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"No he podido dormir": el dramático relato de Rosana Montilla desde Caracas tras los terremotos en Venezuela

Rosana Montilla contó desde Caracas cómo vivió con su familia los dos terremotos que sacudieron Venezuela y dejaron una noche de miedo, lluvia y réplicas en alerta.



La noche se volvió interminable en Caracas después de que dos fuertes terremotos sacudieran Venezuela y obligaran a miles de personas a dejar sus casas. Entre quienes pasaron horas en la calle estuvo Rosana Montilla, experiodista venezolana de MDZ, que relató cómo atravesó la emergencia junto a su familia.

El doble movimiento del 24 de junio, informado con magnitudes 7,2 y 7,5, dejó una escena que se repitió en distintos puntos del país: vecinos reunidos en veredas, edificios evacuados, alarmas de celulares y la incertidumbre de no saber si vendrían nuevas réplicas. El balance oficial seguía siendo provisional este jueves, con al menos 164 muertos y 971 heridos, mientras La Guaira aparecía como una de las zonas más golpeadas. Desde la avenida Andrés Bello, en la zona que conecta hacia el teleférico de Galipán, Rosana Montilla reconstruyó lo vivido: “Yo me encontraba a las 6 de la tarde con mi familia, mis dos hijos y mi esposo en casa”.

“Empezó a temblar muy fuerte”

El operativo de rescate entre los escombros tras los terremotos en Venezuela.

La primera reacción fue instintiva. Rosana estaba comiendo cuando percibió el movimiento y entendió que no se trataba de una vibración pasajera. “Me paró un momento y empezó a temblar”, recordó. En segundos, la rutina doméstica se transformó en una maniobra de protección: “Agarré mis dos hijos y nos paramos debajo de las columnas junto a mi esposo”. Afuera, mientras el ruido crecía y la alarma del teléfono anticipaba la magnitud del terremoto, también se escuchaban los vecinos. “Empezó a temblar muy fuerte, se escuchaban gritos”, agregó. Esa mezcla de sonido, movimiento y urgencia marcó el inicio de una noche en la que cada decisión se tomó con el miedo encima.

La salida fue apurada y sin margen para ordenar nada. Dentro del departamento, algunos objetos comenzaron a caer y la prioridad fue abandonar el edificio. “Como pudimos, salimos de una vez; empezaron a caerse las cosas encima de la nevera”, relató. En la calle, la familia se encontró con una imagen de miedo compartido: “Todos los vecinos estaban afuera, todos salieron por mi sector”. Su edificio, pequeño, no presentó daños visibles y ninguno de sus vecinos resultó afectado, pero la sensación de peligro no terminó con el primer sacudón. Cada intento de regresar quedaba condicionado por nuevos movimientos. “Cada vez que entrábamos, volvía a estremecer, volvía a temblar suave, eran réplicas”, explicó.

Una madrugada entre réplicas, lluvia y espera

Con el paso de las horas, la emergencia se volvió una vigilia. Rosana y su familia evitaron permanecer dentro de la vivienda y buscaron refugio en el auto, en medio de la lluvia que caía sobre Caracas. “Estuvimos más que todo afuera, nos sentamos dentro del carro porque también el clima estaba lloviendo y estábamos en alerta”, dijo. Solo ingresaron por momentos para reunir elementos básicos, algo de abrigo y lo indispensable para sus hijos.

La decisión de volver a la casa llegó recién al amanecer: “Entramos a las cinco de la mañana a la casa nuevamente”. Para entonces, el cansancio físico se mezclaba con una tensión difícil de soltar, la misma que atravesaba a muchas familias que preferían seguir en la calle antes que exponerse a una réplica más fuerte.

El temor por la familia y los edificios

Mientras intentaba contener a sus hijos, Rosana Montilla también comenzó a comunicarse con familiares de otras zonas de Caracas. Sus padres, que viven hacia Los Símbolos, estaban bien y el edificio no había sufrido daños, aunque el sismo también se sintió con fuerza allí. La situación fue más angustiante para su hermano, que vive en Ruiz Pineda, en un piso 12. “Les costó mucho bajar, pero gracias a Dios no colapsó el edificio; pudieron resguardarse en otro lugar”, contó.

También tuvo noticias de familiares en La Rinconada: la estructura no registró daños severos, pero aparecieron grietas en las paredes. En pocas horas, el mapa familiar quedó atravesado por llamados, mensajes y confirmaciones parciales, en una ciudad donde saber que alguien estaba a salvo ya era una forma de alivio. Después de una noche sin descanso, Rosana describió el estado de alerta que persistía incluso cuando el movimiento ya había cesado. “Yo no he podido dormir, me imagino que son los nervios que no me han permitido dormir, entonces ando con el corazón muy acelerado”, confesó. En una Caracas todavía pendiente de las réplicas, de los daños y de las noticias sobre sus barrios, cerró su relato con alivio y temor a la vez: “Hasta el momento eso es lo que te puedo contar y pidiéndole a Dios que nos mantenga vivos y a salvo”.