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¿Y ahora? El desafío de la gobernabilidad

Las legislativas aceleran el clima de fin de ciclo y profundizan los problemas internos del Frente de Todos, pero no conforman a Juntos ¿Qué hará la oposición?
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Si hasta hace unos meses el Frente de Todos podía definirse como una exitosa alianza electoral que no logró funcionar como coalición de Gobierno, el resultado de estas legislativas lo obliga a redefinirse. Por más que haya evitado la debacle electoral y el presidente lea eso como una supuesta “victoria”, el Gobierno perdió el quórum en el Senado, sufrió una contundente derrota en Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Jujuy y Santa Cruz, y no la pasó nada bien en Tucumán. Esto lanza un importante mensaje para gobernadores de cara al 2023: el oficialismo no suma.

Juntos por el Cambio, por su parte, festeja hacia afuera (quizás demasiado) y sus principales líderes reflexionan hacia adentro. Alguien podría decir que las elecciones de medio término suelen ser malos predictores de las presidenciales. Y tendría razón. Basta recordar los casos de De Narváez en 2009, Sergio Massa en 2013 y Esteban Bullrich en 2017. Ni el kirchnerismo perdió en 2011, ni Massa ganó en 2015, ni Macri reeligió hace dos años. Además, el escenario económico futuro no está para festejos.

Ambas coaliciones tienen el desafío de mantenerse unidas o ampliarse, mientras evitan un nuevo que se vayan todos.

¿Gran Acuerdo Nacional?

Tanto Alberto Fernández como Sergio Massa lanzaron el mismo título: convocar a un Acuerdo Nacional. ¿Sobre qué? No sabemos. ¿Con quién? Tampoco.

La estrategia parecería que esta vez es pasarle la pelota a la oposición para evitar el escenario post-PASO. En el que todas las cámaras apuntaban 24-7 a una ventana que no se iba a abrir. El operativo albertismo murió antes de nacer. Ante la falta de certeza sobre qué pieza mover, el Presidente le cede el turno a la oposición.

Y tiene un punto: esta convocatoria es incómoda para el equilibrio de fuerzas en Juntos por el Cambio. Especialmente para el sector autopercibido como dialoguista que lidera Horacio Rodríguez Larreta, que tiene la difícil tarea de presentarse ante el círculo rojo como acuerdista pero sin descuidar demasiado a los halcones de su coalición, a los que el resultado de Javier Milei les encendió las alarmas.

El jefe de Gobierno está hoy tironeado de ambos lados: un radicalismo renovado y fibroso presiona por la centroizquierda, más cerca de la Coalición Cívica (“Con Milei no se habla”), mientras los halcones presionan por derecha (“Con Cristina no se habla”). Difícil.

Hay que pasar el verano

En realidad, el verano y un poco más. Pero los ánimos sociales caldeados en diciembre ya son un clásico. Y preocupan. La situación social está muy compleja y no hay mucha más caja como para contenerla. Ni caja ni calle. Una devaluación del dólar oficial parece inminente y así y todo 2022 tiene olor a default. El supuesto control del peronismo sobre la calle es cada vez más incierto: la poca capacidad de movilización que tuvo en estas elecciones y las peleas internas del Frente de Todos, así lo demuestran.

En un contexto de bolsillos flacos y bronca acumulada, la dirigencia tiene en su conjunto el gran desafío de la gobernabilidad. Que, en muchos sentidos, colisiona con las estrategias electorales de cada a 2023.

¿Qué va a pasar? No sabemos. Los politólogos no nacimos para predecir, y mucho menos en Argentina, donde la incertidumbre es parte de nuestro ADN. El que le diga, le miente.

 

*Augusto Salvatto es politólogo y director de Consultora Panorama