La herencia de Carlos Bilardo: el movimiento de Lionel Scaloni para disputar otro Argentina-Inglaterra inolvidable
La previa de la semifinal entre Argentina e Inglaterra reabre un paralelismo entre Carlos Bilardo y Lionel Scaloni: dos entrenadores, dos épocas y una estrategia similar para afrontar el partido más cargado de historia.
Lionel Scaloni, ¿copia el modelo de Carlos Salvador Bilardo?
Imagen generada con inteligencia artificialCuarenta años después de la tarde que marcó para siempre la historia del fútbol argentino, la Selección argentina volverá a enfrentarse con Inglaterra en una semifinal del Mundial 2026. En la previa, el mensaje que baja el cuerpo técnico de Lionel Scaloni es claro: evitar el ruido externo, desactivar la carga emocional y repetir una idea que busca instalarse en el plantel. "Es solamente un partido de fútbol", dijo el entrenador tras vencer a Suiza en cuartos de final.
Lejos de ser una frase hecha, detrás de esa estrategia existe un concepto ampliamente estudiado por la psicología: el aislamiento cognitivo. En términos generales, consiste en limitar deliberadamente la exposición a determinados estímulos, discursos o información que puedan alterar la toma de decisiones o influir emocionalmente en una persona o en un grupo. En el deporte de alto rendimiento, esa práctica suele utilizarse para proteger la concentración y evitar que factores externos condicionen el desempeño.
La historia demuestra que no es una idea nueva. En el Mundial de México 1986, Carlos Bilardo también buscó encapsular a su equipo antes del duelo frente a Inglaterra. Sin embargo, años más tarde Diego Maradona reveló que, puertas adentro, el conflicto por la Guerra de Malvinas estaba muy presente y que el plantel vivía aquel encuentro como mucho más que un partido. Es decir, hacia afuera se intentaba construir un relato racional, mientras que internamente convivían emociones imposibles de ignorar.
"Esto es solo fútbol, la guerra fue otra cosa y los jugadores no tienen nada que ver", era el discurso oficial del entrenador nacional de aquella época, aunque, según testigos de aquella hazaña, donde Diego Maradona se inmortalizó con la Mano de Dios y el gol más lindo de la historia, el Narigón Bilardo rompió el protocolo y en la charla técnica en el vestuario disparó: "Piensen en Argentina. Transpiren sangre. Recuerden a los pibes (de Malvinas)".
La diferencia con la actualidad pasa por el contexto. En la era de las redes sociales, la sobreinformación y la exposición permanente, el desafío de Lionel Scaloni es aún mayor. El cuerpo técnico intenta reducir al mínimo el impacto de los debates mediáticos, las evocaciones históricas y las expectativas populares para que los futbolistas lleguen al partido enfocados exclusivamente en el aspecto deportivo.
Sin embargo, existe otro fenómeno psicológico que también atraviesa este tipo de enfrentamientos: el trauma transgeneracional. Se trata de la transmisión, entre generaciones, de experiencias traumáticas o de una fuerte carga simbólica que moldea la manera en que una sociedad interpreta determinados hechos. Para millones de argentinos, un Argentina-Inglaterra sigue despertando emociones vinculadas a Malvinas y aquel histórico choque de cuartos de final de 1986, incluso entre quienes nacieron muchos años después de aquellos acontecimientos.
En ese escenario, Lionel Messi ocupa un lugar singular. El capitán no vivió aquella guerra ni formó parte del equipo de Diego Maradona, pero inevitablemente carga con el peso simbólico de liderar a una selección que vuelve a enfrentar al mismo rival cuatro décadas después. La mochila no fue elegida, sino heredada por el lugar que ocupa en la historia del fútbol argentino.
Por eso, el aislamiento cognitivo aparece como una herramienta clave para Lionel Scaloni. No busca negar la historia ni desconocer la dimensión emocional del encuentro, sino impedir que esos factores interfieran en el rendimiento de un plantel que necesita competir con la mayor claridad mental posible. En un partido donde el pasado amenaza con colarse en cada jugada, el desafío del entrenador será lograr que sus futbolistas solo vean una pelota, un rival y 90 (o más) minutos de fútbol.