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Científicos comprobaron que el ser humano puede adquirir una habilidad de los murciélagos

Científicos comprobaron que el ser humano puede entrenar la ecolocalización mediante chasquidos y provocar cambios en áreas visuales y auditivas del cerebro.

El cerebro humano puede aprender a interpretar los ecos producidos por chasquidos después de diez semanas de entrenamiento.

El cerebro humano puede aprender a interpretar los ecos producidos por chasquidos después de diez semanas de entrenamiento.

MDZ

El cerebro humano puede desarrollar en pocas semanas una capacidad comúnmente asociada con murciélagos y delfines. Una investigación comprobó que personas ciegas y con visión normal consiguieron aprender ecolocalización mediante chasquidos y, al hacerlo, modificaron la manera en que distintas áreas cerebrales procesaban los sonidos.

Los cambios aparecieron después de un programa de entrenamiento de diez semanas. Las imágenes obtenidas antes y después de las prácticas mostraron una mayor respuesta a los ecos en la corteza visual primaria, conocida como V1, tanto entre los participantes ciegos como entre quienes podían ver.

El resultado sorprende porque esa zona está relacionada principalmente con el procesamiento de imágenes. Sin embargo, después del entrenamiento comenzó a reaccionar ante información sonora, una señal de que el cerebro adulto conserva una capacidad de adaptación mayor de la que se creía.

¿Cómo funciona la ecolocalización en el ser humano?

La ecolocalización permite obtener información sobre el entorno a partir de un sonido y del eco que regresa después de rebotar contra una superficie. Los murciélagos utilizan este mecanismo para desplazarse, detectar obstáculos y localizar presas en la oscuridad.

La ecolocalización provocó cambios en áreas visuales y auditivas del cerebro humano, tanto en personas ciegas como con visión.

La ecolocalización provocó cambios en áreas visuales y auditivas del cerebro humano, tanto en personas ciegas como con visión.

En el caso humano, la técnica puede realizarse produciendo chasquidos con la boca. Al escuchar cómo vuelve el sonido, una persona entrenada puede reconocer la presencia, la posición e incluso algunas características de los objetos cercanos.

También existen personas ciegas que aprovechan los golpes de un bastón u otros sonidos del ambiente para orientarse. La práctica no reemplaza necesariamente otras herramientas de movilidad, pero puede aportar información adicional sobre paredes, puertas, postes o espacios abiertos.

Para estudiar esta habilidad, investigadores de la Universidad de Durham trabajaron con 26 adultos: 12 personas ciegas y 14 con visión normal. Sus edades iban de los 21 a los 79 años y ninguno tenía experiencia previa con la ecolocalización basada en chasquidos.

Los participantes completaron 20 sesiones distribuidas durante diez semanas. En cada encuentro debían distinguir el tamaño y la orientación de diferentes objetos, recorrer espacios virtuales y desplazarse durante media hora por ambientes reales utilizando los ecos producidos con la boca.

Al finalizar el programa, ambos grupos habían mejorado de manera considerable. En algunas pruebas, incluso consiguieron resultados similares a los de personas expertas que llevaban años utilizando esta técnica.

Adaptación cerebral en el ser humano

El equipo analizó dos regiones principales: la corteza visual primaria y la corteza auditiva primaria. Tras el entrenamiento, la primera mostró una mayor sensibilidad a los ecos, mientras que la segunda presentó cambios en su respuesta general a los sonidos.

También se encontraron modificaciones estructurales. Entre los participantes ciegos aumentó la densidad de materia gris en una parte de la corteza auditiva derecha, mientras que en las personas con visión normal aparecieron cambios en regiones cercanas vinculadas con el procesamiento acústico.

Para los investigadores, estos resultados muestran que las áreas sensoriales no trabajan de una manera completamente rígida. Una región normalmente relacionada con la visión puede comenzar a colaborar con información auditiva cuando el cerebro humano aprende una habilidad nueva.

La similitud entre los resultados obtenidos por personas ciegas y con visión también indica que esta adaptación no depende exclusivamente de haber pasado largos periodos sin utilizar uno de los sentidos. El cerebro adulto de una persona con visión normal también puede reorganizar parte de su funcionamiento después de unas pocas semanas de práctica.

El aprendizaje podría tener especial importancia para personas con pérdida de visión. En un seguimiento realizado tres meses después del entrenamiento, todos los participantes ciegos afirmaron haber mejorado su movilidad, mientras que el 83% señaló avances en su independencia y bienestar.

Los científicos aclararon que los cambios estructurales no fueron exactamente iguales en ambos grupos. Aun así, el estudio aporta nuevas pruebas sobre la neuroplasticidad y demuestra que el cerebro humano puede aprender a combinar sus sentidos de formas que hasta hace poco parecían reservadas para otras especies.

Para leer el estudio hacé click acá.