Por qué el cielo de Mendoza se ilumina y se llena de estruendos cuando el reloj marca la medianoche
Casi con la precisión de un cirujano cardiovascular y cuando el reloj marca las 00, el cielo de Mendoza se llena de luces y estruendos. Los desprevenidos pensarán que alguien hace detonar esos fuegos artificiales porque está festejando un cumpleaños, una boda o, bien, la victoria de un equipo de fútbol. Ojo, para los aniversarios de los grandes de la provincia, como Independiente Rivadavia, Godoy Cruz, el Deportivo Maipú o Gimnasia y Esgrima, suelen escucharse, pero en este caso puntual, que sucede día a día y no se toma francos, ni tiene feriados, la situación y el testimonio de vecinos de las distintas zonas marcan otra realidad.
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De norte a sur, de este a oeste, el cielo del Gran Mendoza se ilumina desde hace un par de años, cuando adoptó una modalidad que como primer registro marca a la ciudad de Rosario en la pos pandemia. Esto pasa en los lugares donde, según testimonios y posteos de redes sociales, habrían búnkers de venta de drogas, no solo en los barrios que integran las zonas rojas del área metropolitana mendocina, sino que han ido apareciendo en zonas "residenciales" de los departamentos que la componen.
Ya no solo basta con pasar por algún lugar y ver un enjambre de zapatillas colgadas del tendido eléctrico, donde se decía que mientras más cara era la marca del calzado, mejor era la "merca" que se conseguía. Ahora, con solo salir a la vereda, al patio o asomarse por el balcón unos segundos antes de que el reloj marque las "doce" se puede dilucidar desde dónde vienen los estruendos y las luces. Son aproximadamente dos minutos de show de fuego de artificios. Luego, el cielo vuelve a su normalidad.
Vecinos de varios puntos del Gran Mendoza, consultados por MDZ, llegan a lo mismo: "Ahí se venden drogas", dicen y agregan que es una constante y que "día a día se escuchan las detonaciones en el mismo lugar". "Después empiezan a llegar autos y motos", sentencian con cierto dejo de hartazgo.
Pero, ¿qué significa eso? Si bien todo empezó como un mito, esto significaría que hay estupefacientes disponibles en el lugar y que los potenciales compradores pueden acercarse y hacerse de las dosis que requieran para "pasar" la noche. Otra de las teorías indica que, así, las distintas bandas marcan territorio. Algunos descreídos dicen que es innecesario que eso suceda ya que si hay un "kiosco" de venta de drogas se sabe que allí se puede conseguir la mercancía y que solo festejan un cumpleaños, pero el termómetro marca otra cosa: imposible que en la misma casa, a la misma hora y durante 15 días, o más, una persona cumpla años.
Hace un tiempo, cuando esta modalidad llegó a Mendoza, tras el "furor" de los deliverys en pandemia, los usuarios de redes sociales se volcaron a las distintas plataformas para hacerse las mismas preguntas: "¿Qué son esos estruendos?", "¿Quién es el que tira fuegos artificiales a las 00?". Las hipótesis quedaron de lado y la respuesta fue unísona con el correr del tiempo: venta de drogas.
Este flagelo, no solo en sí por la posible venta de estupefacientes, sino porque altera a personas con autismo, bebés, adultos mayores y a los animales, parece no tener solución inmediata. Cada vez más parcelas del cielo se iluminan en las noches mendocinas y van cambiando de lugar a medida que la policía, que en off reconoce de qué se tratan las explosiones, empiezan a pisarle los talones a los vendedores de esta mercancía.
Tras las detonaciones, es habitual, como marcan los vecinos consultados, escuchar la llegada de distintos tipos de vehículos al lugar en cuestión. Los caños de escape liberados de las motos, el chillido de las cubiertas sobre el asfalto y alguna que otra detonación de arma de fuego, cuando la cosa se pone espesa, marcan el ritmo de la noche y si la aparente venta fue fructífera para el "kiosco" de drogas de la zona.


