Tendencia: ante la crisis, los grupos de WhatsApp se consolidan para comprar y vender
Cuando, en marzo de 2020, de un día para otro el mundo se cerró; a todos les cambió la vida. Aparte, muchas personas vieron cómo peligraban sus fuentes de trabajo, sus negocios abiertos al público, o debían guardar hasta nuevo aviso uniformes flamantes para empezar la escuela, zapatillas y hasta vestidos de fiesta que no volvieron a reprogramarse.
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Aunque todo parece historia antigua, la pandemia consolidó una herramienta que todavía hoy se utiliza y toma nueva fuerza frente a las dificultades económicas que trae la inflación, la distorsión de precios y el atraso salarial generalizado. Se trata de los grupos de whatsapp que se crearon como canales alternativos de compra y venta cuando no podían abrirse los negocios.
Allí se ofertaban o demandaban productos que antes podían ir a comprarse a cualquier comercio y que empezaron a enviarse personalmente o se entregaban en horarios y sitios pactados. Además, las personas que tuvieron que cambiar temporalmente de rubro ofrecían sus productos artesanales tanto gastronómicos como de otro tipo.
En la actualidad, esos espacios virtuales se han convertido en una herramienta habitual de compra y venta de productos, tanto nuevos como usados que funcionan de un canal más de oferta para muchos negocios pero que, sobre todo, se han convertido en comunidades de confianza para vender o comprar más barato o usado. También son fuentes de consulta para recomendaciones y sitios en los que aportar a diversas campañas solidarias.
Cómo funcionan
A diferencia del market place de Facebook, se trata de espacios un poco más controlados que en general establecen reglas claras, en cuanto a la procedencia de los productos, así como a modos de pago o coordinación de entrega. Quienes participan activamente de este tipo de grupos explican que no solo es más sencillo denunciar a posibles estafadores, sino que, al ser más pequeños, los mismos integrantes regulan las conductas impropias.
Aunque no son excluyentes, los grupos tienen algunas características comunes. Por un lado, suelen estar formados por personas que se ubican relativamente cerca. Así, están los grupos de compraventa de las uniones vecinales de los barrios o de comunidades específicas como pueden ser las escolares o de los clubes. No es que ingresen sólo personas de dichos sitios, pero es común cierta cercanía geográfica. Por otro lado, también están los que tienen intereses específicos como ropa, vehículos, bicicletas, etc.
Otro detalle es que poseen reglas bastante claras y específicas, con riesgo de expulsión si no son cumplidas. Por ejemplo, algunos permiten enviar una determinada cantidad de fotos por día o producto, otros solicitan que se sea específico con precios, detalles o roturas si es usado y otras características para evitar muchos mensajes, así como no permitir que algunos queden perdidos en una marea de 20 fotos seguidas.
Y, por supuesto, están prohibidas las cadenas, los mensajes partidarios, religiosos o de cualquier otro tipo que no tenga que ver con la finalidad del grupo.
Canales alternativos
Silvina Fernández es licenciada en Relaciones Humanas y en 2020 terminó de cursar una maestría en Responsabilidad Social y Desarrollo Sostenible. Con una mirada sustentable del mundo que tuvo su primera experiencia en los clubes de trueque del 2001, decidió crear un grupo después del primer año de pandemia, cuando todo el mundo se había quedado con la ropa escolar nueva para niños que habían crecido.

Armó el grupo “Otra Vueltae” en alusión a la comunidad escolar que hoy tiene más de 350 participantes. “La idea fue armar un grupo solidario para poder comprar o vender los uniformes”, relató Silvina quien recordó que se vendieron remeras, pantalones y demás por precios muy convenientes; lo que fue un gran alivio para las familias. Más tarde, ella se hizo cargo de armar otro grupo. Esta vez, para ofrecer ropa usada al estilo Feria Americana y no sólo abaratar costos, sino también poder reciclar indumentaria o productos en buen estado.
Así, “Moda Circular” tiene más de 380 participantes que buscan un canal alternativo de venta. “Son modelos de economías emergentes, que surgen por las crisis y que, en líneas generales, buscan ser reparadores y regenerativos a partir del trabajo colectivo”, sostuvo Fernández. Orgullosa de los espacios que ha creado, completó que muchas personas le agradecen por la posibilidad de haberse equipado o adquirido productos que, de otra manera, hubieran sido inalcanzables.
Facundo Godoy, un participante de diversos grupos de compraventa más, contó que cuando la pandemia le impidió trabajar en una empresa que vendía alfajores y trabajaba con turismo, comenzaron los grupos de los barrios privados que lo ayudó a continuar. En la actualidad utiliza estos espacios para vender lo suyo o ayudar a vender lo de otros a cambio de una comisión.
Con relación a la inflación y la crisis del último año, Godoy observó que antes se compraba nuevo y se descartaba lo viejo pero que hoy se ven más reparaciones (“lamentablemente no hay repuestos”), así como compra de electrodomésticos usados que tal vez antes se adquirían financiados.
Cómo operar con los grupos
“¿Algún abogado para recomendar?”, “¿Quién hacía etiquetas para la escuela?”, “Vendo usado en perfecto estado”; son algunos de los mensajes que circulan en los grupos de compra venta. De este modo, funcionan como espacios para pedir recomendaciones y ofrecer servicios propios y ajenos.

Diego trabaja en mantenimiento, pero ha encontrado en estos lugares un modo de completar su ingreso al hacer de intermediario entre compradores y vendedores; algo que lo salvó cuando la pandemia le impidió salir. Hoy elige estos grupos en lugar de Facebook, donde estuvo a punto de ser estafado.
Las comunidades de whatsapp, según sus participantes, también son espacios muy funcionales para las causas solidarias ya que, al haber todo tipo de profesionales, es más sencillo conseguir colaboraciones para diversas causas, así como la difusión es mayor debido a la cantidad de integrantes. Al estar formados por conocidos de conocidos, la empatía y la cercanía es mayor; lo que impulsa la disposición a colaborar frente a incendios, enfermedades u otros imprevistos.


