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Ganó el equipo, volvieron los grupos

El espíritu de equipo con el cual construyó Leonel Scaloni el éxito mundialista, rápidamente dejó lugar a las mezquindades políticas domésticas y la falta de eficacia en la toma de decisiones.
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Omar Perotti recibió en Rosario a Lionel Messi y Ángel Di María. Los saludó y les deseó un buen descanso y mejor estadía en la ciudad que los vio nacer. El sueño de Alberto Fernández hecho realidad en otro. El de Wado de Pedro, Florencia Carignano o Pablo Ceriani también, en especial luego de la frialdad de la Selección en el arribo a Ezeiza en la madrugada del martes.

Los festejos, cuya organización nunca estuvo a la altura de la Copa del Mundo obtenida, evidenciaron una vez más la falta de autoridad y centralidad presidencial.

El cruce público tras los gritos telefónicos entre el Chiqui Tapia y Aníbal Fernández, ratifican el cono de sombra en el que entró el gobierno desde hace tiempo.

El desaire a la política tocó su punto cúlmine con la negativa de los jugadores consagrados a saludos protocolares y la utilización del balcón de la Rosada, adornado para la ocasión e incentivado por el poder hasta último momento.

Pareció más una descripción del sentimiento social mayoritario, que de un grupo de campeones mundiales.

La decisión presidencial de decretar un feriado nacional fue el segundo eslabón de desaire al Presidente, aunque esta vez provino de la propia política. Unos 8 gobernadores afines y del peronismo salieron a desmarcarse del Presidente y desconocieron el feriado. Sus provincias no adhirieron.

El caso más sintomático fue Tucumán. Allí el gobernador en ejercicio, Osvaldo Jaldo, fue el primero en no acatar lo que el gobernador en licencia (Juan Manzur) firmó siendo Jefe de Gabinete de Ministros del gobierno nacional. Un despropósito. Solo entendible en el desorden de gobierno actual.

Es cierto que en CABA, las cosas tampoco fueron lineales. Mientras Horacio Rodríguez Larreta adhirió al feriado, Jorge Macri (su ministro de gobierno) despotricaba contra la idea del mismo. El eventual sucesor desairaba en público lo que el Jefe de Gobierno acató.

El espíritu de equipo con el cual construyó Leonel Scaloni (y su cuerpo técnico) el éxito mundialista rápidamente dejó lugar a las mezquindades políticas domésticas y la falta de eficacia en la toma de decisiones.

El gobierno no pudo organizar el operativo de seguridad para que los jugadores hagan lo previsto. No hubo coordinación ni siquiera con la provincia de Buenos Aires, que también gobiernan. Mucho menos con el gobierno porteño al que le notificaron 30 segundos antes la decisión de evacuar a los jugadores con helicópteros desde la sede de la escuela de cadetes de la Policía Federal.

La cápsula (el micro) nunca se protegió lo suficiente. Realmente los jugadores estuvieron expuestos. La mayor evidencia fueron esas almas que se tiraron sobre los campeones desde un puente, que atravesaron, como si una pileta llena de agua estuviera bajo de ellos.

Allí vino la decisión de concluir la excursión, que el calor mismo ya estaba limitando y el propio ómnibus también. Cuentan los que estuvieron cerca de las decisiones que el embrague estaba al límite y que el motor recalentaba a la velocidad en la que se manejó por más de 4 horas. Circunstancias del destino que apresuraron un final que tuvo en el Chiqui Tapia el descargo: “no pudimos llegar al obelisco porque las fuerzas de seguridad no lo pudieron garantizar”.

Aníbal le respondió a su estilo tildándolo de “cachivache de pacotilla”, ofuscado por la mención concreta a Sergio Berni de parte del presidente de la AFA que había valorado su acompañamiento y el trabajo realizado.

En ese sentido, la interna afloró a flor de piel: “Berni no hizo nada”, sentenció Aníbal. Otra vez nuestra dinámica. Otra vez la imposibilidad de coordinar. Otra vez la interna política. Otra vez la sociedad en la calle fue abandonada a su suerte. De milagro no hubo una tragedia colectiva. Sólo desmanes costosos de reparar y superar por parte de quienes lo sufrieron. Eso sí, un espectáculo bochornoso y una conclusión lapidaria: el mundial nada cambió. Somos lo mismo que antes.