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El legado de la Scaloneta: la Selección que volvió a unir a un país a través del fútbol

Más allá de la derrota en la final ante España, Argentina dejó un legado de identidad, resiliencia y liderazgo que trasciende el resultado.


La nacionalidad no es un obsequio gratuito, exige la disciplina de afirmarse todos los días en las propias raíces. Por eso, tanta gente se aferra al bendito fútbol, capaz de integrarlos a un país de la forma más igualitaria posible. Somos un equipo fuerte en un país débil.

Solo un Mundial contagia esa magia, mezcla de orgullo y emociones, de hacer reír y llorar en una sola jugada a todo un pueblo. La Copa del Mundo esta hecha para vivirla así, a pleno, a pulmón abierto, con entrega total. Todos los argentinos detrás de lo que nos apasiona y nos une con la sencillez de lo puro y duradero. La Selección argentina llegó a esta competencia con el “hambre“ con que la vida impone el desafío de luchar por un espacio, obtenerlo, consolidarlo y después, lo más difícil, mantenerlo.

El cuerpo técnico de la Scaloneta

Cuando Lionel Scaloni asumió la conducción técnica de la Selección, las letras de cada critica que recibió parecían tomar vida para pegarle con crueldad. Así construyó su ciclo, entre lágrimas y sonrisas, gritos y silencios. Apoyado por Aimar, Ayala, Samuel, entre otros, todos hijos de una cultura futbolística y de vida. Supieron relacionarse con los jugadores en una forma discreta, sin disputarles el protagonismo, por lo que se hicieron queribles y creíbles. Seleccionaron futbolistas que no estaban en la cabeza de nadie, armaron una línea de juego que asombró por el brillo de su fútbol, que repercute por el mensaje de lo que dice y lo que hace. Identidad, algo que valoramos porque es un bien que hoy cuesta encontrar. Durante el torneo la base fue la misma de siempre, apoyarse en el genio ilustrado que juega con el peso del mundo sobre sus hombros, más la compañía de hombres con buen pie. Desde su rol tomó la decisiones que tenía que tomar sin guiarse por camisetas o sentimientos, sino apoyado sobre su sentido de justicia para obtener el mejor equipo posible. Este hombre sencillo ya está instalado en el olimpo de la gloria deportiva, sigue deslumbrado por su humildad y por seguir mirando el mundo, desde la mirilla simple de su Pujato querido.

La Selección argentina llegó a esta competencia con el “hambre“ con que la vida impone el desafío de luchar por un espacio.

El capitán

La sombra de Maradona es demasiado pesada como para llevarla prendida a la espalda en ese 10, solo aquel que esté destinado a la cima puede sostenerla con orgullo. Lionel Messi ya pagó una deuda de la que ahora es acreedor, el drama se fue diluyendo para que salga un sol tan pleno como el de la bandera Argentina. La excitante carrera del capitán argentino, con sus 39 años, contra los récords no se detiene, más allá de que el tiempo, lo demuestra la historia, será implacable y hará desaparecer alguna marca, nunca podrá borrar sin embargo, el colosal valor de sus hazañas. Messi es de esos jugadores que hacen época, que marcan el camino a seguir y que su ausencia se hará sentir. Es leyenda y como tal es imbatible.

El equipo y su camino a la final

Hacer un análisis sobre cada partido significaría caer en repeticiones inútiles, por lo que trataré de dejar conceptos que expongan los distintos momentos de la Selección argentina en la Copa del Mundo. La fase de grupos estuvo dentro de lo que se podía esperar, con jugadores que físicamente no llegaban al 100. Argelia, Austria y Jordania fueron triunfos apoyados sobre el aura de Messi, que es una permanente inyección de que va esto, para consumo de todos sus compañeros. Llegaba la etapa de los mano a mano y se esperaba que la inteligencia del equipo argentino encontrara nuevas variantes de desequilibrio para retomar su mejor imagen.

El primer mano a mano con Cabo Verde, cada vez que la selección nacional se puso en ventaja dejó jugar a un rival que estaba ligero de presiones, que ya estar ahí era todo ganancia. Resolvió el partido en la figura de Messi, de Lisandro Martínez, un jugador de una técnica extraordinaria para su puesto. Comenzó a hacerse fuerte en el juego aéreo con el Cuti Romero a la cabeza, y asomó nuevamente el Dibu Martínez sobre el final del partido. Egipto dejó huellas, minuto 76 y 0-2 abajo, entre las cenizas de la angustia surgieron los gritos de una victoria impulsada por esos latidos del corazón de campeón, que nunca descansa y siempre está dispuesto a alcanzar una hazaña. Sin el fútbol que conocen, primero Romero con un cabezazo encendió la mecha. El empate, uno de los goles más gritados, tuvo a Montiel como uno de los protagonistas, bajando una pelota difícil y asistiendo a Messi, que se lleno todo el pie de pelota poniendo los cinco sentidos en ese remate, iguales y listos para ganarlo con el 3 – 2 de Enzo Fernández.

Cuando Lionel Scaloni asumió la conducción técnica de la Selección, las letras de cada critica que recibió parecían tomar vida para pegarle con crueldad.

Hasta aquí había una deuda en el juego, entre los protagonistas y su público, una deuda que ambos querían saldar y pocos se hubieran atrevido a reclamar. Digo esto con dosis iguales de respeto y realismo. Cuartos de final frente a Suiza y el péndulo del corazón siguió oscilando entre el éxtasis y el drama, sin transición. Argentina no pudo cerrarlo en los 90 y fueron al suplementario, allí apareció toda la jerarquía de Julián Álvarez con un golazo y Lautaro Martínez cerro el marcador 3 a 1. La semifinal contra Inglaterra, en alguna medida trae una idea irracional de pretender cambiar el pasado, con un presente meritorio que castiga ese tiempo oscuro. Ante ese contexto aparece la necesidad de ser prudentes y todo el plantel nacional estuve a la altura en las declaraciones previas. Llegó el momento del Himno Nacional Argentino, y tanto el cuerpo técnico como los jugadores, dejaron claro como viven y traslucen la especial situación que los rodea.

El potrero fue desde siempre el emblema más reconocido de nuestra identidad futbolera y se vio claro desde el principio. La entrada de Gianluca Simeone, sangre de una tradición futbolística, ofreció su juventud con su despliegue, al servicio de los consagrados. Después del 0-0 del primer tiempo, Inglaterra encontró el gol en una salida rápida y ante un mal cierre de Molina, quien tuvo algunas dificultades en la marca durante todo el torneo. Frente a la derrota apareció el equipo, ratificando que los grandes jugadores aparecen cuando se los necesita, Paredes y Mac Allister, Álvarez demostrando ampliamente lo que un jugador puede dar en función de las necesidades del equipo.

Tanto los jugadores en cancha, como los cambios desde el banco, pintaron de celeste y blanco (en esta oportunidad de azul) la imagen del partido, faltando 5 minutos para el final, Enzo Fernández con un remate de gran precisión abrió el estallido del gol, que estará dentro de los más gritados de la historia. Se sentía en el juego que todo podía llegar, que la historia y el futuro estaban increíblemente al alcance de la mano, desborde de Messi, otro más, y Lautaro saltó a la gloria que lo estaba esperando de hace tiempo. Final del partido Argentina 2 Inglaterra 1, realidad y leyenda ya son la misma cosa.

Solo un Mundial contagia esa magia, mezcla de orgullo y emociones, de hacer reír y llorar en una sola jugada a todo un pueblo.

Final

El deporte esta en su mayoría diseñado para perder, porque siempre uno solo es el que gana y en esta oportunidad, la copa se presentó como una vieja amiga de nosotros y una nueva novia de España. Durante todo el partido la Selección española fue mejor, impuso su juego con circuitos de pase por todo el campo, quizás el déficit fue mostrarlo en el marcador. La Selección argentina, jugó de acuerdo a sus limitaciones, lejos de su brillo, hasta donde el físico lo permitió, con el corazón en la mano vendió cara la derrota.

Para el legado de este grupo no habrá ovación que los despida con justicia, porque la inmediatez de lo conseguido hace que no podamos dimensionarlo en su totalidad. Y así como no podemos relacionar nuestro pasado sin mencionar a Maradona, ni nuestro presente sin nombrar a Messi, como podremos imaginar nuestro futuro sin repetir la fórmula. Será el propio fútbol argentino, con sus futuras generaciones, el que tenga la respuesta.

* Gastón Costello. Periodista deportivo.

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