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El Gobierno "relojea" al dólar y la inflación, pero la gente teme por la actividad y el empleo

Septiembre es un mes clave para las aspiraciones electorales del gobierno libertario, tras una semana en la que el dólar estuvo trepando demasiado.


Ciento sesenta y ocho horas o una semana separan al Gobierno de las elecciones en la provincia de Buenos Aires, que el propio presidente Javier Milei imagina como una pelea de semifondo, para calentar motores de cara a la pulseada electoral del 26 de octubre, donde espera consolidar su posición en el Congreso tras un sólido triunfo en las urnas.

En ese escenario, por el momento aún abierto, una pieza clave es la economía, y especialmente la confianza que tenga la gente en la administración central podrá domar a los precios y ratificar que la baja de la inflación, que hasta viene haciendo el Gobierno, continuará en el tiempo.

Como cualquier persona que haya vivido en la Argentina en los últimos 30 años los funcionarios del Ministerio de Economía saben que cualquier movimiento brusco del tipo de cambio terminará en los precios de los productos en las góndolas. Si eso ocurriera sería como tirarse un tiro en el pie luego del gran esfuerzo que la sociedad viene haciendo desde hace 20 meses, cuando el presidente Javier Milei y su ministro de Economía Luis Caputo decidieron devaluar 54% el valor del peso.

Disparada del dólar

En las últimas semanas el dólar -en todas sus versiones- se recalentó poniendo el tema nuevamente en tapas de los diarios y los portales de noticias. Desde que el Gobierno se decidió a abrir parcialmente el cepo cambiario el pasado 11 de abril y dejar atrás el crawling peg (deslizamiento gradual y controlado del tipo de cambio) para pasar a un régimen de bandas cambiarias, por cierto, muy amplias -arrancó entre $1000 y $1400- el dólar oficial Banco Nación subió 24%.

Esa suba del tipo de cambio fue una exigencia del Fondo Monetario Internacional, junto a la presión para que el Banco Central acumulara más reservas. Eso es algo que no ocurrió, porque fiel a su política de dejar actuar a las fuerzas del mercado, el Gobierno hizo gala de la no intervención, por lo tanto, no acumuló más dólares en el BCRA.

Las reservas brutas sólo subieron porque entraron los dólares acordados con el FMI, que fueron 12.000 millones de un saque y 2000 millones de dólares más hace tres semanas. En el medio el Gobierno siguió honrando la deuda, incluyendo el pago del bono de US$4500 millones el 9 de julio, correspondientes a la deuda reestructurada con bonistas en 2020.

En este marco, con las reservas clavadas en torno a los 40.000 millones, la inflación corriendo al 1,5-2%, pero sin poder bajar de ese nivel y el dólar relativamente quieto a mediados de julio los mercados empezaron a ponerse nerviosos y a subir el dólar, como pasa siempre en este país,

La jugada de Caputo

Esto se tradujo en una política dura de parte del tándem Luis Caputo- Santiago Bausili, al mando del Palacio de Hacienda y el Banco Central respectivamente, una política que el propio Gobierno llama "apretón monetario", es decir, secar al extremo la plaza de pesos, para que no haya sobrante que pueda correr hacia el dólar.

Con dos consecuencias más. En las licitaciones de deuda en pesos que se hacen cada quince días el Tesoro empezó a convalidar tasas de interés cada vez más altas, al punto que el miércoles pasado debió pagar hasta 75% anual, más del doble de la inflación esperada para todo el año -36,6% según la última estimación oficial.

Además, el BCRA subió los encajes de los bancos, es decir, la plata que tienen que tener inmovilizada y no pueden prestar, en 53,5%, el nivel histórico más alto. Y además hay intervención del BCRA en operaciones de dólar futuro, y se estima que operó unos 6000 millones de dólares en este mercado.

Con estas herramientas, el mercado cambiario está contenido, pero está creciendo la incertidumbre en el mercado acerca de qué pasará cuando se desaten las amarras.

Tasas e inflación

Para completar el combo, las tasas de interés híper positivas - por encima de la inflación, encarecieron de tal manera el costo del financiamiento que lograron frenar la actividad económica, que venía marchando a distintas velocidades por sectores, pero ahora parece que predomina el "parate".

Salvo los anuncios multimillonarios de inversiones mineras y petroleras que buscan aprovechar los beneficios del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) los demás sectores están con bajo nivel de actividad, en algunos casos anticipando vacaciones o bajando turnos.

Como no puede ser de otro modo, la próxima escala es lo que puede pasar con el empleo, junto con la actividad económica las dos mayores preocupaciones del ciudadano de a pie.