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Papel mojado: cuál es el beneficio de una ley de presupuesto elaborada sobre supuestos "inflados"

Es un clásico de la política local subestimar en el Presupuesto ciertas metas y sobreestimar otras, con el fin de ganar cuotas de discrecionalidad en la asignación de partidas.


Cuando en enero pasado el Senado convirtió en ley el proyecto de Presupuesto 2026 la mayoría de los discursos de legisladores oficialistas, tanto en la Cámara alta como en Diputados, hacían hincapié en que el Presupuesto es una hoja de ruta para la ejecución del gasto público, enfatizando que el país hacía tres años que navegaba sin esa brújula.

Sin dudas, un país serio debe tener una ley de Presupuesto que determine las partidas que cada ministerio y repartición pública puede ejecutar y gastar. Por estas horas el equipo económico está trabajando sobre las planillas que incluirá en el proyecto de Presupuesto 2027 y que enviará al Congreso el 15 de septiembre.

Por cierto, el hecho de que se trate de un año electoral le pone un poco de sal y pimienta a la distribución de partidas, en especial aquellas que concentrarán el foco de la inversión en obras públicas en las provincias, que entran bajo el título de inversión en capital, que como suele ocurrir será parte de una dura negociación con los gobernadores para que sus legisladores acompañen el proyecto en su camino a convertirse en ley.

Supuestos base

Pero todo proyecto de Presupuesto tiene como línea de base algunos supuestos respecto de las principales variables macroeconómicas, que luego darán sustento técnico a los números finos de las diversas partidas.

El dato relevante es que transcurridos casi ocho meses de este año casi ninguna de las metas y supuestos previstos por el Gobierno e incluidos en la ley de Presupuesto vigente se han cumplido, todas las variables quedaron "cortas". Repasemos.

El presupuesto 2026 proyectaba una inflación de 10,1% para todo el año, una meta que quedó muy lejana de la realidad. Ya en abril el acumulado del año marcaba 12,3% y con el dato de julio -último relevado- trepa a 19,3%, casi el doble de lo previsto originalmente. Las estimaciones del mercado ubican la inflación en diciembre cerca del 30% acumulado.

Crecimiento débil

Otra de las variables que quedaron bastante lejos de las proyecciones originales es la actividad económica. Según la ley de Presupuesto el PIB este año crecería 5%.

Ya en enero de este año en su World Economic Outlook el Fondo Monetario Internacional (FMI) proyectaba para Argentina un crecimiento del 4%, el promedio de las consultoras, centros de investigación y entidades financieras que participan del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) marcaba 3,2%.

Transcurridos ocho meses hoy el consenso del mercado está en un crecimiento torno al 2% para 2026 y los más optimistas hablan de 2,5%, la mitad del crecimiento previsto por el equipo económico en la ley de presupuesto.

En cuanto al nivel del tipo de cambio, la ley estima un valor del dólar de $1.423 para diciembre. Es muy difícil, virtualmente imposible que se alcance ese nivel de acá a cuatro meses, siendo que hoy el dólar oficial ya cotiza a $1.535 en las pantallas del Banco Nación.

Cumplimiento de metas

La mención a estas inconsistencias no es gratuita. Es preciso considerar que las proyecciones de ingresos y egresos se basan en estos supuestos, por lo que "errar" por mucho le quita credibilidad al resto de los números del presupuesto.

Nobleza obliga, hay dos variables clave que se cumplieron. Por un lado, el superávit fiscal primario (1,5%) y el financiero (0,2%). Por otro, el nivel de exportaciones, que sobre cumplió la meta de crecimiento del 10,6%. A siete meses del año el incremento acumulado es de 22,9% y se prevé este año llegue a los US$110.000 millones, cuando en todo 2025 acumuló US$87.111 millones.