De qué trabaja el ingenioso hijo de Quico de El Chavo del 8
Carlos Villagrán saltó al estrellato de la mano de Roberto Gómez Bolaños en la exitosa tira televisiva El Chavo del 8. Allí, se puso en la piel de Quico, un niño engreído que reclamaba toda la atención de la famosa vecindad. Era hijo de Doña Florinda (Florinda Meza) y era huérfano de padre.
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Se lo caracterizaba por tener sus cachetes inflados y por lucir siempre muy prolijo. Se vestía con un traje de marinero como los que utilizaron los hijos de hombres adinerados hasta mediados del siglo XX. Su nombre completo era Federico Bardón de la Regueira.
Se jactaba de ser el "niño rico" de la vecindad y alardeaba todo lo que tenía. Si otro conseguía algo, él presumía de tenerlo o lo conseguía rápidamente para no quedar atrás. Así, con costosos juguetes opacaba al Chavo que fabricaba los suyos con chatarra.
Realizaba un gesto muy particular cada que se disponía a realizar alguna actividad física, como jugar al fútbol, béisbol o correr: se humedecía con saliva los lóbulos de las orejas y para ello, se chupaba el dedo índice y luego lo frotaba contra los lóbulos de sus orejas.
De un momento al otro, Villagrán fue despedido de la tira y el motivo fue la gran popularidad que su personaje alcanzó. Quico llegó a captar mayor atención que el mismísimo Chavo del 8 y por ello, Chespirito optó por hacerlo a un lado.
De su vida privada se conoce que el actor tiene siete hijos con tres mujeres diferentes. Uno de sus descendientes, Paulo Villagrán, al igual que él, se inclinó por el arte. El hombre es muy ingenioso y posee un gran talento. Es un ilustrador, diseñador gráfico, profesor y conferencista. Vive en Querétaro, México y ayuda a empresas internacionales de música y alimentos.

