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El zumbido que desconcierta al mundo: por qué algunas personas oyen un sonido que nadie más percibe

Un fenómeno llamado The Hum intriga a científicos. Un nuevo estudio apunta a una posible forma de tinnitus de baja frecuencia. ¿Sentís el zumbido?


Hay personas que aseguran escuchar un zumbido persistente, grave, casi vibratorio, que aparece sin una fuente visible. No proviene de un electrodoméstico, no sale de una obra cercana ni parece estar relacionado con el tráfico. Lo más desconcertante es que, muchas veces, quienes están alrededor no oyen absolutamente nada.

A ese fenómeno se lo conoce internacionalmente como The Hum, “el zumbido”, y desde hace décadas aparece en relatos de distintos países. Para algunos es una molestia leve; para otros, una presencia capaz de alterar el descanso, generar estrés y volver insoportable el silencio de la noche.

El misterio acaba de sumar una nueva pista científica: una investigación publicada en PLOS One analizó a personas que dicen percibir este sonido de baja frecuencia y propuso que, en muchos casos, podría tratarse de una variante poco común de tinnitus subjetivo, es decir, un sonido fantasma generado por el propio sistema auditivo.

Foto: Freepik

Cuándo suele aparecer el zumbido

Quienes conviven con The Hum suelen describirlo como un murmullo profundo, un motor lejano, una vibración o un retumbar de baja frecuencia. A diferencia del tinnitus más conocido, que suele asociarse a un pitido agudo, este sonido se percibe como algo más grave y envolvente.

Uno de los rasgos más llamativos es que suele hacerse más evidente cuando baja el ruido ambiental. Por eso muchas personas lo detectan de noche, dentro de sus casas, cuando todo parece estar en silencio. En ese momento empiezan las búsquedas: revisar enchufes, apagar electrodomésticos, escuchar paredes, mirar el garaje o intentar encontrar algún origen externo. Pero la fuente no aparece.

Un fenómeno que empezó a registrarse hace décadas

Los reportes sobre este zumbido no son nuevos. Según la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología, el fenómeno fue documentado a mediados de los años setenta en Bristol, Reino Unido, cuando vecinos comenzaron a enviar cartas a un periódico local para contar que escuchaban un ruido persistente sin causa aparente. Con el tiempo, casos similares fueron reportados en otros puntos del mundo, incluidos Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica y varias ciudades europeas.

Durante años se ensayaron explicaciones muy distintas: ventiladores industriales, tráfico, sistemas de climatización, tendidos eléctricos, aerogeneradores, oleaje, viento o maquinaria urbana. También circularon hipótesis mucho menos verificables, desde experimentos militares hasta teorías conspirativas. El problema es que ninguna explicación logró dar cuenta de todos los casos.

La nueva pista: mirar menos al ambiente y más al oído

El equipo dirigido por Markus Drexl, investigador asociado a la NTNU y al Centro Alemán de Vértigo y Trastornos del Equilibrio, decidió abordar el problema desde otro lugar. En vez de buscar únicamente una fuente externa, estudió a las personas que afirmaban escuchar el zumbido.

La investigación trabajó con 28 voluntarios que percibían sonidos de baja frecuencia. Entre quienes pudieron asociar su percepción a una frecuencia concreta, la referencia se ubicó alrededor de los 50 hercios, un registro similar al del zumbido eléctrico.

Los investigadores evaluaron si esas personas tenían una capacidad auditiva extraordinaria para detectar bajas frecuencias. Sin embargo, los resultados no mostraron una sensibilidad excepcional de manera generalizada: solo algunos casos se apartaban claramente de lo esperable.

Foto: Freepik

¿Puede el oído generar un sonido que parece venir de afuera?

Otra hipótesis analizada fue la de las emisiones otoacústicas, pequeños sonidos que puede producir el oído interno. Pero esa explicación tampoco encajó del todo, porque las emisiones detectadas aparecían en frecuencias mucho más altas que las descriptas por los participantes.

Con esas posibilidades debilitadas, los investigadores propusieron una alternativa: The Hum podría ser, en muchos casos, una forma de tinnitus subjetivo de baja frecuencia. En otras palabras, el sonido no necesariamente provendría del ambiente, sino de una actividad del propio sistema auditivo que la persona interpreta como si estuviera afuera.

La NTNU remarcó que aún se sabe mucho menos sobre cómo el sistema auditivo procesa sonidos graves e infrasonidos que sobre las frecuencias más altas, lo que vuelve a este fenómeno un campo todavía abierto para la investigación.

Una explicación posible, no una respuesta definitiva

El estudio no afirma que todos los casos de The Hum tengan el mismo origen. Algunas personas podrían estar expuestas a fuentes reales de baja frecuencia difíciles de detectar, medir o ubicar. Ese tipo de sonidos puede viajar de forma compleja, atravesar estructuras o confundirse con vibraciones ambientales.

Tampoco se trata de negar lo que sienten quienes lo padecen. Aunque el origen pudiera estar en el sistema auditivo, la experiencia es real para quien la atraviesa. En la investigación, una parte importante de los participantes describió el fenómeno como estresante, especialmente porque familiares o convivientes no podían percibir el mismo sonido.

Esa soledad auditiva es una de las claves del malestar: escuchar algo que otros no oyen puede generar dudas, frustración e incluso la sensación de no ser creído.

Foto: Freepik

Por qué el hallazgo podría ayudar a buscar tratamientos

Si una parte de los casos de The Hum está relacionada con tinnitus de baja frecuencia, el fenómeno podría empezar a abordarse con herramientas similares a las utilizadas para otras formas de tinnitus, aunque adaptadas a sus particularidades.

El hallazgo también abre una línea de investigación sobre una zona menos conocida de la audición humana: la forma en que el cerebro y el oído procesan frecuencias graves, vibraciones e infrasonidos.

Por ahora, The Hum sigue siendo un misterio con nuevas pistas. Pero el cambio de enfoque es importante: quizás la respuesta no esté siempre en una fábrica, un cableado o un motor lejano. En algunos casos, podría estar mucho más cerca de lo que se pensaba: dentro del propio oído.