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Ni semillas ni plantines: la técnica para renovar el jardín desde el 21 de septiembre

Con un tallo sano y cuidados básicos se pueden obtener nuevas plantas en casa: cómo hacer el corte, lograr raíces y evitar los errores más frecuentes al hacerlo.


Los días más largos y el aumento de las temperaturas vuelven a poner en el jardín o balcones y terrazas en el centro de la escena. En vísperas de la primavera, una técnica de propagación sencilla permite transformar partes de una planta adulta en ejemplares nuevos, sin recurrir a semillas ni realizar grandes gastos.

El procedimiento se conoce como reproducción por esquejes o gajos y consiste en separar un fragmento de una planta para que desarrolle sus propias raíces. El nuevo ejemplar conserva las características de la planta de origen. Sin embargo, el resultado depende de la especie, la época del año, el estado sanitario del tallo y las condiciones ambientales durante las primeras semanas.

Cómo cortar un gajo sin dañar la planta

El primer paso consiste en elegir un tallo sano, joven y libre de manchas, insectos o sectores deteriorados. El corte debe realizarse con una tijera limpia y afilada, preferentemente por debajo de un nudo, que es el punto del tallo desde donde nacen hojas o brotes. Esa estructura resulta indispensable en especies como el potus y la monstera, porque allí se concentra la capacidad de generar nuevas raíces y crecimiento. La Universidad de Minnesota advierte que una hoja sin nudo puede mantenerse verde durante un tiempo, pero no producirá una planta nueva.

Una vez realizado el corte, deben retirarse las hojas ubicadas en la parte inferior. El objetivo es impedir que queden enterradas o sumergidas, una situación que puede favorecer su descomposición. Conviene conservar algunas hojas en el extremo superior para que el esqueje continúe realizando fotosíntesis, aunque una cantidad excesiva puede aumentar la pérdida de agua antes de que aparezcan las raíces.

Agua o tierra: dónde conviene colocar el esqueje

Algunas plantas, como el potus, pueden comenzar a enraizar dentro de un recipiente con agua. En esos casos, solo debe quedar sumergida la parte inferior del tallo y el líquido necesita renovarse cuando se vuelve turbio. Otras especies responden mejor en un sustrato liviano, aireado y con buen drenaje. La tierra debe permanecer húmeda, pero nunca saturada, ya que la falta de oxígeno puede pudrir la base del gajo. Estudios publicados por el INTA señalan que la composición del sustrato influye directamente sobre la supervivencia y el desarrollo de raíces.

Durante esta etapa, el recipiente necesita luz abundante pero indirecta. El sol fuerte puede deshidratar el esqueje antes de que forme un sistema radicular capaz de absorber agua. Entre las especies que suelen adaptarse a esta técnica aparecen el potus, el geranio, el romero, la lavanda y la hortensia. En las aromáticas, se recomienda seleccionar brotes jóvenes y evitar tallos demasiado leñosos. El INTA también reconoce la multiplicación vegetativa como uno de los métodos utilizados para reproducir plantas aromáticas y medicinales.

Los errores que pueden arruinar un gajo

El exceso de riego, la exposición inmediata al sol directo y el uso de herramientas sucias figuran entre las fallas más habituales. También puede fracasar el intento si se elige un tallo enfermo, se corta una hoja sin nudo o se trasplanta el ejemplar antes de tiempo. No existe un plazo único para el enraizamiento: algunas plantas muestran raíces en pocas semanas y otras requieren varios meses.

El cambio a una maceta definitiva debería realizarse cuando las raíces sean firmes y estén suficientemente desarrolladas para sostener el crecimiento.