Los mercados en manos de Jerome Powell: el mundo y Alberto Fernández rezan
Ayer todos vendían. No había compradores. Muy pocos se arriesgaron a comprar en la baja. Incluso, la mega-gestora de inversiones BlackRock, uno de los principales inversores del mundo y quizás las voz cantante de Wall Street no dudó en decir, públicamente, que no recomendaba comprar con las caídas. Los principales índices de Wall Street terminaron ayer con fuertes caídas, con un mercado todavía tambaleándose por el efecto de los datos de inflación del viernes pasado en EE.UU. Fue una verdadera paliza que se llevó para tener una dimensión, sólo en EE.UU., más de u$s1,3 billones de valor de mercado (algo así como tres veces el PBI de Argentina). Fue la peor venta masiva de 4 días desde marzo del 2020 que culminó en una situación técnica de “mercado bajista”, que indica que los inversores vislumbran caídas de aproximadamente un 20%.
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Hoy los futuros de índices de EE.UU. protagonizaron un intento débil y desvanecido de rebotar.
Por ejemplo, los futuros del S&P 500 subieron más del 1% en las primeras operaciones antes de desvanecerse la recuperación a sólo un 0,24%, mientras que los futuros del Nasdaq 100 subieron un 0,5%. El comportamiento de los mercados de futuros suelen ser un buen predictor de lo que viene o espera el mercado. De modo que el arranque de la jornada tenía aroma al famoso “rebote de gato muerto”. Es que los inversores se desayunaron con la visión de influyentes bancos de inversión globales que esperaban, ahora, que la Fed en lugar de subir la tasa de referencia (Fed Funds) 0,50 puntos básicos como proyectaba el consenso y el propio titular de la Fed, Jerome Powell, lo señalara en esa dirección, lo hicieran en 0,75 puntos.
Hoy la tasa de Fed Funds opera en un rango de 0,75% a 1%. De modo que la visión que ahora ha ganado más lugar en las expectativas del mercado es que lo que viene es una Fed mucho más agresiva de lo que se temía. En pocas palabras, ahora se cree que el ajuste de la política monetaria de EE.UU. será más rápido e intenso, y todo conducirá a una recesión. Ya la tasa a 10 años en EE.UU., referencia del mercado, trepó por encima del 3,45% anual, el mayor nivel desde 2011.
Esto para el mundo, y en particular para los mercados emergentes, ni que hablar para Argentina, es el infierno tan temido. Porque no solo se encarece el costo del crédito mundial sino que se corre el riesgo de terminar de abortar la recuperación económica tras la pandemia, a la cual ya la guerra en Ucrania le asestó un duro golpe. Para los emergentes significa que el flujo de capitales de no residentes será más esquivo, y por ende, se verán más castigos en los activos emergentes. Argentina, que sufre sus propios demonios, y que está en una posición por demás vulnerable, más allá del boom de los commodities, enfrentará condiciones más adversas para financiarse.
Basta solo con recordar que, amén que el país tiene vedado aún el acceso a los mercados de capitales internacionales, por más que ya disponga de la “cucarda” de haber vuelto al amparo de un programa con el Fondo, el solo efecto de la suba de la tasa en EE.UU. ya implica del vamos un incremento en la prima de riesgo del país aunque nada haya cambiado, para bien o mal, en la economía. Lo cual afecta el rendimiento de los bonos públicos y privados, y a la toma de decisiones de futuros planes o proyectos de inversión.
Pero no solo sufrirán los emergentes porque ya hay serias preocupaciones en Europa sobre el advenimiento de una nueva crisis de la deuda. Al respecto, en la UE se cuestionan si el Banco Central Europeo (BCE) podrá evitar otra crisis de la deuda soberana periférica de la eurozona.
Es la pregunta que se hace el mercado, muy crítico con el organismo y su presidenta, Christine Lagarde, tras la reunión sobre política monetaria de la semana pasada en la que deslizó un bajo compromiso para frenar el aumento de las primas de riesgo de los países miembros. Los rendimientos de los bonos europeos a 10 años se han disparado, en particular, los de Italia y España al 4% y 3% respectivamente.
El gran reto para Lagarde es endurecer la política sin desencadenar una crisis de deuda en la Europa periférica, especialmente en Italia. Ello explica las fuertes caídas de las acciones de los bancos europeos, sobre todo italianos, españoles y portugueses. Los expertos consideran que el mercado está castigando a un BCE más agresivo, pero sin herramientas para suavizar el impacto cada vez mayor en los diferenciales soberanos de su endurecimiento monetario. Por tanto, el organismo monetario liderado por Lagarde tendrá que clarificar su postura en la reunión de julio.
Con relación a la Fed, el clima ya venía picado en EE.UU. sobre todo luego de conocerse en los últimos días una serie de preocupantes informes de inflación, lo que alimentó la idea de que probablemente esto lleve a los funcionarios de la Fed a considerar sorprender a los mercados con un aumento de la tasa de 0,75 puntos porcentuales mayor de lo esperado en su reunión de esta semana. Así como ya lo venía recalculando el JP Morgan, luego Barclays, Schröder y hoy Goldman Sachs, los pronósticos de los principales bancos de inversión globales apuntan a aumentos de 75 puntos básicos en las dos próximas reuniones de la Fed.
La lectura del mercado es sencilla, aumentó muy fuerte la probabilidad de este escenario, tan temido. Es más, ya grandes jugadores de Wall Street consideran hoy que la sorpresa sería un aumento de 100 puntos básicos. Por ende no lo descartan. Y vaya que sería una sorpresa. Lo cierto es que el S&P 500 ahora está de vuelta en un mercado bajista, habiendo perdido un 22% desde sus últimos máximos. La última vez que el S&P 500 experimentó 4 días consecutivos de pérdidas de tal magnitud fue en marzo de 2020.
Ahora bien, suponiendo que todo sale según lo planeado por la Fed para frenar la inflación, esto significa que la tasa de interés de referencia habrá aumentado 1,5 puntos porcentuales en solo tres meses, lo que en realidad la llevaría apenas a su nivel de 2019. Para los analistas el camino a seguir no está claro y surgen muchas preguntas, entre ellas, qué hará la Fed después de la reunión de julio; qué tan altas serán las tasas hipotecarias; con los inversores hablando cada vez más de una recesión, está la Fed detrás del ciclo económico; podría la Fed cambiar el tono si la tasa de desempleo comenzara a aumentar.
Cabe señalar otro aspecto de las apuestas a la magnitud de suba de la tasa de la Fed (los futuros sobre los Fed Funds de CME Group otorgan un 97% de probabilidades a que se produzca una suba de 75 puntos básicos). Es que por un lado, los analistas le piden una acción más agresiva a la Fed para reforzar su credibilidad en la lucha contra la inflación. Pero a la vez reconocen que si sube muy fuerte la tasa iría en contra de las comunicaciones realizadas hasta la fecha, lo que puede provocar una reacción negativa de los mercados. Vemos un gran intríngulis para JePo que tiene en sus manos en vilo a los mercados. Pero lo que ya nadie descarta que se venga una recesión. ¿Pero cuándo? Esa es la cuestión.