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Cuatro lugares de Mendoza donde las vacaciones de invierno se convierten en un viaje al pasado

La alta montaña de Mendoza y Malargüe guardan paisajes que parecen de otro tiempo: leyendas incas, petroglifos, bosques petrificados y fósiles marinos.


Mendoza tiene postales de nieve, rutas escénicas y paisajes que parecen diseñados para detener el auto y sacar una foto. Pero algunas de sus excursiones más atractivas no solo impresionan por la belleza natural: también permiten viajar hacia atrás en el tiempo.

En la alta montaña de Las Heras y en distintos rincones de Malargüe, la provincia conserva sitios donde la geología, la arqueología, las leyendas y la historia se mezclan en experiencias ideales para las vacaciones de invierno. Son lugares para recorrer con abrigo, cámara en mano y ganas de mirar más allá del paisaje.

Puente del Inca, Cerro Tunduqueral, Geoparque Llano Blanco y Cascada de Manqui-Malal tienen algo en común: cada uno, a su manera, permite entender que Mendoza no solo se recorre, también se interpreta.

Puente del Inca, uno de los lugares en alta montaña más visitados de Mendoza.

Puente del Inca: el monumento natural que guarda una leyenda ancestral

En plena Cordillera de los Andes, a unos 2.700 metros sobre el nivel del mar, el Puente del Inca es uno de los sitios más reconocidos de la alta montaña mendocina. Su formación geológica, atravesada por tonos amarillos, ocres y anaranjados, impacta en cualquier estación del año, pero en invierno adquiere una atmósfera especial.

El lugar no solo llama la atención por su belleza natural. También carga con una de las leyendas más conocidas de la región. Según la tradición, un príncipe inca enfermo necesitaba llegar hasta las aguas termales del lugar, consideradas curativas. Para ayudarlo, sus guerreros habrían formado un puente humano sobre el río. Al día siguiente, esos cuerpos habrían quedado petrificados, dando origen al puente natural.

Más allá del relato legendario, el sitio forma parte del antiguo Camino del Inca, una red milenaria que conectó distintos territorios andinos a lo largo de miles de kilómetros. Por eso, visitar Puente del Inca no es solo mirar una rareza geológica: es acercarse a un paisaje cargado de espiritualidad, memoria y sentido histórico.

El Cerro Tunduqueral queda en Uspallata.

Cerro Tunduqueral: petroglifos, montaña y huellas de pueblos originarios

A pocos kilómetros de Uspallata, el Cerro Tunduqueral ofrece una experiencia completamente distinta dentro del departamento de Las Heras. Allí, a unos 2.000 metros de altura, se conservan más de 400 petroglifos prehispánicos grabados sobre rocas, testimonio del paso de antiguos pueblos originarios por la zona.

El recorrido permite observar figuras, símbolos y marcas que abren preguntas sobre las formas de comunicación, la espiritualidad y la relación con el territorio de quienes habitaron o transitaron ese paisaje hace siglos.

El valor del Tunduqueral está justamente en esa combinación: montaña, silencio, arqueología y misterio. No es un paseo para recorrer apurado. Es un sitio que invita a detenerse, observar las piedras y comprender que mucho antes del turismo, de las rutas y de los mapas modernos, ese lugar ya tenía significado.

En vacaciones de invierno, cuando la luz de la montaña cambia y el paisaje adquiere una austeridad más profunda, el cerro se vuelve una parada ideal para quienes buscan una salida con contenido histórico y una conexión más íntima con el entorno.

Mendoza cuenta con hermosos sitios que transportan al pasado como lo es el Geoparque Llano Blanco, en Malargüe.

Geoparque Llano Blanco: un bosque petrificado en el sur mendocino

A unos 75 kilómetros al sur de Malargüe, el Geoparque Llano Blanco propone un viaje mucho más antiguo: uno que se remonta a millones de años. Su principal atractivo es un bosque petrificado donde se conservan troncos de araucarias que datan de entre 80 y 130 millones de años, correspondientes al período Cretácico.

Caminar por este sitio implica encontrarse con restos de un paisaje prehistórico que alguna vez fue completamente diferente al actual. Donde hoy predominan la aridez, las rocas y el silencio, existieron antiguos ambientes con vegetación que el paso del tiempo transformó en vestigios minerales.

Pero Llano Blanco no se agota en la historia geológica. El lugar también conserva marcas del pasado colonial y rural de la región, como el casco histórico de la antigua Estancia La Urrutia, de 1860, las ruinas del Molino Llano Blanco, corrales de pirca y una casa destinada a servicios turísticos.

La experiencia puede completarse con almuerzos típicos, como asado o chivito, y alojamiento en un refugio de montaña. Es una alternativa ideal para quienes quieren alejarse de los circuitos más clásicos y descubrir un Malargüe profundo, donde la historia está escrita en piedra.

Manqui-Malal, en Malargüe.

Manqui-Malal: fósiles marinos y un salto de agua que en invierno se congela

A solo 30 kilómetros de la ciudad de Malargüe, la Cascada de Manqui-Malal combina geología, caminata y una postal invernal que suele sorprender a los visitantes. Su caída de agua, de aproximadamente 30 metros de altura, puede congelarse durante los días de temperaturas más bajas, creando una imagen impactante entre bardas y paredones rocosos.

El nombre del lugar proviene de la lengua mapuche: manqui, que significa cóndor, y malal, que significa barda. Ese origen ya anticipa el carácter del paisaje: un espacio donde la naturaleza se impone y donde cada formación parece guardar una historia.

El recorrido hacia la cascada puede realizarse con guía o de manera autoguiada en otros momentos del día. La caminata dura alrededor de una hora y media y permite observar fósiles marinos incrustados en las paredes del cañadón, una prueba visible de los cambios que atravesó la región a lo largo de millones de años.

Manqui-Malal es uno de esos lugares donde el paisaje funciona como una clase abierta de geología. El agua, las bardas, los fósiles y el frío construyen una experiencia muy distinta a la idea tradicional de vacaciones de invierno.