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Google hizo un movimiento inesperado y "fichó" a un filósofo para su división de inteligencia artificial

Google incorporó al británico Henry Shevlin a DeepMind con un cargo creado especialmente para abordar conciencia artificial.


Google volvió a mover una pieza sensible dentro de su estrategia de inteligencia artificial, pero esta vez no eligió a un ingeniero ni a un programador. La empresa incorporó al filósofo inglés Henry Shevlin, profesor de la Universidad de Cambridge, para trabajar en DeepMind, su división enfocada en el desarrollo de IA.

La novedad fue comunicada por el propio Shevlin a través de su cuenta de X, donde explicó que asumirá un rol diseñado específicamente para su perfil. Según detalló, Google le encomendó una tarea centrada en cuestiones cada vez más discutidas dentro del sector tecnológico: la conciencia en las máquinas, la relación entre humanos e inteligencia artificial y la preparación frente al avance de la IA generativa.

No se trata de un movimiento menor. DeepMind funciona como el gran paraguas de Google para sus proyectos vinculados con inteligencia artificial. Dentro de esa estructura conviven desarrollos conocidos como Gemini, además de otros modelos y herramientas como Gemma, Lyria, Veo o Nano Banana, orientados a distintas funciones que van desde la producción de texto hasta audio e imágenes.

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El nuevo rol en Google fue creado especialmente para analizar el vínculo entre humanos e inteligencia artificial.

Shevlin comenzará su nueva función en mayo, aunque seguirá ligado a Cambridge, una de las instituciones académicas más reconocidas de Europa. Allí se desempeña como director asociado del Centro Leverhulme para el Futuro de la Inteligencia, un espacio dedicado justamente a estudiar el impacto de estas tecnologías y sus posibles consecuencias.

El perfil del académico ayuda a entender por qué Google decidió abrirle un puesto a medida. El filósofo se define como especialista en ciencia cognitiva y ética, con un interés sostenido en la inteligencia no humana, tanto artificial como animal. Entre los ejes que aparecen de forma recurrente en su trabajo menciona la conciencia, la creatividad, la inteligencia, la percepción, la memoria de corto alcance y también la medición psicológica del dolor y el sufrimiento.

La llegada de Shevlin se da en un contexto en el que las grandes tecnológicas aceleran la búsqueda de talento para reforzar sus equipos de IA. Al mismo tiempo, el desembarco de un filósofo en una estructura de este tipo expone que la discusión ya no pasa solo por la potencia de los modelos, sino también por las preguntas de fondo que abre su expansión.

En ese escenario, Google parece buscar algo más que capacidad técnica. La contratación de Shevlin sugiere que la compañía también quiere anticiparse a un debate que crece en todo el mundo: hasta dónde puede avanzar la inteligencia artificial, qué límites deberían existir y de qué manera se la integrará en la vida cotidiana mientras la regulación todavía corre desde atrás.