Récords, maldiciones y hechos insólitos: las grandes historias de las finales del Mundial
Las finales de los Mundiales dejaron mucho más que campeones: también escribieron páginas inolvidables con episodios insólitos, protagonistas inesperados y récords que aún perduran.
El trofeo mide 36,8 centímetros de altura y pesa aproximadamente 6,175 kilogramos.
Archivo MDZCada cuatro años, la final del Mundial de Fútbol es el partido más importante del planeta, un acontecimiento que, durante casi un siglo, aportó historias increíbles y de las cuales la Selección argentina y la de España deberán estar atentos en la previa del juego del domingo, desde las 16 de nuestro país, en el MetLife Stadium de Nueva Jersey.
1. El insólito partido decisivo que se jugó con dos pelotas distintas
La primera final de un Mundial se jugó con dos pelotas, una argentina y otra uruguaya, cada uno fabricado con el cuero nacional y con una vejiga inflable, porque ninguna de las dos selecciones finalistas admitía jugar con la del rival. El árbitro belga John Langenus entró al campo con las dos y una moneda al aire decidió con cuál se jugaría en cada tiempo. Argentina, con su balón, terminó con ventaja la primera mitad (2-1). Uruguay, con el suyo -al parecer un poco más grande y pesado-, remontó y se hizo con el título (4-2).
2. El único futbolista que disputó finales mundialistas para dos selecciones
El argentino Luis Monti es el único caso de un jugador que ha disputado dos finales con distintas selecciones. Lo hizo con la Selección argentina en 1930 y repitió, ya como italiano, en 1934. Lo curioso fue que en ambas actuó bajo amenazas. Lo amenazaron los uruguayos si ganaba en la primera edición y sufrió la presión de Benito Mussolini para lograr la victoria, cuatro años después.
3. Cuando Jules Rimet bajó a entregar la copa... al equipo equivocado
Desconcierto fue lo que sintió el presidente de la FIFA, Jules Rimet, durante el denominado "Maracanazo". El dirigente abandonó el palco con tiempo para prepararse para entregar el trofeo sobre el césped. Dejó el palco con Brasil ganando y, cuando llegó al campo, Uruguay ya había remontado.
-
Te puede interesar
Tras la foto viral, Kimi Antonelli reveló qué le dijo Roger Federer
Dice la leyenda que Rimet tardó en entender lo que había pasado porque se encontró con una escena dantesca de brasileños e hinchas llorando, y que alguien se acercó a él para explicarle que Uruguay era el campeón del Mundial de 1950.
4. La camiseta improvisada con la que Brasil conquistó su primer Mundial
Dado que Suecia y Brasil jugaban con camisetas amarillas, fue necesario un sorteo para determinar qué equipo cambiaría su uniforme en la final del Mundial de 1958. Molestos, los responsables de la delegación brasileña no asistieron por considerar que era un gesto de descortesía impedir que los visitantes mantuvieran su equipamiento principal.
Sin ellos, el sorteo se cumplió. Ganó Suecia y los dirigentes brasileños tuvieron que salir a comprar camisetas, ya que las azules las habían utilizado en el último entrenamiento. Luego tuvieron que coser números y el escudo sobre las nuevas camisetas. Del resto se encargó Pelé, para coronar por primera vez a Brasil.
5. El línea que pasó a la inmortalidad por un gol que aún genera debate
Tofiq Brahramov pasó a la historia como el 'juez de línea ruso'. Era azerbaiyano y en 1966 soviético. Su nombre quedó para siempre asociado al único título mundial de Inglaterra, porque validó la jugada más polémica de la historia de los Mundiales, el disparo de Geoff Hurst que, tras dar en el travesaño, picó sobre la línea y salió. No hay imagen que demuestre que traspasó por completo la línea de gol, pero Brahamov no dudó. Inglaterra se puso por delante 3-2 en la prórroga y encarriló una final que ganó finalmente con otro gol de Hurts (4-2).
Tras su muerte en 1993, el estadio más importante de Bakú fue renombrado en su honor como el Estadio Republicano Tofiq Bahramov y se levantó una estatua suya en las afueras. Geoff Hurts fue a la inauguración del monumento.
6. La final en la que Alemania empezó perdiendo antes de tocar la pelota
La primera vez que la selección alemana, entonces Alemania Occidental, tocó la pelota en la final de 1974, ya iba perdiendo 0-1. El fútbol total de la selección neerlandesa tuvo su expresión máxima en el saque de inicio de aquella final: 16 toques sin que interviniese ningún jugador alemán y un penal cometido por Uli Hoennes sobre Johan Cruyff a los 53 segundos.
Johan Neeskens lo transformó a los 88 segundos, convirtiéndolo en el gol más rápido de la historia de los finales, que no le sirvió, sin embargo, para ganar el título. Paul Breitner, también de penal, igualó en el minuto 25 y en el 43 Gerd Müller logró el gol de la victoria.
7. Passarella, Baresi y Ronaldo fueron campeones del mundo sin jugar
La lista de jugadores que se proclamaron campeones del mundo sin haber disputado un minuto en la competencia es extensa y, sobre todo, poblada por arqueros, pero también incluye a ilustres figuras que no saltaron al campo más que para festejar el título, como el argentino Daniel Pasarella, el italiano Franco Baresi o el brasileño Ronaldo Nazario.
Passarella fue capitán del conjunto que conquistó la Copa del Mundo en 1978 y, ocho años después, fue convocado, con 33 años, por el técnico Carlos Bilardo para el Mundial de México '86, pero no disputó un solo minuto, mermado primero por una infección intestinal y después por un desgarro muscular.
Franco Baresi integró, con 22 años, la selección italiana que ganó el Mundial de España en 1982, pero Enzo Bearzot no lo utilizó. En 1994, tras una recuperación exprés de una rotura de menisco, fue el capitán de la selección italiana que perdió la final del Rose Bowl contra Brasil. Erró -como Baggio- su lanzamiento en la tanda de penales y no pudo festejar sobre el campo el título que había conquistado doce años antes.
Ronaldo también estuvo en ese Mundial, pero como un acompañante más de la selección de Carlos Alberto Parreira. Había marcado 59 goles en 57 partidos con la sub-17 y llegó a Estados Unidos con la edad con la que Pelé había asombrado al mundo en 1958. Pese a las críticas que sufrió Parreira para que diese minutos a la nueva joya brasileña, el técnico no recurrió a él, que conquistaría el título en 2002, como máximo goleador del torneo además.
8. El futbolista que olvidó que estaba disputando una final del Mundial
El caso del alemán Christoph Kramer es uno de los más singulares en la historia de los Mundiales. En la final de Brasil 2014, que disputó en Maracaná Alemania contra Argentina, fue titular en el último momento, porque Sami Khedira se lesionó en el calentamiento, pero realmente no jugó más que 16 minutos.
En ese minuto, tras un choque con Ezequiel Garay sufrió una conmoción cerebral que le hizo vagar por el campo. Durante un cuarto de hora, deambuló sin rumbo y llegó a preguntarle al árbitro italiano Nicola Rizzoli si estaban jugando la final.
No fue su única locura. Trató de quitarle el brazalete al capitán, Philipp Lahm, y confundió a Thomas Muller con Gerd Müller, el goleador de 1974. Fue sustituido a los 31 minutos por André Schürrle.
Kramer participó de los festejos, con la copa en la mano, pero después de ser llevado al hospital perdió la memoria de todo lo ocurrido. Fruto de la conmoción cerebral que sufrió no recuerda nada de la final.
9. Las curiosas "maldiciones" que persiguen a las finales mundialistas
Las finales, proclives a cábalas y maldiciones, tienen al menos tres que se han repetido durante casi un siglo:
- Ningún entrenador extranjero ha ganado el Mundial.
- Nunca lo ganó el Balón de Oro de ese año.
- Nunca lo ganó el que comenzó el torneo como número uno del ranking FIFA.
Esta última afectaría a la Selección argentina, que en su defensa opone otras dos menos populares: ningún entrenador mayor de 60 años ganó la Copa -Luis de la Fuente tiene 65- y nadie se proclamó campeón después de no encajar goles en la fase de grupos -España-.
10. Por qué casi nadie puede tocar la Copa del Mundo antes de la final
La tradición dicta, por una cuestión de superstición, que el trofeo que distingue al ganador no se toca antes de la final. Algunos jugadores, incluso, evitan mirarlo al saltar al terreno de juego.
Pero no es sólo por superchería, el protocolo de manejo y seguridad del trofeo original impide tocarlo con las manos descubiertas a todo el que no sea campeón del mundo, jefe de Estado o presidente de la FIFA.