La siesta que no conviene ignorar, según investigadores de Estados Unidos
La siesta puede ayudar al descanso, pero ciertos patrones frecuentes y extensos podrían ser una señal de alerta en adultos mayores.
La siesta sigue asociada al descanso, aunque los investigadores piden mirar con atención su duración y frecuencia.
ShutterstockLa siesta suele aparecer como una pausa reparadora dentro del día. Para muchas personas, dormir un rato después del mediodía ayuda a recuperar energía, mejorar la atención y compensar algunas noches de mal descanso. Sin embargo, una nueva investigación plantea que, en adultos mayores, ciertos patrones de siesta podrían tener otro significado.
Investigadores de Estados Unidos analizaron cómo duermen durante el día los adultos mayores y encontraron una asociación entre las siestas frecuentes, prolongadas o realizadas por la mañana y un mayor riesgo de mortalidad. La clave, según los propios autores, no está en pensar que la siesta sea necesariamente la causa del problema, sino en observarla como una posible señal de que algo ocurre en la salud de la persona.
El trabajo utilizó información del Rush University Memory and Aging Project, una investigación iniciada en 1997 sobre capacidades cognitivas y neurodegeneración en personas mayores de 55 años. A partir de 2005, el proyecto incorporó monitores de muñeca para registrar actividad y descanso durante varios días, lo que permitió obtener datos objetivos sobre los hábitos de sueño diurno.
Ese punto es importante porque muchos estudios previos dependían de lo que las personas recordaban o declaraban sobre sus descansos. En este caso, los investigadores pudieron medir con más precisión la duración de cada siesta, la frecuencia, el momento del día en que ocurría y la regularidad del patrón a lo largo del tiempo.
Los resultados marcaron una relación llamativa. Cada hora extra de siesta diaria se asoció con un aumento aproximado del 13% en el riesgo de mortalidad durante el período de seguimiento. Además, cada siesta adicional por día se vinculó con un incremento cercano al 7% en ese mismo riesgo.
El horario también apareció como un dato relevante. Según los investigadores, quienes dormían siesta por la mañana presentaban un riesgo de mortalidad más alto que quienes descansaban durante las primeras horas de la tarde. De todos modos, los autores remarcaron que se trata de una correlación y no de una prueba de causa directa.
La explicación posible apunta a que una siesta excesiva puede estar reflejando problemas previos o en desarrollo. Entre las hipótesis mencionadas aparecen enfermedades crónicas, alteraciones del sueño, desajustes del ritmo circadiano o procesos de deterioro vinculados a la edad. En ese sentido, la siesta no sería el enemigo, sino una pista que podría ayudar a detectar cambios en la salud.
Por eso, la conclusión no es eliminar la siesta, sino observar cómo cambia con el tiempo. Un descanso breve y ocasional puede ser beneficioso o inofensivo, pero si en adultos mayores la siesta se vuelve cada vez más larga, más frecuente o aparece en horarios poco habituales, podría ser conveniente prestar atención y consultar con un profesional.



