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¿Sirve el bicarbonato de sodio en las plantas? La verdad detrás del consejo viral

Puede elevar el pH y ayudar en usos puntuales, pero el sodio se acumula en las macetas y una dosis excesiva afecta raíces y nutrientes.


En la alacena de casi cualquier casa hay un paquete de bicarbonato de sodio. Además de usarse en la cocina o la limpieza, desde hace tiempo también circula como un recurso casero para las plantas. La promesa resulta tentadora: mejorar la tierra y mantener algunos hongos bajo control.

De ahí nace la recomendación que se repite entre aficionados a la jardinería. El bicarbonato es alcalino y, en determinadas situaciones, puede reducir la acidez del sustrato. También aparece en preparados destinados a tratar problemas en las hojas. Pero no es un producto mágico ni funciona como fertilizante. Antes de incorporarlo a una maceta, conviene entender qué cambia y por qué una cantidad aparentemente pequeña puede causar daños.

Por qué algunos lo incorporan a la tierra

Cada planta se desarrolla mejor dentro de un rango de pH. Algunas prefieren una tierra ligeramente ácida; otras toleran condiciones más alcalinas. Cuando el sustrato tiene una acidez mayor a la necesaria, el bicarbonato puede elevar su pH. Ese es el motivo concreto por el que ciertos jardineros lo utilizan.

El cambio, sin embargo, no siempre juega a favor. Azaleas, camelias, gardenias y arándanos, por ejemplo, necesitan ambientes ácidos. Si la tierra se vuelve demasiado alcalina, sus raíces dejan de aprovechar correctamente minerales como el hierro. Poco después pueden aparecer hojas amarillas, nervaduras verdes y un crecimiento cada vez más lento.

El bicarbonato de sodio puede ser perjudicial para las plantas si no se utiliza adecuadamente.

Por eso, echar una cucharada sin conocer el estado de la maceta se parece bastante a corregir un problema que quizás no existe. Una medición con tiras o un kit de pH permite saber si realmente hace falta intervenir. Si el resultado es normal para esa especie, lo mejor es no tocar nada.

El uso más conocido no está en el sustrato

Buena parte de la popularidad del bicarbonato tiene otro origen: su empleo frente al oídio. Este hongo aparece como una capa blanca o grisácea sobre las hojas y suele avanzar cuando las plantas están muy juntas, reciben poca ventilación o permanecen en espacios húmedos.

En esos casos, algunos preparados caseros incluyen bicarbonato diluido en agua y se aplican sobre el follaje. La idea es crear una superficie menos favorable para el desarrollo del hongo. El tratamiento no consiste en volcar el producto sobre la tierra ni garantiza la recuperación de una planta muy afectada.

Además, una mezcla demasiado concentrada puede manchar o quemar las hojas. Tampoco todas las marcas blancas son oídio: el agua dura, el polvo y algunas plagas dejan rastros parecidos. Antes de rociar cualquier solución conviene revisar ambos lados de la hoja, retirar las partes dañadas y separar la planta del resto. Muchas veces, mejorar la circulación del aire ayuda más que sumar ingredientes.

El riesgo que suele quedar fuera del truco

El bicarbonato de sodio contiene, como su nombre indica, sodio. En un jardín amplio, la lluvia y los riegos pueden arrastrar parte de las sales hacia capas más profundas. Dentro de una maceta, en cambio, la acumulación ocurre con mayor facilidad, sobre todo cuando el recipiente tiene pocos agujeros o el sustrato drena mal.

Con el tiempo, esas sales dificultan la absorción de agua. La planta parece sedienta; aunque la tierra esté húmeda, las puntas de las hojas se secan y el crecimiento pierde fuerza. Agregar más agua sin revisar el drenaje puede empeorar el cuadro y favorecer la pudrición de las raíces.

Si se colocó bicarbonato por error, un riego abundante puede ayudar a arrastrar el exceso, siempre que el líquido salga con facilidad por la base. Cuando la tierra está compactada o huele mal, resulta más seguro reemplazar parte del sustrato. La clave es sencilla: el bicarbonato puede tener una utilidad puntual, pero no debería convertirse en un ingrediente habitual de todas las macetas. Cada planta pide algo distinto, y conocer esa diferencia sigue siendo el mejor truco de jardinería.