Un macabro Papá Noel: masacró a su familia con armas y lanzallamas
Parecía un 24 de diciembre tranquilo: una familia compuesta por 25 personas se disponía a celebrar una tradicional cena de noche vieja. Sin embargo, cerca de la medianoche llegó un invitado no esperado. Aunque parecía un inocente Papá Noel que traía regalos para la familia, desató una masacre: sacó un lanzallamas y cinco pistolas semiautomáticas y comenzó a disparar indiscriminadamente a niños y adultos. Luego, prendió fuego la casa y se alejó en su vehículo.
Era 24 de diciembre de 2008 en Corvina, una población de los suburbios de Los Ángeles, California, en Estados Unidos. La familia Ortega estaba comenzando a cenar junto a las 25 personas que se encontraban en la residencia: padres, hijos, yernos, nueras, nietos; todos esperaban la llegada de Papá Noel.
Cerca de las 23.30, alguien tocó el timbre de la dirección 1129 en East Knollcrest Drive. Katrina Yuzefpolsky, una niña de 8 años se acercó a la ventana y vio una cara muy familiar vestida de Papá Noel, con un gran paquete en la mano. Corrió, abrió la puerta e intentó darle un gran abrazo, pero una bala impactó directo en su rostro y se desvaneció en el piso.
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El hombre dio unos pasos al interior de la vivienda y, con cinco pistolas semiautomáticas, comenzó a disparar indiscriminadamente sobre los asustados asistentes a la fiesta que, desesperadamente, trataban de huir. Después del interminable tiroteo, desenvolvió el paquete que traía en una de sus manos y sacó un lanzallamas casero. Roció la casa con nafta y la prendió fuego. Después se alejó en su vehículo.
Nueve
Nueve fue el número de personas que murieron por los disparos o el fuego. En tanto, otras tres resultaron heridas: la niña de 8 años que salió a recibirlo, una adolescente de 16 años que recibió un disparo en la espalda y una joven de 20 años que se rompió el tobillo al saltar desde una ventana del segundo piso de la casa.
Durante el ataque, uno de los supervivientes corrió a la casa de un vecino y alertó a la Policía sobre lo que ocurría con los Ortega y dio el nombre del asesino. Mientras hablaba con las autoridades vio de cerca la trágica escena: toda su familia consumiéndose por las llamas.
El fuego comenzó a extenderse con rapidez y violencia y, los adornos navideños, fueron un combustible extra. Ochenta bomberos tardaron una hora y media en apagar el incendio. Luego, todo era cenizas. Las víctimas fueron identificadas a través de los registros médicos y dentales.
¿Quién los mató?
El asesino se subió al auto, se puso su ropa de calle y condujo su Dodge Caliber de alquiler hasta la casa de su hermano en Sylmar, un barrio ubicado a 50 kilómetros de la casa de los Ortega. No había nadie en casa. Se ubicó en el sillón principal y se disparó en la cabeza.
El hombre, identificado por los supervivientes como Bruce Jeffrey Pardo, de 45 años, enfrentaba un divorcio con Sylvia Ortega Orza Pardo (43) a quien asesinó con un disparo de bala. Para las autoridades, este fue el probable motivo para el acto de violencia: la separación de la pareja había finalizado formalmente el 18 de diciembre, una semana antes de masacrar a su familia política.
Bruce Pardo no tenía antecedentes penales y ninguna historia de violencia. Había sido despedido de su trabajo como ingeniero eléctrico en ITT Electronic Systems, Radar Systems, durante el mes de julio. Al parecer su ruptura con Sylvia pudo haber sido causada al ocultar la paternidad de un niño nacido en una relación anterior.
"Me está llevando a la ruina", le dijo Bruce a un amigo, meses antes del asesinato. En junio de 2008, el tribunal de divorcios le había ordenado pagar 1.785 dólares mensuales como manutención. Allí compró la primera arma. Luego, un mes más tarde, fue despedido por facturar horas de trabajo falsas. En agosto compró la segunda pistola. Finalmente, para noviembre ya había adquirido el disfraz y el bidón de nafta.
Al menos tres de las víctimas murieron por heridas de bala, mientras otras cuatro murieron por heridas de bala y el fuego. Las otras dos muertes fueron a causa solo del fuego. Trece menores quedaron huérfanos después de la masacre, y otros dos perdieron a su progenitora.
Los peritajes resaltaron otros detalles: de la escena se recuperaron cuatro rondas de 13 cartuchos de gran calibre vacíos y al menos otros 200 cartuchos. En la casa del criminal, la policía encontró 5 cajas vacías de armas semiautomáticas, 1 escopeta Benelli M2 táctica y 1 bidón de nafta de alto octanaje. Por otro lado, también hallaron algo que fue descrito como "una bomba de fabricación casera".

