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Mercados: Europa está perdiendo la carrera tecnológica con Estados Unidos

Desde varios gobiernos del Viejo Mundo prometen la creación del "Silicon Valley europeo" pero la realidad muestra otra cosa.


El furor por la inteligencia artificial (IA) acumula ya largos meses en el top de las principales noticias económicas y financieras, pero mientras en Wall Street no solo se rompen récords y máximos día a día, en Europa todavía los gobiernos siguen prometiendo un hub tecnológico que compita con el ya legendario Sillicon Valley de California.

Sin embargo, la realidad es diferente. ¿Por qué? Unos días atrás Ericsson anunció que abandonaba Kista, el distrito tecnológico al norte de Estocolmo, que durante décadas fue el referente escandinavo, para trasladarse a Hagastaden, y el mercado leyó la noticia como una buena operación inmobiliaria.

Así, la acción de la mayor empresa inmobiliaria sueca Atrium Ljungberg subió más de 5% y uno de sus competidores Castellum más de un 2% en una sola sesión. Pero detrás de esto hay algo más incómodo que una ganancia inmobiliaria.

Alternativas de mercado

Según los medios europeos, Börje Ekholm, presidente y director ejecutivo de Ericsson, fue explícito sobre las razones del traslado: "Con una ubicación privilegiada en el corazón de la ciudad, con fácil acceso a nuestro ecosistema empresarial, socios y responsables de toma de decisiones, Hagastaden es sin duda la mejor opción para nuestras futuras operaciones".

Pero lo que Ekholm no mencionó, pero los datos confirman, es lo que deja atrás: la desocupación de oficinas en Kista ha alcanzado casi el 27% en el primer trimestre de 2026, más del doble que en el centro de Estocolmo, según datos de Colliers citados por Bloomberg.

Si Ericsson libera definitivamente su espacio actual, esa cifra podría escalar hasta el 40%-50%, según la firma inmobiliaria Genesta. Esta especie de diáspora implica que el llamado "Silicon Valley sueco" se está vaciando, y eso es una alegoría útil para entender el estado real del ecosistema tecnológico europeo.

Carlos Suárez de BM señala que, si existe algo parecido a un polo tecnológico de referencia en Europa, ese es Londres, y con una distancia que no admite discusión. La capital británica captó unos 11.900 millones de dólares en financiación tecnológica en 2025, más que las siguientes 20 ciudades europeas juntas.

Así es como el Reino Unido acumula 185 unicornios frente a los 74 de Alemania, los 60 de Francia o los 46 de Suecia. Mientras que París y Berlín compiten en segundo plano. Por el lado de la capital francesa, se observa que con el impulso institucional de Bpifrance y apuestas como Mistral AI, el modelo de lenguaje que los poderes públicos franceses se han convertido en bandera de soberanía digital; mientras que Berlín ostenta una densidad de “startups” de IA sin rival en el continente.

Inversión en tecnología

Según datos de la firma de capital de riesgo Atomico, se trata de ecosistemas reales, con masa crítica, con capital y con talento, pero ninguno genera la gravedad suficiente para retener a sus mejores ingenieros frente a las ofertas de los grandes laboratorios estadounidenses, que pagan entre un 30% y un 70% más por perfiles equivalentes.

Por ejemplo, en el caso español se observa que el ecosistema tecnológico nacional vale 125.000 millones de euros, ha multiplicado por 2,3 su tamaño desde 2020 y es el segundo que más crece en Europa en cinco años, según el Spain Tech Ecosystem Report 2026 elaborado por Dealroom junto a BBVA Spark y Endeavor, y que en 2025 las startups españolas captaron 3.100 millones de euros en venture capital, tercer mejor año histórico.

Sin embargo, España ocupa el puesto 21 en el ranking global de unicornios con cinco en activo, frente a los 14 de Estonia, país con una población 36 veces menor. Además, el talento sigue fugándose: el salario promedio de un ingeniero de software en Alemania supera en 30.000 euros al español, en Reino Unido o Estados Unidos, la diferencia llega a 50.000 euros brutos anuales, mientras que, para algunas especialidades tecnológicas, la brecha con Alemania alcanza el 80%, según datos de DigitalES.

Startups

Está claro que España forma talento de primer nivel que otros ecosistemas se llevan, y precisamente ése es el problema estructural que ningún anuncio de hub resuelve. Por ello, en este contexto, la sorpresa viene del este europeo. El competidor que menos aparece en los discursos políticos occidentales es, paradójicamente, el más dinámico.

El ecosistema de “startups” de Europa Central y del Este vale más de 273.000 millones de dólares y ha crecido a un ritmo 15,5 veces superior al de Europa Occidental en la última década.

Por ejemplo, Polonia lidera con 18 unicornios y un ecosistema valorado en 58.000 millones de euros, pero el caso más llamativo es Estonia que con apenas 1,3 millones de habitantes ha producido 14 unicornios (la mayor densidad del mundo) y el índice StartupBlink 2026 la sitúa en el puesto 12 global.

El "flywheel" báltico, donde los fundadores de Skype y Wise financian y crean la siguiente generación de empresas, funciona con una eficiencia que ninguna política industrial ha logrado replicar en el sur de Europa.

Componentes críticos

Ahora bien, no todo está perdido, porque lo que Europa sí tiene son componentes críticos del ecosistema global: ASML, sin la que no existen los chips avanzados que alimentan la IA; SAP, con más de 300 millones de usuarios en la nube; o Nebius, la infraestructura de IA holandesa respaldada con 2.000 millones por Nvidia y con un acuerdo multianual con Microsoft.

Pero, lamentablemente, ninguna de estas historias es producto de un ecosistema hub al estilo Silicon Valley: ASML es una empresa industrial de Eindhoven; Nebius es una escisión de la rusa Yandex, reconstituida tras las sanciones de guerra; Mistral es una apuesta soberana con financiación pública francesa.

O sea, el Viejo Continente produce piezas de primer nivel para el tablero tecnológico global, pero lo que no tiene, ni Londres, ni París, ni Madrid, es el efecto red, la densidad de capital y la tolerancia al fracaso que convierten un distrito en un ecosistema auto-replicable.

Desde el punto de vista del inversor, la pregunta relevante no es si el Viejo Continente puede ser el nuevo Silicon Valley sino quién capturará el valor de la transición digital europea cuando la fiebre de los anuncios decante. Según la realidad, la respuesta apunta más a Varsovia y Tallin que a los grandes hubs que los gobiernos del sur llevan años prometiendo.