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Tras la decisión de Fitch: qué implica la mejora de la calificación de Argentina

El mercado festejó la suba de calificación de Fitch porque abre la puerta, aún entreabierta, a los grandes inversores institucionales del mundo.


El Gobierno recibió la grata noticia, en medio del lamentable sainete Adorni, que la calificadora de riesgo Fitch le subió la nota a la Argentina de CCC+ a B-. Se trata de apenas un escalón, pero el impacto de pasar del segmento C al segmento B es muy relevante para los grandes inversores institucionales, y por eso fue celebrado por el mercado.

De ahí que sea relevante entender qué implica esta mejora en la calificación y qué otras noticias tendrían que producirse para que esto tenga un impacto mayor.

En primer lugar, hay que entender que una mejora en la calificación crediticia de un emisor de deuda como es el Tesoro Argentino indica que, para la agencia calificadora, ha mejorado el perfil de riesgo. O sea, que aumenta la probabilidad de que se cumplan los flujos de pagos comprometidos en tiempo y forma.

Estas calificaciones son la referencia que tienen los inversores para ordenar los riesgos y valuar los distintos activos, según el apetito de riesgo de cada inversor.

Hedge Funds

En segundo lugar, vale recordar que existen dos perfiles muy marcados de inversores de alto volumen, los fondos de cobertura o “Hedge Funds”, y los llamados “Real Money”.

Los primeros, son vehículos de inversión alternativos, agresivos y poco regulados, que buscan rentabilidades altas tanto en mercados alcistas como bajistas.

Por lo tanto, son los que toleran niveles de calificación crediticia más baja. Suelen entrar en activos de alto riesgo, a precios muy bajos apostando a la suba de precio de ese activo más que al devengamiento que ofrecen.

Inversores institucionales

Mientras que los segundos, son inversores institucionales tradicionales (fondos de pensiones, compañías de seguros, fondos de inversión mutuos, fondos universitarios) que gestionan dinero de terceros con un enfoque de largo plazo y con un perfil de riesgo más conservador.

Estos inversores, que suelen manejar las carteras de mayor volumen, suelen tener políticas de selección de activos mucho más exigentes. Es allí donde resulta habitual que tengan políticas de riesgo que exijan al menos una calificación de B o superior.

Para tener una mera dimensión de qué dinero manejan, los “Hedge Funds” administran más de 5,5 trillones de dólares, mientras que los “Real Money” gestionan más de 145 trillones de dólares. De modo que poder entrar en las carteras de los “Real Money” puede convertirse en un catalizador que transforme por completo la demanda de un activo.

Fondos argentinos

Está claro, como ocurrió en la gestión de Cambiemos, que los “Hedge Funds” compran activos argentinos a bajos niveles de paridad para luego salir cuando ya capturaron el proceso de suba, por lo que hoy están más para salir que para volver a entrar.

En cambio, en el segmento de “Real Money” casi no hay activos argentinos y la apertura de esa puerta puede ser el disparador para el retorno con buen volumen al mercado de capitales.

Algo clave para el equipo económico de Luis “Toto” Caputo. Ahora bien, ¿qué falta para se abra el mercado de Real Money para Argentina?

Líderes globales

A nivel global las calificadoras de referencia son Fitch Rating, Moody's y Standard & Poor's (S&P), y dado esto el mecanismo más habitual es que los inversores tomen como referencia la calificación que se repita en al menos 2 de las 3 principales.

Hoy Fitch Rating fue la primera en otorgar a los activos del Tesoro Nacional una calificación de nivel B, las otras dos todavía se manejan en el rango alto de C. Entonces, si S&P o Moody’s suben la calificación, el mercado podría leerlo como una confirmación de que la mejora no es solo puntual o táctica, sino más sostenible en el tiempo y con impacto directo en las políticas crediticias de los “Real Money”.

Claro que si no se alinean las tres calificadoras ello no implica que Argentina pueda colocar deuda, pero lo haría a un mayor costo y enfrentaría una menor demanda. O sea, tasas de interés más altas y menos inversores interesados por mayor sensibilidad a shocks políticos o cambiarios.

Por ende, de cara a 2027, la convergencia de ratings sería una señal clave: si las agencias empiezan a alinearse antes del ciclo electoral, eso ayudaría a reducir la prima de refinanciamiento, pero si esperan hasta después para tener más claridad política, el país podría llegar a los vencimientos con una mejora crediticia incompleta.

En síntesis, que Fitch haya movido primero es importante, pero el verdadero salto de calidad llegaría si S&P o Moody’s acompañan, y no por una cuestión reputacional, sino porque una segunda validación ampliaría la base de inversores, bajaría el costo esperado de emisión y facilitaría la reconstrucción de acceso voluntario al mercado.

Vale destacar que toda mejora del riesgo país no solo impacta en la renta fija, sino que también luego se traslada al segmento de renta variable.

¿Qué están mirando las calificadoras? Pareciera que Fitch puso más énfasis en la mejora de los flujos: superávit fiscal, menor presión externa, reformas y financiamiento, mientras que, probablemente, S&P y Moody’s le presten más atención a la sostenibilidad del régimen económico.

“Porque no alcanza con que el ajuste funcione hoy; necesitan mayor confianza en que el esquema sobrevivirá al ciclo electoral, al Congreso, a la presión social y a los vencimientos en dólares. En ese sentido, 2026 y 2027 pueden ser un punto de inflexión.

No necesariamente porque las agencias castiguen la elección en sí, sino porque el año electoral aumenta la incertidumbre sobre tres puntos críticos”, explican desde MegaQM. ¿A qué se refieren?

Por un lado, a la continuidad del ancla fiscal: si el mercado percibe que el Gobierno afloja el superávit primario para sostener actividad o competitividad política, S&P y Moody’s podrían esperar.

Por otro lado, el régimen cambiario y acumulación de reservas: Moody’s ya había señalado que la mejora dependía de avanzar hacia sostenibilidad externa y mayor disponibilidad de divisas, pero con buffers todavía débiles.

Pero también la capacidad de refinanciar vencimientos 2026/2027: si el acceso al mercado mejora de forma consistente, las agencias pueden moverse antes. Si depende de apoyo oficial, colocaciones puntuales o condiciones financieras frágiles, la convergencia puede demorarse.

“Esos puntos son los que van a definir si alguna otra agencia calificadora da el paso necesario para que la mejora de Fitch se traslade de manera efectiva a los flujos. Por eso, para analizar el escenario de los próximos meses debemos poner el foco en la manera en que esas variables se van ajustando para entender cuál es la probabilidad de que una segunda agencia tome la misma decisión y se puede observar un salto cuantitativo relevante en el flujo de inversiones de fondos de Real Money hacia activos argentinos”, señala la gestora.