Las lecciones de la Scaloneta en un país con la economía en riesgo de descenso
El triunfo de la Selección Nacional en la final del Mundial de Qatar 2022 trajo alivio y desahogo a los 47 millones de argentinos, que siguieron el partido con Francia pegados al televisor y luego dieron rienda a los festejos en cada plaza del país, al ritmo de "Muchachos", a esta altura casi la canción oficial de la 22° Copa del Mundo.
Fue la celebración de un triunfo deportivo tan conmovedor como merecido, en un país en el que no suele haber muchos motivos para festejar, en especial en materia económica. Más bien todo lo contrario.
Suele afirmarse que el éxito es el resultado un trabajo previo, de un proceso, que finalmente conduce al logro de las metas. Y justamente ahí parecen quedar en claro las grandes diferencias que se observan entre el trabajo de la "Scaloneta" y la consagración en Doha con el derrotero de una economía que siempre da la sensación de estar yéndose a la B.
En sábado pasado, durante la última conferencia de prensa antes del final del Mundial, Lionel Scaloni expuso el valor del proceso y del respeto a un plan de trabajo, que se vio coronado 24 horas más tarde en el campo de juego. Sin medias tintas, dijo que "lo importante es el camino", que había que "confiar en un proyecto" y aseguró que "la gente se sienta parte de esto".
El agua y el aceite
Son tres definiciones, que sin dudas la economía argentina hoy no ofrece. La economía no tiene proyecto, ni hoja de ruta, es un "vamos viendo" absolutamente cortoplacista en el que ni los agentes económicos, ni los consumidores tienen ningún tipo de previsibilidad.
Pequeños y medianos empresarios suelen quejarse off the record de la falta de previsibilidad sobre el tipo de cambio que habrá al momento de reponer la mercadería vendida, o si accederán a los dólares dentro de 180 días cuando deban pagar insumos a sus proveedores del exterior, y eso termina "inflando" los precios y alimentando la inflación, estiman.
Es sólo un ejemplo, pero hay miles que explican por qué la economía está trabada y no logra estabilizarse. Por ejemplo, ¿sobre qué supuestos pueden cerrar sus presupuestos 2023 las empresas argentinas? ¿A cuánto estará tipo de cambio el mes que viene? ¿El Gobierno acelerará la devaluación del tipo de cambio oficial o lo dejará atrasar el año próximo, en el marco de la campaña electoral?
¿Y la inflación? ¿Tenderá a desacelerarse como dice el Gobierno o seguirá en niveles de casi 100% como hasta ahora? Y en cuanto a las normativas, nunca se sabe con qué encontrarse. ¿Habrá más cepo cambiario o se relajará? ¿La tasa de interés que hoy está en 75% de tasa nominal anual y un 100% de tasa efectiva, tenderá a bajar o todo lo contrario? Difícil planificar en ese escenario.
En cuanto al camino recorrido en materia económica, en Argentina no hay lógica alguna. Se declama el orden fiscal pero el país vive con déficit de las cuentas públicas al menos desde 2007, nada menos que 15 años. Se pretende incrementar las exportaciones pero hay retenciones a los principales productos de exportación (soja y derivados, trigo, maíz, girasol, carne vacuna, automóviles y autopartes, minerales, hidrocarburos).
Se pide que haya generación de empleo privado y de calidad, pero no hay condiciones para hacerlo, en consecuencia, el único empleo que crece es en el sector público y los autónomos y monotributistas, otro invento argentino para esconder la informalidad en numerosas actividades.
Y en cuanto a que la gente se sienta parte, es claro que hoy más del 40% de la población está al margen del consumo y de las supuestas bondades del programa económico. Son lisa y llanamente pobres o indigentes y en gran medida dependen de las medidas asistenciales del Gobierno o de la caridad.
Las lecciones de la Scaloneta
La Selección Argentina es la contracara de la economía. Y donde mejor puede verse eso es materia inflacionaria. Argentina hoy es el mejor equipo de fútbol del mundo, mientras que la economía nacional está cómodo en el sexto puesto en el ránking internacional de inflación.
La Scaloneta tuvo también una fuerte apuesta a los jóvenes jugadores, mezclados con algunos históricos y con experiencia, muy pocos por cierto. En contraste, la economía argentina "expulsa" a los jóvenes talentos, que buscan irse del país para hacer su camino en destinos que les den las oportunidades que el país hoy no les ofrece.
La planificación a mediano y largo plazo es una característica del fútbol de selecciones desde hace casi 50 años, cuando César Luis Menotti, hoy director de Selecciones Nacionales en la AFA, tomó la conducción técnica del conjunto albiceleste en octubre de 1974. Incluso con algunos ejemplos en contrario, en general la contratación de un técnico en la Selección suele ser por varios años, hasta el próximo Mundial.
La comparación con el timón de la economía no resiste ningún análisis. El exministro Martín Guzmán, renunció después de dos años y medio harto de las zancadillas de una parte de la coalición de Gobierno, fue sucedido por Silvina Batakis, que estuvo tres semanas en el cargo, y fue renunciada durante su visita al FMI, y el actual ministro Sergio Massa, lleva sólo cuatro meses en el cargo. Cualquier parecido a la improvisación es pura coincidencia.
Por último, el valor del juego en equipo versus el individualismo. La Scaloneta hizo un culto del grupo y del trabajo en equipo. En materia económica, las principales fuerzas políticas no logran ponerse de acuerdo, en tres o cuatro puntos básicos, que permitan plantear políticas de Estado para bajar la inflación, reducir la pobreza, desarrollar la infraestructura o establecer condiciones para generar empleo. Cada sector viene con su librito, buscando un Messi salvador.
Pero ya sabe, Messi hay un solo, estuvo los últimos 40 días en Qatar y es el rey de la pelota, no de la economía.