Los cambios en el Gobierno llegan de la mano de más impuestos
La interna entre Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner puede terminar teniendo un alto costo, como mínimo, para los bolsillos de algunas empresas argentinas. Martín Guzmán siguió haciendo equilibro todo el fin de semana desde Chapadmalal entre las presiones del kirchnerismo más duro y la necesidad de aplicar reformas, algunas de ellas hoy en peligro; a pesar de ya estar acordadas con el FMI. Los argentinos hoy deberían prestar atención a ese reparto de medidas para nivelar entre los dos bloques en guerra dentro del oficialismo, ya que el impacto final puede ser otra suba impositiva que no estaba en el horizonte hasta hace una semana.
El ministro viene de ganar algo parecido a una batalla dentro de su propio gobierno: la secretaría de Energía, comandada por Dario Martínez, convocó a la audiencia pública para debatir los incrementos tarifarios que el país tiene por delante. En el memorandum de entendimiento firmado con el FMI figura claramente el compromiso de avanzar en una suba de tarifas que reduzca el peso que tienen los subsidios a la energía dentro del deficit, Para que ese incremento se produzca, de acuerdo a la legislación argentina, debe haber una audiencia pública. Esa fue una de las armas que utilizó el kirchnerismo dentro de la oposición que mantenía con Guzmán en contra del acuerdo con el Fondo. De ahí la importancia que el propio ministro le da al avance que logró con la convocatoria que hizo Martínez.
Guzmán no habla solo de tarifas, tambien avanza en conversaciones sobre distribución del ingreso y reparto de asistencia a los sectores mas impactados por la crisis. En su retiro cerca de Mar del Plata, no tuvo una reunión conjunta con todo su equipo sino que fue recibiendo o hablando a través de Zoom con cada uno de ellos. De allí se supo que el gobierno no esta pensando en un nuevo IFE, como el que usó durante el momento mas duro de la cuarentena para asistir a quienes no tenían ningún ingreso, sino de una asistencia a monotributistas y autónomos.
Enfrente está el kirchnerismo reclamando buscar financiamiento en quienes, interpretan, se beneficiaron con la suba de precios internacionales en algunos productos por la invasión de Rusia a Ucrania. De la idea de gravar directamente esa supuesta "renta inesperada", Guzmán pasó a pensar en una suba en el impuesto a las ganancias para las empresas que hubieran tenido ese beneficio extraordinario. Esto implica elevar la tasa máxima actual de Ganancias de 35% a un 15% más. No está claro todavía si al kirchnerismo duro le alcanza o no con esa medida para creer que Guzmán está dando una prueba de amor real.
En la práctica, tampoco hay certeza que esa renta extraordinaria por la guerra pueda comprobarse o que de allí resulte un ingreso sensible para el país. Por ahora, de esa guerra hay un solo punto claro en el impacto económico que tiene para Argentina: por las restricciones, las retenciones y la falta de inversiones en materia energética el país se perdió de exportar el gas que tiene sin extraer y el trigo que tiene para vender justo cuando el mundo más lo requiere. Además, es impredecible cuál puede ser la reacción a otra suba tributaria en un país donde cada empresa ya soporta 167 tributos y tasas diferentes.
Guzmán parte a Washington a la Asamblea de primavera del FMI-Banco Mundial acompañado de su secretario de Hacienda, Raúl Rigo y el de Financiamiento, Ramiro Tosi. El resto del equipo permanecerá trabajando en Buenos Aires. Durante la semana que el ministro se quede en EE.UU, Alberto Fernández deberá avanzar, al menos, sobre las presiones que recibe en la interna para un cambio de parte de su gobierno. Nunca fue tan complicado identificar el tipo de cirugía que deberá aplicar el presidente ya que el sentido de las reformas que hacen falta es distinto según lo mire el albertismo residual y parte los gobernadores o el kirchnerismo duro que sigue a Cristina.
Guzman cree que, más allá de los ruidos, Alberto Fernández seguirá apoyándolo. La base de razonamiento que siguen en el gobierno es simple: "Guzmán es Alberto. El presidente no tiene hoy otro plan". El ministro cree también que en Washington no le complicarán la vida al menos en la primera revisión del acuerdo que llega en mayo. Habrá reproches por la falta de avances en la reformulación del Presupuesto Nacional y por el sendero que sigue la inflación en Argentina, sobre todo después del 6,7 % del IPC de marzo, pero no mas que eso. Al fin y al cabo todo saben, en el FMI y el la Casa Rosada, que el acuerdo se firmó para que no fuera cumplido. O más bien, siempre fue política y económicamente imposible de cumplir. Curiosamente esa fue una de las fortalezas del gobierno frente al tema: la decisión política del FMI y de la administración Biden de no dejar a Alberto Fernández caer en default. A pesar que el kirchnerismo no lo quiera ver, Washington en pleno le hizo casi el mismo favor que a Mauricio Macri durante la administración Trump.
La tormenta inmediata, entonces, no parece que venga del Fondo sino de algo más tangible y directo para los argentinos: la inflación. La definición de los cambios en el gabinete, más allá de los movimientos políticos que pueden involucrar varias carteras, tendrá impacto en la política sobre precios. Roberto Feletti no logró aplicar ninguna medida que resultara positivamente en una baja de la inflación. Precios congelados, de cercanía, canasta de frutas y verduras, cortes populares (7 cortes de carne), suba de retenciones o fideicomiso de trigo; todo falló, como era obvio y como había fallado cada vez que se lo intentó en la historia argentina.
No está claro, de todas formas, que en el menú de cambios que analiza Alberto Fernández está incluida la Secretaria de Comercio Interior; incluso a Feletti puede esperarle una promoción superior. En ese ejercicio juegan otras presiones sobre las que Cristina Fernández de Kirchner tiene un interés personal. Axel Kicillof, por ejemplo, es nombrado frecuentemente para aportar ideas que "refresquen" el ambiente económico de estos días. Difícil que produzca ese efecto si juega en tandem con Guzmán, ya que ambos parecen incompatibles. Además, el gobernador quiere reelegir, a pesar que Martín Insaurralde pretenda correr la misma carrera, y no parece estar interesado en comprometerse con temas económicos. Eso no implica, como quiere Cristina, que aparezca aportando al gobierno nacional. No debe olvidarse que Kicillof tiene dentro de su gabinete a Augusto Costa, hoy ministro de la Producción bonaerense. Costa fue el reemplazante de Guillermo Moreno en la Secretaría de Comercio Interior y el inventor del programa Precios Cuidados, el plan que hasta Macri mantuvo en vigencia. Costa le garantizó a Cristina en el final de su segundo mandato menos tormentas con las empresas que las que había tenido hasta ese momento y duró en su cargo hasta el final el 10 de diciembre de 2015. Es un dato que este fin de semana se recordó en todo el gobierno.