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La importancia de la Educación Pública en el ascenso social de los argentinos

El sistema educativo público en nuestro país, desde el Jardín de Infantes hasta la Universidad, es la principal causa de las mejoras en las condiciones de vida de la ciudadanía


El acompañamiento de la sociedad argentina a la educación pública tuvo un nuevo capítulo esta semana, como bien pudo observarse en la masiva asistencia a las marchas organizadas en todo el país, en defensa de la ley que define el financiamiento para el funcionamiento de las universidades públicas. Pero a este tercer nivel de enseñanza de nuestro país, deben sumarse los dos anteriores, el de la escuela primaria y la secundaria, y por qué no decirlo, también de la educación inicial, previa a la primaria, que cada vez tiene más atención de los distintos gobiernos provinciales involucrados en ese proceso.

Porque para quien no lo recuerde, o quizá no lo haya vivido, es necesario reflotar desde el fondo de la memoria el hecho de que hace tres décadas ya desde que el gobierno nacional, en manos de aquel presidente (peronista y privatizador) que fue Menem, se desentendió de esos niveles educativos previos al universitario, dejando a las jurisdicciones provinciales a cargo de las escuelas y de su mantenimiento económico, además de la responsabilidad pedagógica que fue también descentralizada. Ese desentendimiento de la Nación tiró por tierra el proyecto sarmientino, por lo que el nivel y la calidad del aprendizaje de los y las estudiantes de Argentina dejó de tener la homogeneidad que le daba el paraguas nacional y pasó a depender de las posibilidades y capacidades de los diferentes gobiernos provinciales.

La educación pública tuvo su capítulo

En Mendoza, gracias a la visión que tuvieron los convencionales a principios del siglo XX cuando redactaron nuestra Constitución, se incluyeron en el texto de la ley de leyes provincial dos áreas no habituales en otras normas similares: el manejo del agua por un lado y el sistema educativo por el otro, son prioridades en esta provincia; y así se declara en el texto aprobado hace ya más de un siglo. Esta norma, junto a un sinnúmero de leyes, han ido dando a lo largo de los años una trascendencia especial a la educación provincial; porque más allá de quien gobernara, el marco estaba ya fijado en la Carta Magna de Mendoza.

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Esta semana, en la previa de la Marcha Federal, el Ministro de Educación de Mendoza Tadeo García Zalazar se expresó al respecto.

El sistema educativo es prioridad en Mendoza

Esto debe ser así pues la educación es la principal posibilidad que tenemos, quienes habitamos en estas tierras, de lograr mejorar nuestra forma de vida. Quien suscribe, bisnieto de agricultores analfabetos que llegaron desde el sur europeo hace más de cien años, tuvo abuelos con estudios primarios y padres que lograron concluir la secundaria, incluyendo el bonus del título docente que en esos años entregaba la “Escuela Normal”. Recién fuimos mi hermana y yo quienes logramos títulos del denominado “Nivel Superior”, y todo gracias a la educación pública y de calidad que supimos heredar de quienes nos antecedieron.

En este alejamiento que han tenido las políticas nacionales en relación al desarrollo de los sistemas educativos provinciales, Mendoza por mérito propio ha logrado posicionarse en el podio de las provincias que mejor educación entrega a sus habitantes. En lo específicamente referido al rendimiento académico, la provincia implementa estándares similares a los que se aplican en la Ciudad de Buenos Aires, pero con el adicional de capacitaciones específicas en el uso de aplicaciones tecnológicas y de inteligencia artificial, un agregado que se espera pueda dar a nuestros estudiantes una base de desarrollo que les permita llegar a la universidad, o directamente al mercado laboral, con las herramientas necesarias para poder seguir “ascendiendo” en la pirámide social.

Mendoza está en el podio de la mejor educación

Es además, este ascenso individual de las diferentes personas que habitan en nuestro país, el único capaz de lograr un mejoramiento general de las condiciones de vida de la sociedad en su conjunto; porque así es la vida en sociedad: al pagar impuestos resignamos beneficios personales en pos del bienestar general, entre tantas otras cosas (por poner un ejemplo) financiando al mismísimo sistema educativo que generó esa mejora, cerrándose así un hermoso círculo virtuoso que incluye a la economía y al compromiso social de quienes habitan una provincia, o un país.

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Ese desentendimiento de la nación tiró por tierra el proyecto Sarmientino.

Y así es como llegamos nuevamente a la importancia del sistema universitario y la necesidad del acompañamiento de las políticas provinciales en ese sentido. Esta semana, en la previa de la Marcha Federal, el Ministro de Educación de Mendoza Tadeo García Zalazar se expresó al respecto declarando que “la universidad pública argentina es parte del desarrollo del país, de la movilidad social ascendente y de la construcción de oportunidades. Cuidarla también implica animarnos a debatir cómo fortalecerla y sostenerla en el tiempo”. Porque el sistema educativo en Argentina es uno solo, más allá de que sea la nación o la provincia quien se encargue de lo pedagógico y de lo presupuestario. La Educación Pública gratuita y de calidad es un derecho que quienes habitamos en estas tierras hemos defendido durante décadas, y es un orgullo argentino al que no debemos renunciar: el futuro (y el presente) de nuestra sociedad depende de nuestro compromiso.

* Pablo Gómez. Licenciado en Ciencias Sociales.

IG: @prgmez