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El truco casero del agua oxigenada y la sal en el baño: para qué sirve

Conseguir un baño impecable es un desafío que este método casero de agua oxigenada y sal promete solucionar de forma económica y eficaz, reemplazando a los productos industriales.


Mantener el baño impecable es uno de los mayores desafíos del hogar. Aunque el mercado ofrece opciones industriales, un método casero basado en la combinación de agua oxigenada y sal está ganando terreno como un aliado para reforzar la limpieza.

Limpieza con agua oxigenada y sal

Las plataformas especializadas en salud y bienestar como Healthline, señalan que este truco se destaca por su eficacia y bajo costo, siempre y cuando se sigan ciertas pautas para potenciar sus propiedades.

El secreto radica en la química de sus componentes. El agua oxigenada, peróxido de hidrógeno, funciona como un potente oxidante que se descompone al tocar la suciedad. Este proceso genera una efervescencia que despega los residuos y ayuda a combatir las bacterias comunes del baño.

Por otro lado, la textura granulada de la sal aporta el factor mecánico, actuando como un exfoliante suave que remueve las manchas superficiales y el jabón adherido sin dañar los materiales.

Descubre el trucazo definitivo para limpiar cerámica con tan sólo agua oxigenada y detergente Foto: Shutterstock

Limpiar con agua oxigenada tiene buenos resultados. Foto: Shutterstock

Para poner en práctica este método en el suelo del baño, solo se necesita agua oxigenada al 3%, sal de mesa o marina, un cepillo de cerdas suaves o un cepillo de dientes en desuso, agua limpia y un paño seco.

Paso a paso

El primer paso consiste en despejar la superficie, barriendo o aspirando para eliminar cabellos y polvo. Luego, se vierte el agua oxigenada en un atomizador y se rocía generosamente sobre las líneas oscurecidas de los azulejos, para inmediatamente después espolvorear la sal en las zonas críticas.

Una vez aplicada la mezcla, es importante dejarla reposar entre diez y quince minutos para que el oxígeno actúe y ablande las incrustaciones. Pasado este tiempo, se frota con el cepillo insistiendo en las juntas.

Finalmente, se enjuaga el piso con abundante agua limpia y se pasa un paño seco; este último detalle es clave, ya que no solo evita las antiestéticas marcas de gotas, sino que previene resbalones peligrosos.