Volvamos al capitalismo de mercado moderno, libre y sin intervención
El procedimiento de los mercados es universal. La economía de mercado debe ser natural, próspera, moderna y abierta. El principio central de un verdadero sistema de mercado ya lo fijó hace 2 mil años el Tao Te Ching (también conocido como Lao Tzu). Lao Tzu aconsejó al sabio (gobernante) adoptar el principio de no-interferencia como el mejor camino para asegurar la felicidad y la prosperidad. Tal y como el principio de orden espontáneo es central para el liberalismo económico, el principio de wu wei (no-acción) es fundamental para el taoísmo.
Los gobernantes gobiernan mejor mientras menos gobiernan, es decir cuando no toman "ninguna acción diferente a lo natural". Como el agua, el mercado es elástico y buscará su curso natural, un curso que puede ser fluido, mientras más ancho sea el camino que se puede tomar y mientras más firmes sean los diques institucionales que lo contienen. El reto para nuestro país es ampliar el libre mercado y proveer la infraestructura institucional necesaria para sostener mercados privados y alivianar los tributos.
Cuando el Estado se mete a querer regular el mercado, metiéndose en los precios, es ahí cuando el mercado muere, deja de funcionar. El Estado tiene su función de no regular un comportamiento entre dos individuos dentro de las reglas del juego de la competitividad y la sana critica racional. Sí debe estar presente el Estado cuando este comportamiento se rompe y nace un conflicto de intereses, pero lo que deben entender es que los precios no son el conflicto. El conflicto lo genera el propio Estado que se mete cuando no debe hacerlo y te dice cómo debés competir.
Ahora bien, una de las maneras de obtener un mercado eficiente y que funcione correctamente, es la adecuada no regulación por parte de los poderes del Estado, para conseguir calidad e innovación natural. La fluidez natural y dinámica de los mercados tiene un desempeño funcional entre los diferentes actores velando por la libre competencia leal y abierta de esos mercados.
Esta reflexión entre la complementariedad entre los mercados y las regulaciones públicas es la causa de las crisis financieras que se fueron adoptando los últimos 20 años. Cuando debatimos sobre la competitividad en los mercados y las necesidades de una sociedad, debemos tener argumentos sólidos y similares para el beneficio de estos dos actores (mercado y sociedad).
La competitividad ya no es asociada a los precios caros o baratos de un producto o de un servicio. A medida que avanzamos como sociedad moderna, cobran relevancia otros aspectos que desarrollan el concepto de competitividad. Estos nuevos semblantes facilitan las actividades de las empresas cuando éstas invierten en la calidad de las infraestructuras, la inversión y disponibilidad de capital humano y las innovaciones de los productos y servicios, como así también, la coexistencia y desarrollo propio y natural de los mercados:
- Mantener la solvencia de los sistemas financieros.
- Adoptar medidas fuertes para paliar los desequilibrios excesivos.
- Conseguir un crecimiento más inclusivo mirando no solo los indicadores económicos financieros, sino también los indicadores sociales.
- Mayor inversión en educación revalorizando una mayor eficiencia e igualdad de oportunidades.
- Priorizar la creación de riqueza productiva, generando incentivos para la puesta en marcha de la producción (baja de impuestos).
Los desequilibrios deben acomodarse y corregirse, y los sistemas fiscales y laborales deben reformarse para asegurar muchas más contribuciones equitativas, erradicando el conflicto laboral y equilibrando una relación que tiene como finalidad la producción y el trabajo. Pensar y diagramar un sistema que piense en los mercados y en todas las imprescindibles provisiones de bienes y servicios, nacionales y globales. Ello significa terminar de una vez por todas con la tolerancia hacia los mecanismos de evasión fiscal, clandestinidad laboral, excesos en el empleo público, que aprovechan los huecos de la globalización y solo dañan su legitimidad.
Estos estándares mínimos, repercuten sobre el futuro y la potencialidad de un país. Debemos pensar en una gobernanza de la globalización y la modernización mas policéntrica, capaz de integrar a más actores, y de compartir así normas y costos, pero también beneficios.
Hay algo en la estructura social que se formó en el 2003 que demanda del Estado una presencia y asistencia gravitante, así como un virus se come un cuerpo lentamente. Esa idea nefasta del Estado como protagonista del mejoramiento de la vida o del Estado presente, de bienestar, o peor todavía que el Estado tiene que darlo todo, nos llevaron hoy a la decadencia de una República al borde del abismo con indicadores que ni los gobiernos más funestos tuvieron donde el orden fiscal y los mercados completamente destruidos, siendo el principal rasgo de este gobierno y de su Presidente la ineficacia en políticas públicas y sus niveles de cinismo.
El problema de fondo de la Argentina y el debate que debemos dar, no solo la política, sino también los medios de comunicación, el mundo de la cultura, empresarios, trabajadores, es si vamos a aceptar el capitalismo que es la única salida de modelo y el único sistema que rige el mundo. Los países que crecen y se desarrollan son los que no cuestionan el capitalismo como sistema económico y político. Mientras estos gobiernos, grupos y movimientos sociales que se identifican con sectores de la izquierda radicalizada, que por cierto y por suerte, son minoritarios, sigan adoptando el sistema del pobrismo y la corrupción inescrupulosa, seguiremos siendo un país alejado del sendero del crecimiento, el emprendedurismo y el mundo del trabajo.
Somos un país que nada tiene que ver con dictaduras como Venezuela, Nicaragua o Cuba, tenemos mucha potencia y mucho PBI privado, la Argentina no se asimila a esas dictaduras. Es necesario y decisivo volver a instalar los valores del esfuerzo, del mérito y el trabajo emprendiendo un camino lógico racional y responsable, basado en el capitalismo, con un marco amplio e integrado al mundo.
*Juan Pablo Chiesa es abogado especializado en Empleo y Políticas Públicas, escritor, docente y Presidente de Aptitud Renovadora.