Swap con China: la letra chica del acuerdo alcanzado entre Alberto y Xi Jinping
El ministro de Economía, Sergio Massa y el titular del Banco Central, Miguel Pesce, lograron una buena noticia luego de la reunión entre los presidentes Alberto Fernández y Xi Jinping. El presidente argentino logró arrancarle a su colega oriental la posibilidad de activar, tal como adelantó este medio, el swap que el país mantiene con el Banco Central de China.
La novedad que entusiasma al Massa y a Pesce, es que, ahora sí, el dinero de la ampliación del swap sería habilitado para que puedan utilizar las divisas para el principal problema que tiene la economía real argentina (más allá de la inflación), para sostener el ritmo de crecimiento.
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La idea de los dos funcionarios es que en línea con el ritmo de actividad del comercio exterior entre Argentina y China, mensualmente ese dinero de ampliación del swap sea utilizado para pagar importaciones de insumos para la industria manufacturera.
Tendrían prioridad las compañías locales y multinacionales que firmaron el acuerdo de Precios Justos, y a las que se les prometieron los dólares para trabajar siempre y cuando respeten el tratado firmado el viernes. También podrían disponer de esos dólares industrias como la automotriz, petroquímica y laboratorios, además de agroquímicos y fertilizantes para garantizar la campaña sojera.
La jugada del Gobierno
La activación para la libre disponibilidad no sería de manera inmediata ni por la totalidad del dinero. Por lo que se habló ayer, China aceptaría que el pase contable de reserva virtual a real suceda dentro de un mes y escalonadamente. Esto es, en un ritmo de entre 1.000 y 1.500 millones de dólares mensuales hasta totalizar el giro de los dólares hacia marzo.
La intención de Buenos Aires es que la activación vaya siguiendo el ritmo de cobertura del déficit comercial entre Argentina y China, un desequilibrio que este año alcanzaría los U$S 8.000 millones. Especulan en el Palacio de Hacienda y el BCRA, que cuando se confirme esta diferencia entre importaciones y exportaciones con el mercado oriental, el swap incluso podría ampliarse en otros US$ 3.000 millones más. Se negociará cuando se termine de utilizar el dinero que se negoció en Bali durante la cumbre del G20.
Las partes se tomaron unos 15 días más para terminar de instrumentar la operación, y los primeros dólares activados podrían llegar hacia fin de mes. Mientras tanto, la ventaja de lo negociado ayer, es que ya no dolerán tanto las divisas que diariamente termina perdiendo el BCRA y que generaron un rojo en lo que va del mes de más de 850 millones de dólares a la entidad que condice Miguel Pesce.
Como el swap está nominado en dólares, pero representan yuanes, cada vez que se concrete una operación de compra y venta de importaciones o exportaciones de bienes y servicios entre los dos mercados, se podrían contabilizar como convertibles a las reservas vinculadas al acuerdo con China, y así ir ingresando dólares líquidos.
Es una operatoria relativamente fácil y técnicamente realizable. Pero que requiere del aval de las autoridades chinas. De ahí la importancia de la reunión con el "plenipotenciario" Xi Jinping.
Swap e inversión en infraestructura
Como casi todos los acuerdos monetarios a los que llega el país, la habilitación de este instrumento también es polémica. Un “swap” es un mecanismo por el cual Argentina y China se comprometen a habilitar eventualmente el cambio de divisas, sin la intervención de terceras monedas; en este caso, el dólar.
El aporte de capital lo hace el Banco Central de China, bajo la certeza de que los yuanes originales serán eventualmente utilizados. Mientras tanto, hasta que se ejecute el cambio, quedan como libre disponibilidad del depositante: el BCRA.
La idea china fue otorgar este dinero en cuotas, como garantía para el intercambio financiero entre los dos países para la construcción de las grandes obras en el país comprometidas con el país asiático; fundamentalmente las represas Jorge Cepernic- Néstor Kirchner (ex Condor Cliff- La Barrancosa); un proyecto que en algún momento el gobierno de Mauricio Macri prometió clausurar pero que, precisamente por la vigencia del “swap” decidió mantener.
Larga lista de pedidos de asistencia
El primer acuerdo de este tipo fue firmado en 2009 durante la presidencia de Martín Redrado en el BCRA, para reforzar los resguardos ante eventuales crisis internacionales y cuando las reservas alcanzaban el récord del 15% del PBI. En total el acuerdo cerrado fue por unos US$ 10.200 millones a tres años, con la opción de extender el plazo.
Redrado lo negoció con su par chino, Zhou Xiaochuan, para acordar un intercambio de monedas que ambos países pudieran pedir uno del otro y que luego deberían ser repagados. Los permisos de operatoria para el BCRA eran amplios. Se podían convertir los yuanes en dólares en los mercados internacionales, o directamente utilizarlos para el intercambio bilateral.
O, en su defecto, mantenerlos como parte de las reservas nominados en la moneda norteamericana. Sin embargo, con el tiempo, el instrumento comenzó a desdibujarse.
El segundo movimiento con China se activó en el tercer trimestre de 2014, durante la gestión de Axel Kicillof en Economía y de Juan Carlos Fábrega en el BCRA, por unos US$ 3.800 millones, transferidos en el último trimestre de ese año.
La novedad de esa operación fue que se justificó bajo el comienzo de las obras para el levantamiento de la represa santacruceña Cepernic-Kirchner, que la constructora china Gezhouba Group había ganado en licitación, en sociedad con la local cordobesa Electroingeniería, de Gerardo Ferreyra.
El acuerdo total fue por unos US$ 11.000 millones, en liquidaciones sucesivas dependientes del avance de las obras. Durante el primer semestre de 2015 se concretó un nuevo desembolso por unos US$ 3.700 millones, completando hasta ese momento un total de US$ 6.500 millones.
El dinero proveniente de China había llegado en un momento justo para apoyar los últimos tramos del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, cuando la falta de dólares y el ostracismo en los mercados internacionales ya era preocupante. Las reservas rondaban los US$ 30.000 millones, y las posibilidades de la Argentina de recurrir a los mercados financieros internacionales a tasas razonables eran nulas.
El acuerdo de renovación del “swap” con China, llegó en un momento ideal para poder sostener las reservas y hacer frente a eventuales corridas antes del final del gobierno kirchnerista. Para finales de 2014, unos US$ 3.000 millones del acuerdo ya se habían utilizado. De hecho, unos US$ 2.000 millones provenientes de este financiamiento, se utilizaron para cancelar el pago final del Boden 2015.
Llegó entonces el cambio de gobierno, y la decisión de Mauricio Macri de revisar el contrato de Gezhouba para construir la represa aún llamada Cepernic- Kirchner. La primera y pública decisión del Gobierno fue la de congelar la obra, bajo sospechas de corrupción y de impacto ambiental negativo.
Sin embargo, hacia julio de 2016, desde Beijing le recordaron a Buenos Aires que parte del dinero para la obra ya había sido gastado (y no precisamente para avanzar con la represa), con lo que de levantarse el proyecto, el dinero debía ser devuelto. Fue así que se “renegociaron” las condiciones del “swap”; la obra volvió a la vida con otro nombre (en adelante se llamaría Condor Cliff-La Barrancosa), y el “swap” se reactivaría.
Se renovó el mecanismo por unos US$ 11.000 millones con una vigencia de tres años más, con lo que las reservas en yuanes llegaron a unos US$ 8.000 millones. Más adelante en el tiempo volvió a negociarse, ya con Luis Caputo al frente del BCRA, con un nuevo desembolso sucesivo por unos u$s10.000 millones, dinero que pasó a reforzar las reservas del BCRA.
En algún momento de octubre del 2020, Martín Guzmán pensó en activar el swap para atender un alza en la demanda de dólares y la eventualidad de una corrida. Sin embargo, le recordaron al ministro de Economía de aquellos tiempos, que nunca China aceptaría un acuerdo de este tipo para ejecutar política cambiaria.
La idea se descartó. Ahora el objetivo es la de usar el dinero para el comercio exterior argentino- chino. No hay precisiones, pero por el momento, en Buenos Aires hoy son optimistas.