A pesar de las lágrimas de Colapinto en Monza, hay auto, hay equipo y hay piloto: a no desesperar
El resultado dejó sensaciones encontradas, pero también señales que invitan a mirar con optimismo lo que viene para el equipo francés.
Colapinto no pudo contener las lágrimas después de una carrera en la que recuperó terreno tras un costoso error.
F1Errar es humano, perdonar (se)… es necesario. También en la Fórmula 1, donde un error puede transformar en cuestión de segundos una carrera soñada en una jornada de frustración. Franco Colapinto lo comprobó en Monza, pero también mostró algo mucho más importante: la capacidad para recuperarse.
Las lágrimas del argentino después de la carrera reflejaron lo que dejó escapar. El tercer lugar que alcanzó después de superar a Max Verstappen en el relanzamiento, alimentó una ilusión enorme. Sin embargo, perdió el control de su Alpine, se fue a la leca y dañó el piso del A526.
No hay que minimizar el error. Colapinto deberá analizarlo, entender qué sucedió y trabajar para que no vuelva a ocurrir. Pero tampoco tiene sentido reducir todo su fin de semana a ese momento. Porque antes y después del despiste hubo señales que permiten mirar con otros ojos el presente de Alpine: el equipo dio un paso adelante.
Hay equipo, que no es poco
Pierre Gasly estrenó las mejoras en Zandvoort, pero Monza fue el primer fin de semana en el que ambos A526 contaron con el mismo paquete. Y los resultados aparecieron rápidamente. El francés consiguió una sorprendente pole position, mientras los Alpine mostraron una velocidad a una vuelta que incluso les permitió marcar referencias muy competitivas en distintos sectores del circuito.
Es cierto que el rendimiento de clasificación no se trasladó de manera idéntica a la carrera (como era de esperarse). Los dos autos fueron configurados con una puesta a punto orientada a conseguir velocidad en una vuelta, una decisión que podía tener un costo durante la competencia. Aun así, el comportamiento del A526 fue suficiente para confirmar que las actualizaciones no son solamente una promesa sobre el papel.
Gasly terminó séptimo y Colapinto noveno. En términos estrictamente deportivos, el argentino probablemente perdió la posibilidad de finalizar incluso mejor por el despiste, pero su remontada posterior fue otra señal positiva. Después de caer al 16° lugar y advertir daños en el piso, logró recuperar el control de la situación y empezó a marcar tiempos consistentes.
El error de Colapinto no puede borrar todo lo bueno
La recuperación de Colapinto fue especialmente valiosa porque no se limitó a sobrevivir hasta la bandera a cuadros. Volvió a atacar. Superó a Carlos Sainz, Esteban Ocon y Nico Hülkenberg, y luego protagonizó dos adelantamientos consecutivos sobre Oliver Bearman y Gabriel Bortoleto para entrar nuevamente en los puntos. Más tarde alcanzó a Yuki Tsunoda y lo superó para quedarse con el noveno puesto.
Colapinto no quedó atrapado en el error: tuvo unas vueltas complicadas, se serenó y recuperó un ritmo que, por momentos, fue incluso superior al de Gasly. La bronca por lo que había perdido no debería impedir reconocer la reacción que tuvo.
Y también hay que mirar al equipo. Con respeto, en donde solemos señalar cada error cuando las cosas salen mal, también corresponde reconocer cuando algo funciona. En Monza, las actualizaciones permitieron dar un paso adelante, los dos autos fueron competitivos y la clasificación confirmó que el equipo puede aspirar a algo más en el tramo final del campeonato.
Por eso, las lágrimas de Colapinto no deberían ser la imagen que defina el fin de semana. Sí, hubo una oportunidad que se escapó, pero también hubo una pole, dos autos en zona de puntos y una buena actuación de Colapinto, con remontada incluida. Hay auto, hay equipo y hay piloto. Ahora hace falta algo más difícil: paciencia para que todo eso empiece a encajar de manera sostenida.