Carlos Menem: un caudillo latinoamericano de mil caras
En la mañana del 8 de julio de 1989, hace treinta y cinco años, Carlos Saúl Menem, luego de imponerse con el 47% de los votos al radical Eduardo Angeloz, asumió su primera presidencia. La agencia noticiosa Reuters describía al mandatario electo como un típico caudillo latinoamericano de frondosas patillas. Raúl Alfonsín dejaba a la Argentina sumida en la hiperinflación y terminaría su mandato seis meses antes. El país era un caos. Menem prometía “salariazo”, revolución productiva y cerrar las grietas que a seis años del fin de la dictadura eran profundas. Era la primera vez desde 1928 que un presidente civil entregaba el poder a otro mandatario constitucional. No era un dato menor.
Es difícil escribir sobre Carlos Menem porque hubo varios Menem, pero más allá de los matices y contradicciones fue un parteaguas en la política argentina. Menem sabía ejercer el poder y lo hacía sin dudar y lo disfrutaba no le pesaba. Sabía ser campechano, entrador y seductor. Al principio generó miedo, en especial en los núcleos de poder empresario y aristocrático. Creían que volvía aquel peronismo derrotado por la Revolución Libertadora en 1955. Sin embargo, Menem sorprendió cuando empezó de la economía social de mercado y al poco tiempo se engulló a la UCeDe, el partido liberal fundado por Alvaro Alsogaray. Incluso coptó a su hija, María Julia, que se convirtió en el símbolo de las privatizaciones por estar al frente del paso a manos privadas de Entel, la compañía telefónica estatal. Una gran paradoja es que la mayoría de las empresas estatales que pretende re privatizar Javier Milei pasaron a manos privadas durante la era Menem y fueron re estatizadas durante el kirchnerismo. Nadie puede negar que en la Argentina el tiempo es circular. Esos mismos círculos de poder que antes le temían ahora lo veían alto, rubio y de ojos celestes.
Nadie puede negar que en la Argentina el tiempo es circular
La convertibilidad de la mano de Domingo Cavallo, marcó el período de mayor estabilidad de la economía desde el regreso de la democracia. Si bien es cierto que cuando el modelo se agotó generó un desastre, a Carlos Menem le permitió tener la suficiente fortaleza política para reformar la Constitución Nacional y conseguir su anhelada reelección. La primera reforma constitucional realmente democrática y lograda por un verdadero consenso democrático. Eran tiempos de la pizza con champagne, viajar a Miami era algo normal para cualquier familia de clase media y era fácil acceder a la casa propia. Claro, que más tarde llegaría el incremento de la desocupación y la pobreza a niveles nunca vistos, la recesión y el estancamiento del país.
Carlos Menem se alineó sin reservas con la política exterior de los Estados Unidos
Mandó un par de barcos de la maltrecha Armada a la Guerra del Golfo como “prueba de amor”. Gracias a ello hoy el país sigue revistando como miembro del G20. Pero la era Menem también tiene su lado oscuro. Probablemente, el más dañino fue que se institucionalizó la corrupción como herramienta de acción política. Ya no se trataba de “robar” para enriquecerse en forma personal sino que la corrupción se convirtió en una herramienta para ejercer y conservar el poder. Un esquema que más tarde el kirchnerismo perfeccionó de manera exponencial.
Durante su primer mandato, la Argentina sufrió dos atentados terroristas
El primero en 1992 contra la Embajada de Israel y dos años más tarde contra la sede de la AMIA. Se tejieron muchas hipótesis y todas tenían a Carlos Menem en el centro: una represalia por incumplir la promesa de transferir tecnología nuclear a Irán o una venganza por haber mandado barcos a la guerra del Golfo fueron las hipótesis que aun suenan. Los motivos de los dos atentados nunca fueron esclarecidas.
Carlos Menem fue a visitar al Almirante Isaac Francisco Rojas, uno de los responsables del derrocamiento de Perón en el 55, para cerrar una grieta abierta durante décadas. En la misma línea, en una de sus decisiones más polémicas, indultó a los militares de la última dictadura y a los jefes terroristas. Pero no dudó en aplastar la última asonada militar encabezada por el ex teniente coronel Mohamed Alí Seineldin, que duró veinte horas y dejó catorce muertos. Dicen que Menem estaba dispuesto a bombardear a los insurrectos y jamás dudó en ejercer su poder como Comandante en Jefe de las fuerzas armadas. Luego de esa intentona los militares quedaron recluidos en sus cuarteles y su influencia política fue eliminada.
Carlos Menem fue un político contradictorio como todos los que conocen el ejercicio del poder. No hay un Menem hay varios y estas modestas líneas ni siquiera rasgan la superficie de la complejidad del personaje. Las consecuencias políticas y económicas del menemismo siguen vigentes. Para muchos el último estadista que tuvo la Argentina para tantos otros un vivo, un claro exponente de la fauna política argenta. Pero nadie puede negar que aquel riojano de frondosas patillas, más parecido a un caudillo que a un presidente del siglo XX, cambió la Argentina desde sus cimientos.
* Martín Pittón, analista político y conductor del podcast Micro Mundos.