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Enfermedad holandesa: ¿qué es y cómo puede afectar a la Argentina?

Crece el riesgo de que Argentina enfrente a la "enfermedad holandesa" tras el aumento de exportaciones. Las particuladades del caso argentino.


A mediados de los años 50, los Países Bajos descubrieron el yacimiento de gas natural de Slochteren. Esto provocó que en la década del ´60 comenzara un fuerte boom exportador, lo que derivó en un ingreso inédito de divisas para el país. Una excelente noticia, salvo por un detalle.

El florín, la moneda que regía allí en ese entonces, se apreció como nunca. De esta forma comenzaron a sufrir todas los demás sectores de la economía, fundamentalmente la industria que vio cómo sus costos aumentaron en comparación con los productos importados.

Esta paradoja, en la que la economía sufre por el boom de exportaciones en vez de beneficiarse de él, es conocido en el mundo como "enfermedad holandesa", término acuñado por los economistas a principios de la década del '80.

Es difícil comparar la experiencia holandesa de esos tiempos con la Argentina de hoy. Sin embargo, es pertinente la pregunta sobre si el prometido boom de exportaciones beneficiará al país en su conjunto, o como sucedió con la Holanda exportadora de los ´60, los beneficios alcanzan a unos pocos en detrimento del conjunto.

La experiencia holandesa

Cuando en 1959 se descubrió un gigantesco yacimiento de gas natural cerca de la localidad de Slochteren, en la provincia neerlandesa de Groningen, los Países Bajos creyeron haber encontrado una fuente inagotable de prosperidad. El hallazgo, que con el tiempo sería reconocido como uno de los mayores campos gasíferos del mundo, transformó rápidamente la economía del país y modificó para siempre su matriz energética.

El gobierno neerlandés apostó decididamente por la explotación del nuevo recurso y comenzó la producción comercial en 1963. En pocos años el gas natural se convirtió en uno de los pilares de la economía nacional. Miles de hogares fueron conectados a una nueva red de distribución y numerosas minas de carbón cerraron ante la expansión de una fuente de energía más barata y abundante, además de menos contaminante.

VACA MUERTA

La entrada masiva de divisas provenientes de las exportaciones fortaleció la moneda y elevó los ingresos fiscales del Estado. Pero, poco tiempo después comenzaron a notarse los efectos secundarios. En la década de 1970 diversos sectores productivos perdieron competitividad, por lo que se encarecieron las exportaciones industriales y hubo un aluvión de importaciones de bienes manufacturados.

Los economistas observaron que la riqueza generada por el gas estaba provocando una concentración excesiva de recursos en un solo sector. El fenómeno llamó la atención de analistas británicos y, en 1977, la revista The Economist acuñó el término “Dutch Disease” para describir lo que estaba ocurriendo en los Países Bajos.

Sin embargo, la historia neerlandesa no terminó en una crisis estructural. A diferencia de otros países exportadores de materias primas, los Países Bajos lograron mantener una economía diversificada, apoyada en la intervención estatal, una sólida infraestructura, un sistema educativo desarrollado y un importante sector de servicios y comercio internacional. Aunque el impacto sobre algunas industrias fue real, el país consiguió adaptarse y evitar una desindustrialización.

La enfermedad argentina

La explosión de Vaca Muerta, con promesas de exportaciones por cientos de miles de millones de dólares, además del crecimiento de la minería y un nuevo boom exportador agrícola ganadero, prometen un ingreso de divisas abundante. Y si bien, se pueden obervar algunos problemas similares a los que reportaron los Países Bajos luego de la revaluación de su moneda, las similitudes no son claras.

Para comenzar, el boom exportador aún no llegó, pero los efectos de la invasión de productos manufacturados desde el exterior ya se nota. En primer lugar, la Argentina optó por mantener el tipo de cambio alto, es decir, tener un peso sobrevalorado aunque su economía no produzca lo suficiente para sostenerlo.

No es el exceso de dólares lo que tiene al dólar alto, sino un Gobierno, que aunque jura que el dólar flota, mantiene artificialmente baja la divisa de la mano de una política que restringe al máximo la cantidad de pesos circulantes, tanto con ajuste fiscal, como con endeudamiento del Estado.

En segundo lugar, porque la invasión de importaciones no fue un resultado de la pérdida de competitividad derivada a un efecto riqueza repentino, sino una política deliberada destinada a bajar la inflación. Milei puede decir que es ultra liberal pero interviene en la economía como cualquier otro gobierno.

El espejo del pasado

Argentina cuenta con la ventaja de contar con numerosas experiencias internacionales al respecto y puede ver cuáles son las medidas que se tomaron. Países Bajos, por ejemplo, optó por controlar el tipo de cambio y al mismo tiempo impulsar la producción local, mejorando la productividad mediante un esquema de protección de la industria con incentivos para sumar competitividad.

Argentina no tiene en carpeta ninguna de esas medidas, salvo un esquema de baja de impuestos para mejorar la productividad de sectores ya competitivos. Aquí lo que se plantea es una reconversión total de la economía, volcándola al sector exportador.

Desde ya que como son miles de millones los dólares los que el país adeuda al mundo, el boom exportador traerá -de concretarse- un alivio clave a la golpeada economía local. Pero los efectos negativos no tardarán en profundizarse si el plan económico no se modifica en sustancia.

Mientras una pequeña porción de la población local se quede con los beneficios del boom exportador, el resto de la economía tendrá que reconvertirse a la fuerza, con resultados imprevisibles. Por lo pronto, lo único que se vislumbra son quiebras en las industrias declaradas innecesarias y una fuerte caída del empleo de calidad, sólo muy parcialmente reemplazada por la industria minera y petrolera.

El rol del Estado

La crisis en el país europeo fue consecuencia no buscada de una ventaja económica y el Estado trabajó para solucionar el problema. El gobierno de Javier Milei sostiene que el boom exportador será el punto de partida hacia un destino próspero, más allá de los problemas que traiga en una economía real, a la que califica de ineficiente y perimida.

El problema que tiene esa idea es que propone un modelo que no es nuevo y cuyos resultados están a la vista. Entre las decenas de ejemplos de economías extractivistas en el mundo el modelo peruano es el que está más a mano. Más de 30 años de estabilidad económica y un PBI que no para de crecer conviven con una economía poco diversificada, con escaso desarrollo industrial, bajo empleo formalizado y millones de personas viviendo en la pobreza, en un ecosistema de economía informal. El resultado es una sociedad fragmentada y profundamente desigual con una crisis política que se agrava año tras año.

Argumentos a favor y en contra

Alguien podrá decir que tampoco se puede vivir con una economía desordenada, con inflación desbordante y una industria poco eficiente. Y también que son tiempos distintos y que vivimos en un mundo donde la tecnología cambiará todas las ecuaciones. Es cierto.

Pero la Argentina no puede darse el lujo de elegir entre bajar la inflación o industrializarse, exportar o fortalecer el consumo interno, adaptarse a las nuevas tecnologías o proteger a su población de las consecuencias no deseadas de su aplicación. Las capacidades de este país son tan amplias que debe ocuparse de todos esos problemas al mismo tiempo.

Todos los procesos de desarrollo de los países centrales, y los que avanzan entre países periféricos, tienen altos contenidos de planificación estatal. Sabemos que para Javier Milei ese es un pecado mortal, aunque como vimos quien diga que el Estado no interviene en la economía, sólo miente.

La experiencia holandesa debería servir como modelo para salir de ciertas paradojas. Pero, mientras el gobierno neerlandés corrigió el error de manera virtuosa, aquí parecen empeñados en convertir el error en una virtud.