Cuál es el extraño trabajo que Iván González, el hijo de Jairo, hace en París para poder vivir
Iván González supo construir una carrera en Argentina a partir de sus talentos para la rama artística, y por eso protagonizó varios tanques de la televisión. No obstante, en un momento el amor lo impulsó a mudarse a París para configurar una familia con su esposa argentina.
El hijo del enorme Jairo reside en Francia desde hace 17 años, aunque no se olvida de las raíces criollas, por eso sacó la ciudadanía recientemente. Lo cierto es que desde esa ciudad tan glamorosa, Iván contó su presente y sobre todo explicó su trabajo muy especial.
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En una entrevista con La Nación, González se lanzó a detallar su principal fuente de ingresos, que se vincula con sus capacidades artísticas y que se desarrolla en un espacio singular: un cabaret. Pero lejos de lo sórdido, se trata de un lugar con muchos estímulos del arte.
“Soy director artístico de un cabaret que se llama Madame Arthur, en París. Es el cabaret travesti más importante de Francia y el año pasado hemos festejado 75 años. Es un lugar histórico de la lucha LGTB, en el que todas las semanas cambiamos de espectáculos, con artistas que van rotándose”, contó.
Con el entusiasmo de la tarea creativa, el hijo de Jairo profundizó: “No es un cabaret oscuro, al contrario, es un lugar de interés cultural. Empecé a trabajar ahí haciendo puestas, la primera fue una sobre Queen. Todas las semanas hay un show diferente, lo cual te obliga a una gimnasia creativa súper potente. Y es muy divertido”.
Claro que también aborda otras ramas, otras facetas de sus habilidades, por eso en suelo francés continúa con otras expresiones. “Estoy preparando una película con Xavier Gens, un director de cine de terror muy conocido. Hice la película Errante corazón, con Leo Sbaraglia, y tengo una propuesta para entrar en una serie, pero aún no lo decidí. Sigo actuando”, exteriorizó.
En cuanto al punto cero de su decisión de abandonar Argentina y radicarse en París, Iván confesó: “No pensaba venir a Francia. Fue un impulso. Me iba muy bien en Buenos Aires, acababa de hacer Doble vida y tenía proyectos, vine a verla y al mes, cuando me tenía que volver, la miré y le dije que me aburría mucho la vida sin ella”.
Una trama romántica, por eso reconoció esa pulsión que lo atravesó y lo llevó a cambiar de rumbo por un sentimiento poderoso: “Y rompimos el pasaje. Se puede ser extremadamente cursi en la vida... Pero así fue”.