágicamente sobre la naturaleza porque, al haber captado su ritmo, sabía dirigirse al medio natural en su propio lenguaje. La música no solamente amansa a las fieras. La música se consideró siempre como un excelente método para desarrollar el carácter de los hombres y elevar su autoestima. Y también es la mejor forma de expresar un estado de ánimo. Éste constituye uno de los mayores poderes de la música y uno de los más prácticos. Aún más cuando el fin de esa música es unir a los hombres para dar gloria a Dios. 

Siendo objetivo, la música en la misión es un medio que nos hace más hermanos de nuestros hermanos. La música es identidad, en ella se alojan los rasgos propios de una cultura, la identidad de un pueblo y una magnífica forma de transmitir aquello tan elevado, como si fuera una antesala del cielo. 

Al reunirme por vez primera con el coro de Chisenga me encontré con una verdadera sorpresa, un verdadero regalo, un gran tesoro escondido en lo más profundo de las montañas del África oriental.

Gentilmente nos regalaron a la comunidad de misioneros un concierto breve pero muy intenso, donde mostraron su gran capacidad para cantar diversidad de cantos de modo polifónico con polirritmia, dominio de las intensidades y gran calidad de expresión sensible, en su lengua -el Chitumbuka- y en un carente latín.

En lo personal se me escaparon algunas lágrimas al escuchar semejante nivel musical en el lugar más recóndito del mundo con la máxima dignidad para Dios. 

Viniendo del mundo de la ópera donde las artes se mezclan para generar cosas únicas, del conservatorio, de formar parte de orquestas y coros donde la buena música es algo natural y "la música para Dios" es "como se puede", realmente me impresionó el coro de Chisenga.

Acostumbrado a la realidad de la música litúrgica de nuestro país, la cual es deplorable en su gran mayoría, porque todo está tan permitido que ya no se distingue la finalidad de la misma y es más un show propio que se alterna con el rito, con movidas canciones, guitarras e instrumentos percusivos. Ni hablar de la calidad vocal o de los arreglos, que es similar a estar en un boliche o tomando algo fresco con amigos o en una peña folclórica más que música que acompaña a las almas al sacrificio de la cruz. 

Ver a estas personas inmersas en su gran pobreza material y con pocas oportunidades en su formación académica expresándose artísticamente con tanta dignidad ,esmero y conciencia de lo sagrado con  solo sus voces, vi claramente que había un buen orgánico con gran capacidad y con un futuro musical muy prometedor. 

Nahuel destaca que los miembros del coro de Chisenga tienen "conciencia de lo sagrado con  solo sus voces" cuando cantan. 

Así comenzaron los ensayos dos veces a la semana de tres horas de duración. Con el pasar de los meses ya casi cinco, el coro optó por ensayar toda la semana de domingo a domingo, dos horas cada día. 

Con esa frecuencia de ensayos el tiempo fue más que suficiente para armar más de 30 piezas polifónicas a cuatro voces, en diferentes idiomas que nunca en su vida pensaron cantar, además de adecuar la música al virtualismo, ya que acompañan las misas Vetus ordo y Novus ordo con toda la naturalidad del mundo, cantando en importantes misas en la región frente a importantes autoridades eclesiásticas. 

Debido al gran nivel que el coro alcanzó en tan poco tiempo, la diócesis le encomendó preparar toda la música para la visita pastoral del nuncio apostólico de Zambia a la Diócesis de Karonga el 22 de Noviembre en Chisenga, lo cual será todo un hito ya que comúnmente en esa clase de eventos canta el Coro de la Radio, que es el coro oficial del obispo. 

Viendo la gran calidad artística, la necesidad de formación académica y lo difícil que es para ello acceder a la educación por la falta de recursos se decidió crear con la Comunidad una Diplomatura en música litúrgica conjunto con el aval del Ateneo San Elías, una plataforma católica que brinda cursos de gran nivel formativo. El objetivo es formar a los futuros directores corales y preparadores vocales de la región dándoles herramientas académicas para su eficaz desempeño.

Dos veces al mes se realizan las prácticas generales del Orfeón coral, donde casi 200 personas de diferentes partes se alojan en nuestro centro misional durante tres días para practicar y formarse musicalmente. Es una verdadera y épica obra misional de logística de todos los que hacemos la misión, especialmente por el transporte y la comida para todos ellos. 

Para recompensar su esfuerzo el padre Federico Highton, superior de la misión, tuvo la gran idea de llevarlos tres días a la capital de la diócesis, Karonga. Allí se encuentra el Lago Malawi, para la mayoría de ellos desconocido ya que Chisenga se encuentra muy lejos a unas tres horas en vehículo, y el transporte es muy caro. 

Ese viaje fue realmente una verdadera aventura donde se compartieron muchos gratos momentos, 150 coristas pudieron viajar y compartir por primera vez en el Lago; lo cual fue muy emotivo porque  nunca vieron tanta cantidad de agua junta, la arena y el viento de la costa. 

Lo primero que hicimos al llegar a la playa fue correr, sumergirnos en el agua y saltar de alegría por tan bella experiencia además de cantar a la orilla del lago y tomar infinidad de recuerdos fotográficos. Infaltable la misa y la oración. Fue un recuerdo inolvidable.

 

Hemos podido realizar estos espacios de propagación cultural y formación académica, así como la continuidad de los ensayos, el traslado del coro y su alimentos gracias a la oración y el soporte económico de las donaciones de muchas personas que ayudan a que esto sea posible. Si estás interesado en colaborar de alguna manera con el Proyecto del coro y la Orquesta en la misión te invito a que visites Omnes gentes project para llevar más oportunidades a muchos más. 

 

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