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La caída de los gigantes: el informe RAND y la muerte de la objetividad en Estados Unidos

Informe de RAND sobre la Red de Centros de Control de Envenenamientos en Estados Unidos generó debate por su evaluación económica y críticas a la metodología.


Durante décadas, la RAND Corporation fue el estándar de referencia del pensamiento estratégico. Nacida bajo el ala de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos en la Guerra Fría, era el lugar donde los intelectos más brillantes calculaban lo impensable con una frialdad matemática.

Su reputación se basaba en la independencia analítica como premisa sagrada. Sin embargo, el reciente informe sobre la Red de Centros de Control de Envenenamientos revela una realidad mucho más sórdida.

Por su parte, este reporte concluye que la Red genera un alto valor económico y social en Estados Unidos, con beneficios sustanciales por cada dólar invertido en prevención, tratamiento y manejo de intoxicaciones.

Entre tanto, aquel bastión de la imparcialidad mutó en una consultora de lujo dispuesta a torturar los datos hasta que confiesen lo que el cliente necesita escuchar. Y el caso de este informe sobre prevención de envenenamientos es un síntoma flagrante de esta decadencia.

En un momento donde la economía estadounidense cruje bajo el peso de un gasto público descontrolado y una deuda insostenible, la burocracia estatal busca escudos para evitar los recortes, y RAND entregó eso con un documento diseñado no para buscar la verdad, sino para blindar presupuestos. Al utilizar métricas espurias y proyecciones económicas infladas justifica la existencia de líneas telefónicas en la era de la información digital, la organización no está haciendo ciencia, hace lobbying o cabildeo disfrazado de estudio académico.

Este fenómeno no es aislado, sino que es la captura institucional de la "seriedad". La política y las ideologías de moda, a menudo agrupadas bajo el paraguas de lo "woke" o progresismo identitario, colonizaron las estructuras de estas organizaciones. Lo que antes era análisis geopolítico o económico riguroso, ahora pasa por un filtro ideológico que determina de antemano las conclusiones permitidas. RAND se convirtió, en la práctica, en un mercenario del status quo, vendiendo su prestigio histórico al mejor postor burocrático para legitimar el despilfarro y proteger estructuras obsoletas.

La gravedad de este asunto radica en que RAND era uno de los últimos refugios de la credibilidad técnica. Su caída en el panfletismo ideológico la coloca en la misma triste categoría que grandes medios como el New York Times o el Washington Post. Estas cabeceras, que antaño derrocaban presidentes con sus investigaciones, hoy se asemejan a la prensa oficialista de dictaduras centroamericanas, ya que son predecibles, serviles al poder que les alimenta y absolutamente desconectadas de la realidad objetiva. No informan sino que adoctrinan; y ahora, los think tanks o consultoras como RAND se plegaron a este coro uniforme.

Lo más irónico de este panorama desolador es la histeria colectiva actual sobre el "sesgo" de la inteligencia artificial. Se gastan millones en conferencias y regulaciones para asegurar que los algoritmos sean "éticos" y "neutrales", mientras las instituciones humanas que dirigen el mundo abandonaron cualquier pretensión de neutralidad.

Criticar a una IA por alucinar un dato o tener un sesgo en su base de datos resulta casi ridículo cuando se compara con la manipulación deliberada, sistémica y financiada de organizaciones como RAND.

La inteligencia artificial puede equivocarse por error de cálculo o falta de datos; sin embargo, estas organizaciones mienten por diseño y por contrato. El peligro real no es un algoritmo que no entiende el contexto, sino una élite intelectual que comprende perfectamente el contexto y elige distorsionarlo para mantener su flujo de fondos, sacrificando la verdad en el altar de la conveniencia política.

Las cosas como son.

*Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.