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Alerta: por qué faltan personas para trabajar en un contexto de bajo empleo

La dificultad para cubrir puestos ya no se restringe a los ámbitos técnico y tecnológico. Alta rotación de empleados de un lado y, del otro, individualismo y salarios bajos. Las alternativas que surgen en un mundo global, con escasez de talentos que se dirige hacia el postrabajo.

El comentario se repite como una letanía en los diversos sectores de la economía: es difícil encontrar personas para cubrir los puestos laborales. Los motivos ad hoc van desde la interferencia que pueden hacer los planes sociales,  hasta el diferente compromiso de los más jóvenes para vincularse con el mundo laboral. Pero cuando se empieza a profundizar también aparecen otras causas.

Por un lado, están los cambios económicos a nivel global, que incluyen la competencia por la mano de obra de las empresas locales con las del resto del mundo. Por el otro, las transformaciones tecnológicas, que revolucionan a diario la vida y los puestos de trabajo. Finalmente, las tendencias que se observan a nivel sociológico que hablan del fin del trabajo” y que obligan a las empresas a implementar modos alternativos de vinculación laboral.  

En el medio de esto, Argentina tiene una realidad especial en relación con la tecnología. Es que, es de tan difícil acceso –por costos e importaciones- que a las organizaciones les cuesta actualizarse. Por este motivo, los avances tecnológicos tampoco generan aquí los nuevos empleos (al menos en volumen) que ya se observan en otras partes del mundo.

La llegada de la Inteligencia Artificial, la mayor tecnificación y la realidad de personas que son reemplazadas por máquinas implican desafíos casi cotidianos para empresas, reclutadores, trabajadores y gobiernos. El objetivo principal es acercar las necesidades de la oferta y la demanda, en un contexto de desempleo, que choca con la dificultad para conseguir personal.

Salarios bajos y planes sociales

Con mayor o menor incidencia en los distintos tipos de trabajo, los planes sociales y el temor a perderlos a manos de un empleo formal es uno de los condicionantes del mercado laboral. Empresarios del sector de la construcción y, tradicionalmente, del agro –dos rubros de trabajo intensivo; entre otros- se quejan de que esta situación les juega en contra al momento de las contrataciones.

Esto es porque muchas personas prefieren el trabajo informal o la combinación de algunos planes con changas para ganarse la vida. Por otro lado, y en parte ligado a esto, el salario promedio que se ofrece en la mayoría de los sectores de la economía no alcanza a cubrir la Canasta Básica Total (CBT). El economista José Vargas, de la consultora Evaluecon, expresó que ese es uno de los motivos que dificulta las contrataciones.

“El salario promedio es la mitad de la Canasta Básica en Mendoza y se trata de un dato a tener en cuenta”, subrayó. A esto, el sociólogo y escritor Leandro Hidalgo sumó que “tampoco existen múltiples posibilidades reales de acceder a un empleo formal y bien remuneradoasí como a un crédito o a una casa”.

Respecto del salario, Federico Pagano, economista y presidente de Montemar, compañía financiera, consideró que existen distorsiones. Por un lado, los empleos calificados compiten hoy en muchos casos con salarios en dólares, debido a la posibilidad de trabajar para el resto del mundo. Por el otro, el desembolso en impuestos que debe hacer un empleador para un sueldo en blanco que es casi el doble de lo que queda de bolsillo. “Con la inflación reinante las actividades deben crecer a un ritmo mayor del 100 por ciento anual y no siempre sucede”, comentó.

El impacto de la tecnología

La pandemia trajo casi de un día para otro la modalidad del trabajo virtual que salvó distancias y aislamientos, al tiempo que transformó al mercado sin vuelta atrás. Ahora, muchos de los que pueden trabajar de esta manera lo hacen o para empresas de afuera o para varias firmas a la vez. No sólo ganan más, sino que tienen mayor flexibilidad horaria. Los empleadores locales deben competir, entonces, con los de otras partes del mundo.

“Hay quienes prefieren el sector informal de la economía porque les da mayor flexibilidad y más dinero en el bolsillo, ya que no tienen los descuentos formales”, comentó Vargas y agregó que esta tendencia influye en la dificultad de contrataciones a mediano plazo. En este sentido, Pagano comentó que esta situación somete a las empresas a un estrés importante, tanto a nivel salarial como de búsqueda de talento ya que la competencia se amplía.

El saber técnico no es la única habilidad que piden las empresas sino que, según María Paz Gómez, licenciada en Recursos Humanos, son varias las que hoy se necesitan y que escasean a nivel mundial. Entre otras están la adaptación al cambio, el pensamiento crítico, la comunicación efectiva, la capacidad de resolver problemas y la creatividad.

Aunque la modalidad ya estaba presente en las empresas de Tecnología de la Información y la Comunicación (TIC), no estaba tan acentuada y, menos, extendida a otros ámbitos. La dificultad es que no fue una modificación progresiva, sino que se disparó con la cuarentena obligatoria y fue como si durante los dos años que duró su efecto también se modificara de repente esa área de la vida.

El contexto social se enmarca, en palabras de Hidalgo, en la tendencia global de lo que se llama “el fin del trabajo” como postulación y diagnóstico de una estructura globalizada del mundo. “El sistema capitalista muestra una instancia de revolución tecnológica, que realiza en series estandarizadas, cortas y programadas, que de a poco deja de tener la necesidad de una mano de obra tradicional”, explicó Hidalgo.

Desde su punto de vista, aunque las características del desempleo en Argentina se deben a los continuos procesos de desregulación, estamos dentro de un sistema mundial en el que todavía no encajamos. Por un lado, los sistemas automatizados nos brindan nuevas formas y posibilidades de desarrollo y por el otro, nos arrebatan el hito histórico de la fuerza de trabajo de la que disponemos. De este modo, la tecnología nos expone a su desigual uso y acceso. “Digamos que a nosotros no nos deja comprarlas, pero tampoco nos da trabajo”, precisó Hidalgo.

Los jóvenes y el mundo del trabajo

Otro factor que dificulta las contrataciones tiene que ver con que la juventud prioriza otros aspectos de la vida además del laboral. No es el único motivo, el hecho de que cada vez más jóvenes vivan con sus padres hasta edades que superan los 30 también incide en la libertad de muchos a la hora de desprenderse de un empleo cuando no les gusta.

Los cambios en este sentido obligan a las empresas a adaptarse y entre las estrategias no sólo se realizan procesos de búsqueda más eficiente sino que también se ofrecen condiciones de trabajo que apunten a la flexibilidad y la comodidad laboral; más allá del sueldo. Incluso, hay quienes prefieren contratar personas más grandes con un compromiso diferente o tal vez todavía tradicional frente al mundo laboral.

“Hay una población excluida del mercado laboral y otra que se enorgullece de estarlo, pero no creo que sea porque los jóvenes no tengan compromiso con el trabajo, al contrario ya que trabajan más, son más hiperactivos y producen más. Sin embargo, bajo el pretexto del crecimiento individual, del mérito y de una idea de la libertad ligada a lo singular, al yo selfie, producen “sueltos”, lo que muchas veces se traduce en precariedad o en informalidad disfrazada de ‘no tengo jefe’”, expresó Hidalgo y agregó que esto muestra un desprendimiento con el campo laboral como se concebía décadas atrás.

Estrategias y adaptación al cambio

Además, los cambios tecnológicos desnudan más que nunca la carrera desde atrás del sistema educativo con especial acento, pero no exclusivo, en las áreas tecnológicas. Esto deja expuesta una nueva problemática: la inversión que hacen las empresas para capacitar a sus ingresantes con el gran riesgo de que, una vez que eso sucede, la persona se vaya a otra. Y aunque pocos lo tienen medido, lo cierto es que estos cambios impactan en la economía de las empresas.

Pagano contó que la rotación usual en su empresa de 300 empleados suele ser de entre 15 y 20 puestos por año. En 2022 ese número fue de 78. En este sentido, una de las estrategias es agrandar un poco la estructura de personal para evitar baches insalvables cuando la gente se va. Otra pasa por hacer más precisos los procesos de búsqueda. Al final y pese a la resistencia de compartir sus prácticas y saberes, cada vez más empresas ceden al contexto y comienzan a contratar servicios externos como una manera de cumplir con sus objetivos y sus compromisos.

El saber técnico no es la única habilidad que piden las empresas sino que, según María Paz Gómez, licenciada en Recursos Humanos, son varias las que hoy se necesitan y que escasean a nivel mundial. Entre otras están la adaptación al cambio, el pensamiento crítico, la comunicación efectiva, la capacidad de resolver problemas y la creatividad.

A esto María José Gómez Piovano, psicóloga especializada en Recursos Humanos, agregó que la llamada crisis del talento se observa más en los puestos que exigen mayor cantidad de competencias y que van de la mano de la responsabilidad, el compromiso y el entendimiento de las lógicas del mundo laboral. Todos desafíos que pueden acomodarse con el mercado, pero que sería ideal enfrentar entre todos los actores de la sociedad.