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Argentina, China y el swap: por qué es el acuerdo más imprescindible y secreto de Javier Milei

El presidente del Banco Central de la República Argentina (BCRA), Santiago Bausili, encabezará una misión estratégica a Beijing en las próximas semanas.

Esta negociación ocurre en un contexto geopolítico más complicado que lo esperado, por la relación con EE.UU..

Esta negociación ocurre en un contexto geopolítico más complicado que lo esperado, por la relación con EE.UU..

Juan Mateo Aberastain/MDZ

Silenciosamente el Gobierno quiere cerrar en los próximos días, uno de los problemas financieros (y geopolíticos) más importantes en lo que resta del año. El presidente del Banco Central (BCRA), Santiago Bausili, viajará en las próximas semanas a China con un objetivo central: negociar la renovación del swap de monedas entre el BCRA y el Banco Popular de China, cuyo vencimiento está previsto para agosto de 2026. Están en juego unos US$19.000 millones (aproximadamente 130.000 millones de yuanes, la moneda real de la deuda), de uno de los instrumentos más útiles y efectivos que tiene hoy el país en su caja de herramientas. Dentro de ese total, durante los gobiernos anteriores se activó una parte del swap para afrontar pagos de importaciones y compromisos externos.

El plan del BCRA para mantener la red de seguridad financiera

Según el último informe del BCRA a fines de 2024 quedaban utilizados unos US$3.100 millones, al cierre de 2025 el saldo había bajado a unos US$1.030 millones y en enero de 2026 restaban aproximadamente US$675-680 millones por cancelar; lo que implica que el actual Gobierno ya repagó más del 80% del tramo efectivamente utilizado. Lo que busca Bausili en Argentina es lograr una renovación por otros tres años, en condiciones similares a las actuales. Concretamente, el swap fue renovado en 2023 y vence el 6 de agosto de 2026. Bausili declaró recientemente que mantiene un "muy buen diálogo" con las autoridades chinas y que no recibió señales de cambios en las condiciones del acuerdo. También afirmó que el tramo activado sigue disponible y que espera una renovación "en los mismos términos".

Aunque el gobierno de Javier Milei redujo significativamente la dependencia del swap, la línea china sigue siendo considerada una red de seguridad para el Banco Central.

Esta negociación ocurre en un contexto geopolítico más complicado que lo esperado. El gobierno de Milei fortaleció su alineamiento con Estados Unidos, mientras que China sigue siendo uno de los principales socios comerciales de Argentina y el proveedor del swap. Pero se sabe que hubo presiones desde sectores de Washington para reducir la dependencia financiera de China, pero el BCRA ratificó públicamente que busca mantener el acuerdo.

Santiago Bausili, titular del Banco Central, sorprendió esta semana con una nueva baja de las tasas de interés de referencia. Foto: Télam
Santiago Bausili, titular del Banco Central.

Santiago Bausili, titular del Banco Central.

La herencia de las represas en Santa Cruz y el "efecto Mondino"

Habrá que reconocer a la distancia que el logro de la renegociación de 2023 había sido responsabilidad de Diana Mondino, la primera canciller de Milei, y quien se puso el problema con Xi Jinping al hombro. Mondino visitó Beijing en abril de ese año. Hasta junio se mostraba un clima frío y pétreo desde la capital china. Pero, sorpresivamente, y al mismo tiempo en que se aprobaba Bases II, el régimen acreedor le dio a Milei la buena nueva de la postergación del vencimiento. Unas semanas después, se conocería el motivo de la bienaventuranza china. Argentina debía reactivar la obra pública más cara y políticamente pesada del país, heredada de los tiempos finales del kirchnerismo: la represa Cepernic-Kirchner, una megaobra adjudicada al final del gobierno de CFK al consorcio chino Gezouba, con los cordobeses de Electroingeniería de inevitables chaperones locales. El acuerdo total fue por unos US$11 mil millones, en liquidaciones sucesivas dependientes del avance de las obras. Para que el dinero fluyera sin problemas, el mecanismo de giro de divisas sería a través del swap. Se eligió ese mecanismo, sabiendo tanto en Buenos Aires como en Bejinig que, ya en esos años, en el Banco Central no había dólares. Las reservas rondaban los US$30 mil millones, y las posibilidades de la Argentina de recurrir a los mercados financieros internacionales a tasas razonables eran nulas. Para finales de 2015, se habían usado ya unos US$3 mil millones del acuerdo.

Diana Mondino

Vino entonces el cambio de gobierno, y la decisión de Mauricio Macri de revisar el contrato de Gezhouba para construir la represa aún llamada Cepernic-Kirchner. Cambiemos congeló la obra acusando sospechas de corrupción y de impacto ambiental negativo. Sin embargo, hacia julio de 2016, desde Beijing le recordaron a Buenos Aires que parte del dinero para la obra ya había sido gastado (y no precisamente para avanzar con la represa), con lo que de levantarse el proyecto, el dinero debía ser devuelto. Macri se reunió con Xi Jinping, se “renegociaron” por primera vez las condiciones del swap y la obra volvió a la vida con otro nombre. En adelante se llamaría Cóndor Cliff, la denominación original con la que se había proyectado en tiempos de gobiernos militares. Por la obra el swap se renovó por unos US$11 mil millones con una vigencia de tres años más, con lo que las reservas en yuanes llegaron a unos US$8 mil millones. Luego de la crisis de abril de 2018, que con el tiempo se extendería hasta el final de la gestión de Mauricio Macri en 2019, las obras volvieron a paralizarse y el dinero del swap destinado a la obra a utilizarse para política cambiaria, fundiendo ese dinero con los dólares del Fondo Monetario Internacional (FMI). Con tranquilidad, desde China nadie protestó.

Ya durante la gestión de Alberto Fernández, las obras quedaron pacientemente paralizadas culpando a la pandemia hasta comienzos de 2022, cuando desde China comenzaron las presiones. La primera decisión fue volver a llamar al proyecto como Kirchner-Cepernic. La segunda, ponerle un ritmo de ejecución de mil millones de dólares mensuales. Algo se hizo en la ex Cóndor Cliff hasta mediados de 2023, cuando el dinero proveniente del swap volvió a utilizarse más para política cambiaria y combate a las corridas contra el dólar oficial que para acelerar la represa. Llegó Javier Milei, y con él la paralización total de la obra pública, comenzando por el proyecto más “comunista” de todos. China, paciente, no hizo ningún reclamo oficial y público. En definitiva, una cultura paciente sabe esperar. Conociendo los vencimientos de junio, el gobierno de Xi Jinping dejó correr las declaraciones contra Beijing del libertario. Hasta que, tiempistas como nadie en el globo, llegó el momento de negociar. Finalmente Mondino firmó el acuerdo, el dinero que había que pagar fue perdonado hasta 2026 y la obra se reactivó tenuemente sesenta días después de haberse reglamentado la Ley Bases II, siguiendo el nuevo articulado del proyecto que fue aprobado en el Senado, que indicaba que toda obra que cuente con financiamiento internacional debe ser inmediatamente reactivada. Es el caso de la Kirchner-Cepernic (hoy nuevamente Cóndor Cliff, su nombre original), cuyos dólares de ejecución siguieron llegando pacientes y leves desde Beijing.

El swap con china fue el primer acuerdo de este tipo que firmó Argentina. Luego vendría en octubre de 2025 el que se cerró con EE.UU. En el primer caso, el aporte de capital lo hace el Banco Central de China, bajo la certeza de que los yuanes originales serán eventualmente utilizados. Mientras tanto, hasta que se ejecute el cambio, quedan como libre disponibilidad del depositante: el BCRA. La negociación primaria con China la realizó en 2009 el entonces presidente del Banco Central Martín Redrado, con la idea de siempre: reforzar, aunque sea de manera formal, las reservas de la entidad, para mejorar los resguardos ante eventuales crisis internacionales y cuando las reservas alcanzaban el récord del 15% del PBI. En total, el acuerdo cerrado fue por unos US$ 10.200 millones a tres años, con la opción de extender el plazo.

Redrado lo negoció con su par chino, Zhou Xiaochuan, para acordar un intercambio de monedas que ambos países pudieran pedir uno del otro y que luego deberían ser repagados. Los permisos de operatoria para el BCRA eran amplios. Se podían convertir los yuanes en dólares en los mercados internacionales, o directamente utilizarlos para el intercambio bilateral. O, en su defecto, mantenerlos como parte de las reservas nominados en la moneda norteamericana. Sin embargo, con el tiempo, el instrumento comenzó a desdibujarse. El segundo movimiento con China se activó en el tercer trimestre de 2014, durante la gestión de Axel Kicillof en Economía y de Juan Carlos Fábrega en el BCRA, por unos US$ 3.800 millones, transferidos en el último trimestre de ese año. La novedad de esa operación fue que se justificó bajo el comienzo de las obras para el levantamiento de la represa santacruceña Cepernic-Kirchner que la constructora china Gezouba había ganado en licitación en sociedad con la local cordobesa Electroingeniería.

El acuerdo total fue por unos US$ 11 mil millones, en liquidaciones sucesivas dependientes del avance de las obras. Durante el primer semestre de 2015 se concretó un nuevo desembolso por unos US$ 3.700 millones, completando hasta ese momento un total de US$ 6.500 millones. El dinero proveniente de China había llegado en un momento justo para apoyar los últimos tramos del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, cuando la falta de dólares y el ostracismo en los mercados internacionales ya era preocupante. Las reservas rondaban los US$ 30 mil millones, y las posibilidades de la Argentina de recurrir a los mercados financieros internacionales a tasas razonables eran nulas. El acuerdo de renovación llegó en un momento ideal para poder sostener las reservas y hacer frente a eventuales corridas antes del final del gobierno kirchnerista. Para finales de 2014, unos US$ 3 mil millones del acuerdo ya se habían utilizado. De hecho, unos US$ 2 mil millones provenientes de este financiamiento, se utilizaron para cancelar el pago final del Boden 2015. Vino entonces el cambio de gobierno, y la decisión de Mauricio Macri de revisar el contrato de Gezhouba para construir la represa aún llamada Cepernic-Kirchner. La primera y pública decisión del actual gobierno fue la de congelar la obra, bajo sospechas de corrupción y de impacto ambiental negativo. Sin embargo, hacia julio de 2016, desde Beijing le recordaron a Buenos Aires que parte del dinero para la obra ya había sido gastado (y no precisamente para avanzar con la represa), con lo que de levantarse el proyecto, el dinero debía ser devuelto. Fue así como se renegociaron las condiciones del swap, la obra volvió a la vida y el swap se reactivaría. Se renovó el mecanismo por unos US$ 11 mil millones con una vigencia de tres años más, con lo que las reservas en yuanes llegaron a unos US$ 8 mil millones.