Plantas: cómo sembrar y cuidar la buganvilla
La buganvilla es una de las plantas más llamativas por sus colores vivos. La primavera es el mejor momento para plantarla, cuando las temperaturas son agradables y no extremas. Durante el verano resiste bien el calor, aunque necesita riego frecuente para evitar que se seque.
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Esta planta no suele causar alergias y se adapta con facilidad. Prefiere suelos secos con buen drenaje y un sustrato fértil. Además, tolera la salinidad, lo que la hace ideal para zonas costeras. El uso de abono orgánico ayuda a su desarrollo y floración, aportándole los nutrientes necesarios.
Las semillas deben sembrarse en hoyos de unos 2 cm de profundidad, con una separación de 3 cm entre ellas. Después de plantarlas, es importante regarlas inmediatamente para favorecer la germinación. Si se opta por esquejes, lo mejor es elegir brotes jóvenes con al menos cinco nudos y usar un enraizante natural.
El sol es fundamental para el crecimiento de la buganvilla. La falta de luz puede provocar la caída de las hojas y afectar su floración. Es recomendable ubicarla en un espacio donde reciba luz directa la mayor parte del día. Esto garantizará su desarrollo y la intensidad de sus colores.
Al provenir de Brasil y de zonas costeras, se adapta muy bien a climas templados y soporta temperaturas elevadas. Sin embargo, en regiones con inviernos fríos es preferible protegerla o trasladarla a un lugar resguardado. En maceta, es más fácil controlar su exposición al clima.
El riego varía según la ubicación de la planta. En verano, si está en maceta, necesita agua entre dos y tres veces por semana. Si está en el jardín, un riego semanal es suficiente. El exceso de agua puede afectar sus raíces, por lo que siempre es recomendable que el suelo tenga un drenaje adecuado.