Exportaciones: el podio que Argentina comparte con Pakistán y Libia y los tres lastres que impiden el despegue
El mundo se volvió más complejo, con guerras y proteccionismo, mientras el país no avanza en desatar las amarras que afectan a las exportaciones.
La clave para exportar es mejorar la competitividad pero en mundo más proteccionista y complejo, se hace difícil con algunas medidas restrictivas que rigen en el país.
ShutterstockHace décadas que los gobiernos de todos los colores políticos imaginables, rojo (radicales), azul (peronismo), amarillo (PRO, Cambiemos) o violeta (La Libertad Avanza) hablan de la necesidad de mejorar competitividad para impulsar las exportaciones, pero también desde hace décadas hay al menos tres medidas, que son una mochila de piedras para crecer en este campo.
Y lo curioso es que no se trata de ninguna de las palancas que definen la marcha de la macroeconomía. No hablamos ni de tasa de inflación, ni tipo de cambio, ni mucho menos de la tasa de interés, tres variables, por cierto, que también sería bueno alinear para empujar desde el Estado, generando las condiciones favorables para que los empresarios argentinos decidan incursionar en los mercados de exportación o en caso de ya hacerlo, ampliar su participación en ese negocio.
Mundo proteccionista
Un reciente informe de la Cámara de Exportadores de la República Argentina, centra el foco en el incremento de las medidas restrictivas al comercio global, en un contexto de creciente proteccionismo y defensa de los mercados, que hoy afecta al 19,7% del comercio internacional. Es decir, uno de cada cinco dólares de las exportaciones globales enfrenta medidas restrictivas.
La batería de medidas en este sentido va desde recursos y programas específicos para impulsar a sus sectores productivos y atraer inversiones, hasta medidas de defensa comercial como investigaciones antidumping, medidas compensatorias, salvaguardias), que en 2025 aumentaron en un 10% el valor del comercio afectado.
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También se cuentan barreras de acceso a los mercados, a través de la fijación de aranceles y cuotas. "Estas barreras de acceso se duplicaron en 2025, principalmente por la imposición de aranceles, y el nuevo comercio afectado pasó del 2,45% de las importaciones globales al 11,8%, traduciéndose en un total acumulado del 19,7%", del comercio global, precisó Fernando Landa, presidente de la CERA, durante la presentación.
Todo esto no hace más que afectar las empresas argentinas, que hoy deben competir en un contexto más desafiante. Pero el mayor problema está puertas adentro. Los exportadores denuncian trabas a las operaciones de comercio exterior vinculados a la devolución de impuestos, el pago de retenciones, y la " liquidación mandatoria de divisas".
Podio de dudoso privilegio
Argentina el único país del mundo en que el exportador está obligado a liquidar en el Mercado Único y Libre de Cambios (MULC) la totalidad de las divisas generadas por el comercio exterior. Comparte el podio con Pakistán, que fija la obligación de liquidar en 95% de las divisas y Libia en el 90%.
El punto es que la mayoría de los países tienen libre disponibilidad de divisas, como Argentina sí fijó para las empresas que entraron al RIGI (Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones), una zanahoria para decirles que pueden usar sus dólares como quieran. Sólo unos pocos países tienen algún porcentaje de obligación de liquidación, pero en niveles bajos.
"La liquidación mandatoria de divisas no existe en el mundo", enfatizó Fernando Landa y explicó que eso es "intervención del Estado en los activos que las compañías pueden tener".
Devolución de impuestos
Existe una norma en el derecho aduanero internacional según la cual no se pueden exportar impuestos. Es decir, en el proceso productivo de cualquier país se pagan impuestos en las diversas etapas, pero al momento de embarcar la mercadería no se pueden aplicar impuestos al comprador (importador).
Como es muy difícil discriminar cuánto de impuestos se pagó en el proceso, en Argentina hace ya muchos años que se instrumentó el reintegro a las exportaciones, que prevé la devolución al exportador de los tributos pagados en las diversas etapas, por ejemplo IVA o impuestos indirectos.
El punto es que hay una importante demora en la devolución por parte el Estado, que llega a los ocho meses en el caso de las grandes empresas y a tres meses en el caso de las pymes.
La situación queda expuesta al analizar lo ocurrido en 2025, con exportaciones que crecieron en torno a 10% en el período abril-diciembre (de US$ 6.916 millones en 2024 a US$ 7.601 millones de promedio trimestral en 2025), pero en el mismo lapso los reintegros cayeron -28%, pasando de US$ 123 millones a US$ 89 millones de un año al otro.
El caso paradigmático fue febrero de 2026 cuando los reintegros fueron literalmente cero. Ante el reclamo de los exportadores al Gobierno en marzo se volvió a abrir la canilla y se reintegró una cifra cercana a los US$100 millones, que según dicen los exportadores "es plata de las empresas que retiene el Estado".
Retenciones vigentes
El tercer punto clave es la aplicación de derechos de exportación o retenciones, que aunque bajaron, todavía siguen golpeando o haciendo perder competitividad a varios sectores.
El caso paradigmático es el complejo sojero que paga 24% en el poroto y 22,5% en los subproductos; mientras que maíz y sorgo pagan 8,5%; trigo y cebada 7,5%; girasol 4,5%. También pagan la carne 5%, los autos y algunas autopartes 4,5%, y los productos pesqueros entre 5 y 9%, entre otros.




