Las internas solapadas del oficialismo y dos crisis que preocupan

Las internas solapadas del oficialismo y dos crisis que preocupan

El oficialismo peca de pereza por falta de desafíos y se agudizan las tensiones, aunque no habrá ruptura. Alfredo Cornejo sigue como gran decisor y el resto de los dirigentes siguen con cautela, temor y ambiciones, pero sin proyecto. La crisis de la Corte preocupa por la ola expansiva.

Pablo Icardi

Pablo Icardi

picardi@mdzol.com

En medio de una aguda crisis, los dirigentes políticos de Mendoza están a tiro de perder una herramienta clave: la sensibilidad. Se trata de esa capilaridad con la comunidad de la que son parte y que sirve para entender qué sienten, qué demandan y qué piensan. Tanto, que temen: el Gobierno teme que cualquier catalizador genere problemas en la calle, la oposición (el PJ) teme las consecuencias de sincerar el desastre generado por sus líderes nacionales y esquiva definiciones. Mientras tanto, hay al menos tres crisis políticas e institucionales que condicionan el futuro inmediato.

El oficialismo mendocino está formado por un complejo entramado político que excede al propio gobierno. Incluso que trasciende al Poder Ejecutivo. Las diferencias internas entre el modo de gestión y la “superintendencia” que ejerce el cornejismo cada vez son menos disimulables. De cara al 2023, seguirá la guerra fría, pero no habrá ruptura. Sí desgaste. Funcionarios cuestionados internamente (cornejistas y “suaristas”) que son inamovibles más por capricho y pertenencia que por eficacia. Y una incertidumbre política sobre el futuro que se agudiza. La cena del intendente de Las Heras, Daniel Orozco, donde oficializó su candidatura con referentes diversos de Cambia Mendoza sirvió para hacer carne una parte de la realidad radical.

En ese partido transitan desde hace años una situación de confort político que, a falta de desafíos, adormeció la creatividad. Hoy todo parece depender solo de la voluntad de Alfredo Cornejo: si él es o no candidato.

El resto merodea el perímetro y, con temor, disimula ambiciones. Desde Tadeo García Zalazar (hijo político de Cornejo), hasta Ulpiano Suarez y, ahora sorprendentemente, el propio Orozco. La realidad nacional los ayuda electoralmente, pero los atrofia profesionalmente. No hay, al menos sobre la superficie, ningún proyecto profundo que entusiasme. “No sé qué piensan; que van a seguir todos como funcionarios después de 8 años y que esto es una beca”, se queja un líder radical que ya tiene experiencia.

Mientras, dentro de la alianza Cambia Mendoza, Omar De Marchi intenta construir aprovechado que por ahora es el único candidato que se aleja de la omnipotencia de Cornejo. Hay quienes hasta especulan con una alianza con el radical Petri y todos los partidos que atomizaron fuerzas en 2021. Como explicó MDZ, Cornejo no dijo que no va a ser candidato. Deja así, latente su poder y aplaca egos. Sí está claro que el exgobernador construye para ser relevante en el escenario nacional, dentro de Juntos por el Cambio. Con perfil más bajo y menos posibilidades, por ahora sale indemne del incendio interno que desató Elisa Carrió y las peleas de los líderes del Pro.

En el medio, hay una provincia que convive con una crisis profunda y con final incierto.

Pero hay otro tema que ha generado una tensión institucional con pocos precedentes y que puede traer secuelas. El bloqueo que vive la Suprema Corte por las peleas políticas preocupa en todos lados. El gobernador Rodolfo Suarez tenía como prioridad de gestión ejecutar una reforma institucional que incluía algunos mecanismos de los poderes del Estado. Sin embargo los problemas explotaron no por las formas, sino por las personas.

La Corte está dividida internamente en dos bloques que tienen identificación partidaria explícita: Dalmiro Garay, Pedro Llorente, Teresa Day y José Valerio, en el oficialismo, y Omar Palermo, Mario Adaro y Julio Gómez, en la oposición. Hay algunos matices, como la bronca de Valerio (que tiene carrera judicial). Las acusaciones públicas por supuesta manipulación de los instrumentos para asignar causas fue el punto de quiebre definitivo, pues no se trata de comentarios de pasillo sino de expresiones plasmadas en sentencias.

El problema es que el accionar cruzado tiñe de dudas a todo lo que la Corte decida. Como es un conflicto político, la salida, creen, también lo será. La duda es si podrá haber alguna solución “endogámica” dentro de Tribunales o será con factores externos. Esa crisis preocupa porque la Corte es el último eslabón de garantías para todos los ciudadanos. Inquietará más en la política el año que viene, cuando también tengan que resolver cualquier diferencia relacionada con las elecciones. Por eso hay quienes piensan que deberán resolverlo cuanto antes. 

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