Viviana Canosa, Lizy Tagliani, la televisión y Loan que no aparece
Confunde. Un propósito que es el anverso del periodismo. Desde una contradicción que podría inscribirse en lo cómico, cuando lucía el cabello de un rojo furioso y se apellida Viviana Canosa, hasta algo irresponsable y que pudo ser lo que causó una tragedia. En plena Pandemia, en agosto del 2020, sugirió combatir el Covid 19 bebiendo dióxido de cloro. Tiempo en el que la televisión había recuperado -momentáneamente- su apogeo, la recomendación y su histriónica provocación dio argumento para que se le hiciera una acción penal. Una criatura de 5 años, en Neuquén, murió por tomar esa solución química. La denuncia no pasó de la imputación. El mundo sigue andando, como cantaba Gardel.
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Cambia de canal, pero no de mañas
Esta semana, el escándalo que sirvió para disimular los cotidianos desaguisados de la política argentina, rescató el protagonismo agónico de esta conductora de televisión, que en sus 54 años de existencia ha padecido más tropezones que Charles Chaplín, y ha insistido más veces en conquistar al público que Florentino Ariza en "El Amor en los tiempos del Cólera". Los máximos encendidos que ha obtenido Viviana Canosa fueron siempre efímeros y producto de reacciones, agresiones, irresponsabilidades y falacias. Una receta que no hay que desdeñar, hoy lo confirma un panelista que, legal y legítimamente, ocupa el sillón de Rivadavia.
El éxito de las contradicciones
Las distintas escuelas de periodismo ofrecen enormes divergencias, pero entre los escasos acuerdos, el más significativo es que el patrimonio inexpugnable del oficio es la credibilidad. A la vez, todos los manuales de política señalan que un requisito elemental para ganarse el respeto en la vida pública, el político debe expresar coherencia. Estos óbices han desaparecido en esta era de la digitalización. Varios periodistas son increíbles y la máxima figura política de la Argentina es, lisa y llanamente, incoherente, en el sentido clásico del término. El discurso que pronunció el último día de enero, en Davos, Javier Milei, sosteniendo que la ideología de género es sinónimo de abuso, alcanza de modo directo al Secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessen. Este alto funcionario, está casado con John Freeman, y tiene dos hijos por gestación subrogada. A Milei se lo notó muy contento con la visita, tanto como con el Swap de China. O sea, digamos: ni los homosexuales que forman familias son tan peligrosos, ni los zurdos tan detestables. Situaciones inimaginables en la gran política de años atrás.
De la caja boba a la caja bomba
Mientras el gobierno afirma que elimina el cepo al dólar pero aparece como juego de billar, entre dos bandas y por ahora sólo para personas físicas, Francos ante el Congreso aegura que los salarios le ganan por goleada a la inflación, la conductora Canosa arremetió contra su ex colaboradora, Lizy Tagliani. No conforme con farandulizar un tema delicado -como es el de imputar hechos graves de manera pública a otras personas- alentada por las mediciones de Kantar Ibope, desparramó sospechas encima de figuras mediáticas. La rimbombante denuncia suena inconsistente, tanto como para que Milei incorpore su opinión al respecto, siempre insultante, algo que caracteriza a la gestión. Asimismo no deja de ser una otra contradicción, Milei defendiendo a Tagliani y atacando a su ex promotora Viviana Canosa. Nada que sorprenda en estos 16 meses de bipolaridad institucional.
Antes esto no pasaba
La tentación de repetir aquél refrán español que dice "todo pasado fue mejor" se desvanece tan rápidamente como el éxito de Canosa y la palabra de Milei. Lo que hoy resulta el crimen más aberrante, hace un puñado de décadas, no constituía ningún delito. El abuso de menores. El maltrato infantil; la explotación de chicos y chicas, son figuras penales bastante recientes. Cuenta Ignacio Ramonet en su libro La era del conspiracionismo (Ediciones Siglo XXI) que hasta mediados del Siglo XIX, la potestad sobre los hijos incluía permisos de toda naturaleza. Desde entregar a niñas para que se relacionaran y casaran con adultos, hasta propinarles palizas que bien podían provocarles la muerte. Esas atrocidades permanecían dentro del ámbito privado, el Estado no tenía porqué intervenir.
La zigzagueante moral
La consagración del derecho de niñas y niños para no sufrir vejaciones y malos tratos nace de un hecho curioso. Conocido como "el Caso Mary Ellen Wilson", el suceso se produjo en 1874. La criatura de 10 años era brutalmente golpeada por sus padres. Como esto se producía en el fuero íntimo, no existía legislación para detener ese abuso. Quienes luego formarían la primera sociedad en defensa de los niños maltratados, NYPCC, según sus siglas en inglés, articularon la defensa de Mary, encuadrándola bajo la ley creada en 1866 que condenaba a quienes dieran malos tratos a los animales. Arguyeron que, efectivamente Mary podía tipificarse en su condición de animal, en este caso, animal humano. Eso produjo un cambio sustantivo en la concepción de hasta donde los hijos son propiedad de sus progenitores y tutores. La indiferencia de siglos sobre esta problemática, fue variando hasta cobrar estado público, no sin resistencias. Hoy no existe crimen más condenable que el maltrato y abuso infantil, suficiente motivo para que con bastante perversión, algunas y algunos, lo mal usen con intenciones que nada tienen que ver con defender a las chicas y a los chicos.
Y yo qué tengo que ver
Contar con medios, periodistas y hacedores culturales que asuman el compromiso de elevar el debate público, no es garantía de construir una sociedad más armónica, pero cuenta con suficientes antecedentes, cuestión de no embriagarse con las indignadas imposturas de celebridades superficiales y funcionarias histriónicas. Bien explica Ramonet que aquél giro en el Derecho, no se dio sólo por una creativa mirada sobre la jurisprudencia, sino que fue posible gracias al consenso generado, entre otros aspectos, por la literatura de Dickens, Víctor Hugo, Mark Twain y muchos más que sensibilizaban a la opinión pública con historias desgarradoras muy bien urdidas.
La pirotecnia del periodismo y las misiones de los políticos
La distracción que provoca el escándalo insustancial, sea o no intencional, sirve para nublar la mirada de la sociedad. Mientras estallan declaraciones altisonantes: directivos de pantalla versus famosos; Mariana Fabbiani contra su ex jefe Adrián Suar; movileros disfrazados de incisivos interpeladores, entre todo ese espectáculo decadente, pasan agachados un diputado y su hermano. Justamente, Germán y Sebastián Kiczka, condenados a penas de 14 y 12 años, respectivamente, por facilitación y distribución de material de abuso sexual infantil en la provincia Misiones. Y en el mismo y amplio litoral de la Argentina, después de horas, móviles, corresponsales, enviados especiales y después de manifestaciones absurdas por parte de la máxima autoridad de Seguridad de la Nación, los papás de un chico de 5 años imploran por saber qué pasó con su hijo, porque a casi un año, Loan, no aparece.