Ritos de iniciación y abuso: qué revela el caso de las jugadoras de hockey del Club Alemán
El caso del Club Alemán de Mendoza expone cómo los bautismos de iniciación pierden su sentido y se convierten en prácticas de humillación.
El equipo de hockey del Club Alemán de Mendoza volvió a la agenda judicial en abril de 2026.
Archivo.El caso: el equipo de hockey del Club Alemán de Mendoza volvió a la agenda judicial en abril de 2026. Seis jugadoras están acusadas de abuso contra una adolescente de 16 años durante un “bautismo” de iniciación. Según el relato, la víctima fue vendada, obligada a cumplir consignas degradantes y filmada. Dijo que estaba en estado de shock, rodeada de jugadoras a las que admiraba, sin margen real para retirarse.
El origen de los ritos
Los ritos de iniciación existen en prácticamente todas las culturas documentadas. No son una anomalía, sino una herramienta social con una función precisa: marcar un corte entre lo que el individuo era y lo que pasaba a ser. En distintas comunidades africanas, muchos rituales de paso incluían aislamiento, pruebas físicas y marcas en el cuerpo que hacían visible el cambio de estatus. En pueblos originarios de América, el ingreso a la vida adulta implicaba atravesar experiencias de dolor o resistencia, siempre dentro de un marco comunitario que les daba sentido.
En la antigua Grecia, los jóvenes que se preparaban para convertirse en ciudadanos pasaban por procesos de formación que combinaban disciplina, exposición y subordinación antes de ser reconocidos como parte plena de la comunidad. Las formas variaban, pero la lógica se repetía. No se trataba de degradar, sino de transformar. Había un antes y un después claros, y un sistema que regulaba los límites del rito. Ese punto es clave: el rito tenía sentido y tenía control.
Para qué sirven
A lo largo del tiempo, estos rituales cumplieron funciones bastante constantes. Marcan quién pertenece y quién todavía no. Aceleran el vínculo entre quienes compartieron la experiencia. Y establecen quién tiene poder sobre quién dentro del grupo. El rito no es solo simbólico. También estructura relaciones.
Cuando el rito se vacía de sentido
El problema aparece cuando esa lógica se traslada a instituciones contemporáneas sin el marco que la contenía. En clubes deportivos, fraternidades o entornos militares, la forma del rito sobrevive, pero su función se invierte. Lo que antes estaba regulado por normas culturales pasa a depender de dinámicas internas sin control. El rito deja de ser una instancia de transformación y se convierte en una práctica de dominación.
Cómo opera la humillación
En ese contexto, la humillación no es un exceso. Es el mecanismo. La secuencia suele repetirse: aislamiento del iniciado, exposición frente al grupo, imposición de consignas y presión colectiva para cumplirlas. No es solo lo que se hace, sino cómo y ante quién se hace. El efecto es previsible. Se rompe la identidad previa, se genera una deuda psicológica y se instala el silencio. Quien atravesó la experiencia tiende a justificarla. No denunciar es, muchas veces, una forma de sostener su lugar dentro del grupo. Por eso el sistema se reproduce. Los que ingresan terminan ejecutando lo mismo.
Escalada y riesgo
Sin límites claros, estos rituales tienden a escalar. Cada generación empuja un poco más, en una lógica donde la intensidad funciona como prueba de pertenencia. Lo que empieza como una práctica menor puede derivar en situaciones de sometimiento y daño grave. Los casos que llegan a la justicia tienen un patrón conocido: señales previas ignoradas, prácticas naturalizadas y ausencia de intervención a tiempo.
Por qué persisten
Estos rituales no desaparecen porque responden a necesidades reales. La necesidad de pertenecer, de ser validado, de construir identidad dentro de un grupo. Cuando las instituciones no ofrecen alternativas, el rito extremo se convierte en el camino más rápido para integrarse. En ese marco, el consentimiento suele estar condicionado: se acepta sin información completa y bajo presión del grupo.
Más allá del caso
El punto no es un club ni un episodio aislado. Es entender qué pasa cuando una práctica que históricamente estuvo regulada por la comunidad queda en manos de estructuras que no ponen límites. Los ritos de iniciación no desaparecieron. Mutaron de forma y cambiaron de escenario. Lo que no cambió es la función: construir pertenencia, ordenar jerarquías, consolidar grupos. La diferencia es que, cuando pierden control, dejan de integrar y pasan a operar como mecanismos de abuso. No es un desvío. Es el resultado lógico de un sistema sin regulación.
Cuando un rito necesita humillar para integrar, deja de ser un rito de paso. Se convierte en un mecanismo de abuso.
* Eduardo Muñoz. Criminólogo. Creador del Teorema de la Omisión Preventiva. Autor de La doble cara del gol (2026), un análisis criminológico del fútbol y el poder.
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